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Por la Espiral - May 4, 2007

PIB: se va haciendo costumbre

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-PIB: se va haciendo costumbre
-A la baja construcción
-Aminoran manufacturas

 Desde mi óptica, no es ninguna sorpresa que el PIB, la expectativa de crecimiento para México en este 2007, sea revisada a la baja por la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
 Hace mucho que falla el criterio de política económica anual basado en una plataforma de crecimiento estimada y esperada, propiamente a partir de 1994 en que, año con año, el ciclo de la economía mexicana fue despetrolizándose y ligándose al ciclo de crecimiento de la economía estadounidense, el principal componente de impacto en México.
 Hecho sintomático: los especialistas que elaboran las proyecciones macroeconómicas en el país siguen dándole un lugar preponderante al petróleo y sus fluctuaciones internacionales cuando éste guarda un mínimo impacto en el crecimiento económico interno, no así en la situación de las finanzas públicas. Vaya paradoja: tenemos una economía despetrolizada pero unas finanzas petrolizadas.
 Apuntar que el comportamiento del petróleo en el mercado internacional es una variable de trascendencia  en la economía mexicana es contribuir a precisamente lo que tanto nos afecta, no ser precisos en las proyecciones del PIB.
 El impacto del petróleo en la economía mexicana no es directo sucede mediante las finanzas públicas, el hecho de que suba o baje el insumo energético en el contexto internacional, afecta a la situación de las finanzas y del presupuesto. Al esperarse menor captación de recursos, divisas e ingresos fiscales vía petróleo lo que se hace es recortar el presupuesto, entonces es como se induce al crecimiento a un menor ritmo.
 Lo que pretendo argumentar es que el modelo de expectativas de crecimiento para el  país debe consistir en el análisis del desempeño de las variables macroeconómicas de Estados Unidos. La economía estadounidense significa el detonante de gran parte de la industria manufacturera en México por la vía de la maquila y fundamentalmente de la industria automotriz.
 El crecimiento de México descansa en la vinculación al ciclo estadounidense, no en el petróleo, por ello han salido mal, erróneas las esperanzas de crecimiento, por tanto de generación de empleo anual.
 Hace tiempo que venimos señalando la necesidad de cortar, de una vez por todas, el cordón umbilical al petróleo y enfocarnos en las variables que pueden coadyuvar al proceso de maduración del país.
 Y es que si entran petrodivisas  éstas van a parar a la Hacienda Pública, básicamente a completar la insuficiencia de recursos, a pagar deuda y gasto corriente. Dicho caudal de petrodólares no entra al torrente circulatorio del ciclo económico, dado que, al no convertirse en infraestructura, ni en gasto de inversión, quedan estériles para  detonar a la economía con  beneficios de valor agregado,  producción industrial y empleo.
 ¿En qué se han equivocado los  econometristas asesores del gobierno? En seguir considerando que así como las finanzas, la economía está petrolizada. Repito, las finanzas sí padecen los altibajos petroleros, la economía no.
 El dilema fundamental es el TLCAN o NAFTA, nos ha hecho hermanos menores del gigante americano: él estornuda  y nosotros nos seguimos agripando.
 Mientras que no logremos diversificarnos, México seguirá padeciendo la vinculación al ciclo estadounidense. Resulta ilógico, absurdo e irrisorio tener tantos acuerdos comerciales firmados con docenas de países y venderles de manera ínfima.
 Me parece que el ciclo estadounidense nos está llevando a una trampa de decisiones precipitadas, en vez de bien pensadas, esto es: o nos acercamos más al gigante, ya de manera simbiótica en otra fase mayormente profunda de integración, con sus costos y beneficios, pero trabajando de forma conjunta para alargar el ciclo de auge; o seguimos en el efecto inercial de este ping pong; o bien, trabajamos con ahínco para aprovechar los otros mercados y diversificar los riesgos.
 Insisto: el problema del crecimiento de México es que tenemos al alcance varias cestas, pero hemos puesto todos los huevos sólo en una. Enfrentamos riesgos concentrados.
 Cuando Estados Unidos afloja el paso de su crecimiento, entonces la industria maquiladora de exportación en México asentada en el Norte del país  sufre las menores ventas hacia el otro lado, deja de maquilar al ritmo acostumbrado y de manufacturar una serie de bienes. Al contrario del petróleo, la industria automotriz tiene un gran peso específico en la economía mexicana y dicha industria está vinculada con Estados Unidos.
 Igualmente la industria de la construcción es otra de neuralgia en el país y su actividad genera derramas para múltiples sectores, subsectores y microsectores.  A diferencia de la automotriz, ésta responde a los planes internos del gobierno y la iniciativa privada.
A COLACIÓN
 Una nueva cabeza al frente del gobierno, no obstante, la misma historia: otra vez un mal inicio, con el pie izquierdo, porque el crecimiento pronosticado debe reajustarse a la baja. Ya es costumbre.
 El presidente Felipe Calderón reconoce el menor ritmo. Agustín Carstens, titular de Hacienda, lamenta que solamente podrán concretarse 650 mil empleos, si bien nos va.
 La maldición del ciclo nos persigue. Las pugnas entre Hacienda y sus prioridades versus el Banco de México y las suyas son evidentes. Unos funcionarios a otros se  culpan. Hacienda esperaba para el 2007 un PIB del 3.6%, hace días anunciaron el reajuste al 3.3 por ciento. Banco de México lo hizo también cifrando  un PIB al cierre del año de entre el 3% y el 3.5 por ciento.
 Hacienda dice que parte de la culpa es del Banco de México por volver a restringir la política monetaria, subir las tasas de interés para asegurarse la meta de inflación. Banco de México señala en contra que la desaceleración de Estados Unidos está impactando más rápidamente. Es un auténtico disparate entre la política fiscal y la política monetaria, los dos brazos vitales para el funcionamiento de una economía.
 ¿Qué podemos hacer? El presidente Calderón tiene que convocar a los dos más altos ejecutivos de estos dos brazos fundamentales y sentarse con ellos, al mismo tiempo, a darles sus claras indicaciones de lo que pretende lograr en materia de crecimiento, empleo y bienestar. No podemos repetir el sexenio foxista, es un daño pretender orbitar inercialmente, como satélite alrededor de Estados Unidos. Ya es tiempo de tener un Plan B sin tanta dependencia hacia el vecino americano, sin tanta obsesión inflacionaria, con una revolucionaria reforma fiscal y despetrolizando las finanzas.
 

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