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Por la Espiral - May 9, 2007

Medicamentos de doble filo

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Medicamentos de doble filo
-FDA vs. Elidel de Novartis
-Una industria redituable

    Se hace negocio de la vida, de la muerte, de la salud o de la enfermedad. Vivir en un mundo donde más que personas parecemos billetes convierte, a casi todo, en una forma de lucro.  Curarse lo es.
    Para mantenernos sanos existe un tipo de marketing y de industria específica. Para las enfermedades, los medicamentos descansan en cinco pilares transnacionales: Pfizer, GlaxoSmith Kline, Sanofi-Aventis, Novartis y Lilly.
    Estas grandes empresas mueven todo el negocio de los medicamentos a nivel mundial, la mayoría son firmas europeas, que no han dejado de recibir reproches de parte de asociaciones de consumidores, ni de organizaciones no gubernamentales en la parte concerniente con las investigaciones al HIV-SIDA y lo costosísimo de los medicamentos para cualquier persona infectada. Son tratamientos de lujo.
    La investigación química en la medicina avanza en la medida  que la humanidad enfrenta nuevos virus, bacterias y tantos gérmenes patógenos, tenemos toda una caja de Pandora en enfermedades, y no hemos reparado en analizar las que surgirán derivadas del recrudecimiento del cambio climático y del alza de las temperaturas.
    La industria farmacéutica tiene abonados permanentes a millones de personas, muchos enfermos de estrés laboral, angustia, depresión y a otros tantos que, al menos en lo personal,  no había reparado en detectar: la masa de los alérgicos.
    ¿Ya lo notó usted, amigo lector? De un tiempo a la fecha, a las personas con asma, se añade un  amplio espectro de gente de sexo femenino y masculino, de todas las edades, pacientes permanentes por tener  una alergia.
    Hace dos meses, cuando mi hijo  de seis años estuvo internado en el hospital, y después de varios doctores, resultó con un diagnóstico de  dermatitis atópica producida por una combinación de factores. Entre otras cosas, lo llevé  a un centro de alergología para realizarle pruebas cutáneas a fin de detectar a los alérgenos.
    Después de atestiguar la gran movilidad de pacientes en un centro especializado y de preguntar a las personas más cercanas de mi entorno (en el lugar donde habito,  el trabajo, los restaurantes de costumbre) si padecen algún tipo de alergia, me di cuenta que los anormales somos los que no tenemos ninguna clase de alergia.
    Así es, resultó que casi el 80% de las personas a las que pregunté -de manera informal-, padecen una dermatitis atópica; tienen alergias a los ácaros, huevo, leche,  fresa,  a un largo etcétera. Y por supuesto todos al polen que los pone de cabeza en esta temporada.
    He sentido pena además por saber que son esclavos de las citas médicas, por lo menos una revisión cada mes, con  vacunas, y recetas médicas con  frascos de jarabe y pomadas, para  el picor. Los antihistamínicos son la base.
    Para estos abonados permanentes de la industria farmacéutica no hay seguro médico eficaz; la seguridad social a veces no tiene la cobertura ni las suficientes plazas para satisfacer la creciente demanda por alergólogos y especialistas. Además, los tratamientos no son nada económicos.
A COLACIÓN
    A la par del costo de los medicamentos (a la larga hay que hacer números de cuánto se gasta al año en marearse la alergia) está el otro riesgo: los daños colaterales en la salud por tomar tantos medicamentos y salir del consultorio para beberse el frasco del medicamento “porque sino no funciona el tratamiento”.
    Soy demasiado suspicaz por pensar en el galeno haciendo negocio de la salud. No todos funcionan igual, lo sé.  
A mi hijo,  para su dermatitis, le recetaron: Zasten 1, Atarax jarabe y Elidel 1% crema.     Como madre precavida busqué en Internet la composición de los medicamentos y sus efectos colaterales, para mi sorpresa, la crema de Elidel  1%, elaborada por Novartis, con un precio cercano a los 400 pesos, tiene un mensaje de advertencia de la Food and Drug Administration (FDA), del día 19 de enero del año pasado, destacando que la crema de Elidel (pimecrolimus) recetada para pacientes con dermatitis atópica, después de años de estudio,  puede provocar cáncer en la piel o linfomas.
    Este organismo estadounidense advierte  que los resultados fueron difundidos en su oportunidad a Novartis, la farmacéutica suiza asentada en Basilea,  sin embargo, Novartis no retiró el producto del mercado, ante lo cual quedaba informar al paciente, hacer que éste resolviera usarlo o no, sólo durante periodos muy cortos y en escasa cantidad, advirtiendo de su nocividad en usos de largo caso.
    Un par de meses después, algunas agencias no estadounidenses, emitieron sendos comunicados al respecto del Elidel. La Agencia Europea de Medicamentos (EMEA) seguida por la Agencia Española de Medicamentos  y Productos Sanitarios (AEMPS) destacaron la revisión realizada por el Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) acerca de la seguridad del   pimecrolimus (Elidel /Rizan) y tacrolimus (Protopic).
    Las conclusiones finales del CHMP son las siguientes: “El balance beneficio/riesgo de estos productos se mantiene favorable, aunque deben ser utilizados con gran precaución al objeto de reducir en lo posible el riesgo potencial de cáncer de piel y linfomas”.
    “Sobre la base de los datos actualmente disponibles, el CHMP no puede concluir en que medida el uso de Elidel/Rizan o Protopic puede asociarse a los casos notificados de cáncer de piel y linfoma. El CHMP ha solicitado a las compañías titulares de la autorización de estos productos la obtención de mayor información relativa a la seguridad a largo plazo”.
     “El CHMP ha recomendado introducir cambios en la ficha técnica y el prospecto con el fin de informar a médicos y pacientes sobre los potenciales riesgos a largo plazo asociados con el uso de estos productos.”
    Eso fue en 2006,  por una controversia surgida desde hace más de dos años, en un asunto tan delicado en un medicamento con incidencias colaterales ante un grupo de enfermos por alergias y dermatitis atópica que es bastante grande y se multiplica.
    El CHMP asumió la responsabilidad de realizar sus propios estudios para contrastarlos con los de la FDA. Por su parte, la EMEA aseguró que se informaría al paciente de la peligrosidad del Elidel con folletos y previo conocimiento desde el consultorio.
En lo personal, a mí el doctor jamás me dio ningún folleto, ni me informó de esta cuestión tan delicada con el Elidel, lo supe por mi curiosidad y prevención natural. Mi temor es cuántos pacientes, sobre todo niños, están siendo tratados con el Elidel y ni su madre, ni su padre lo saben. Y el doctor omite  prevenirlos. Qué expuestos estamos.

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