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Por la Espiral - May 3, 2007

Ambiente laboral, condiciona

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Ambiente laboral, condiciona
-Empleado altamente efectivo
-Inteligencia emocional, plus

 

 Se pasa más tiempo en el lugar de trabajo que con la familia. Con suerte el trabajador puede tener en promedio una jornada diaria de ocho horas, la mayoría es de 10 a 12 horas diarias. Eso hace del ambiente laboral un espacio imprescindible, un  hábitat que puede servir de impulso o empantanamiento.
 Durante mucho tiempo el llamado clima laboral estuvo salpicado de lo que desde Oriente llegó a Occidente, como nueva filosofía para aumentar la competitividad del trabajador, contribuir a crear condiciones anti estrés en la  oficina y fomentar el uso de espacios de convivencia con los compañeros.
 La década de los ochenta en México las empresas estudiaron diversas tácticas para facilitar un mejor clima laboral con el afán de hacer que el trabajador se sintiera parte de la empresa; se pensó en ello para reducir los llamados tiempos muertos, los gastos administrativos, las enormes cuentas telefónicas, la mala utilización de los recursos materiales a disposición del trabajador; incluso para reducir la siniestralidad.
 Está comprobado que el entorno interno en una oficina contribuye a que el empleado esté más dispuesto en ánimo a pasar tantas horas en un mismo espacio, en compañía de tantas otras personas con sus propios problemas, pero al fin y al cabo, convertidos en una inmensa familia laboral.
 El ambiente laboral es detectable en los índices de productividad de los empleados, el optimismo se refleja en la capacidad de producir, de hecho hay competencia, se busca mejorar y la mayoría de los empleados están motivados para  buscar la superación personal. No hay campo para el conformismo.
 ¿Cómo debe fomentarse un sano ambiente laboral? A continuación abordamos algunos aspectos imprescindibles.
1) No debe confundirse la competencia con la envidia. Competir permite a cada uno sacar lo mejor de uno mismo,  sea para buscar una promoción, un aumento de sueldo o algún tipo de apoyo interno como una beca o asistir a una conferencia en el extranjero. Cuando la competencia es un valor entendido, las partes aceptan sin recelo, ni consecuencias posteriores, que su compañero demostró mejores aptitudes.
2) El fomento del compañerismo es un valor vital para que, bajo la armonía, puedan lograrse metas internas de rendimiento. La confrontación permanente, la envidia, el uso de la negatividad, son externalidades que tarde o temprano terminan contaminando hasta el espíritu más positivo y crean cinturones de mediocridad, conformismo, bajo rendimiento laboral. Finalmente son resultados malos para la empresa.
3) La empatía permite crear afinidades e identificar posibles grupos de trabajo. La peor es no tomarse el tiempo para identificar personalidades, decidir a la ligera la formación de grupos de trabajo que son tan heterogéneos que pocas veces pueden culminar las tareas encomendadas.  Elegir al azar a dos o más personas de personalidad fuerte, dominante o incluso conflictiva resultará una catástrofe.
4) Contar con espacios de convivencia para fomentar la empatía. Es importante que al interior de las empresas se tomen en cuenta fechas de cumpleaños de los empleados y del aniversario de la fundación de la empresa; al mismo tiempo, crear talleres de superación personal, reactualización profesional y centros de estrés laboral. Contar al menos, con media hora, dos veces por semana, con un taller liderado por un psicólogo laboral para que los empleados puedan desahogarse en grupo.
5) Armonizar para conciliar. El enfrentamiento constante ente los miembros de un equipo o los compañeros de un departamento crea divisiones nocivas y síntomas de rechazo. Muchas veces es necesario que el jefe inmediato contribuya a la conciliación y reconciliación mediante el  diálogo entre las partes. Una buena charla fuera de las cuatro paredes de la oficina, en un lugar agradable, puede propiciar la modificación de percepciones equivocadas.
6) Detectar la creatividad y la inteligencia emocional. Ser diferente permite hacer la diferencia. No siempre el empleado que no acata los horarios, ni toma las órdenes a la primera, sin antes atreverse a dar su punto de vista para enriquecerlas, es un indisciplinado. Hoy en día los grandes consorcios valoran la inteligencia emocional, no basta con tener el mejor resumen curricular, ni todos los honores, la creatividad permite innovar; proponer permite pulir las ideas; y manifestar la disconformidad justificándola es una actitud que no debe perderse.
7)  A cada quién según sus capacidades. Detectar talentos no es un asunto sencillo.  Los errores más comunes tienen que ver con elegir a alguien que está subcualificado para un puesto sobrecualificado. El temor a ser descubiertos, el no poder, se convierte en una pesadilla. Ojo, muchos jefes narcisistas, irritables a la crítica, incapaces de dialogar con los compañeros de oficina, ni siquiera de escuchar propuestas, son personas subcualificadas para su puesto. Tienen un grave temor de ser descubiertos y por ello optan por encerrarse en un narcisismo que no conduce a nada bueno -en el tiempo-, al equipo que lidera en determinado departamento. El narcisista no esconde mediocridad, porque no lo es, encierra a una persona insegura.
Caso contrario sucede cuando se elige a una persona sobrecualificada para un puesto subcualificado. Aquí el trabajador demostrará una rápida curva de aprendizaje, dominará el puesto; a los 6 meses estará distrayéndose a otra área buscando proponer algo que le dé más proyección y si no es bien valorado, al año, estará totalmente aburrido, desgastado, mal aprovechado y prácticamente al borde de la renuncia.
8) Que nadie se sienta robado ni engañado. El trabajador que llega con una serie de expectativas laborales, profesionales y salariales a una empresa porque la persona que lo contrató le pintó un panorama boyante, podrá sentirse defraudado a penas corroborar que, año con año, no recibe ninguna compensación salarial y ni siquiera una revisión alcista en su ingreso. Este desencanto se traduce en el ámbito laboral de dos formas: una en la que el trabajador acepta de forma conformista que no recibirá las promesas iniciales y entonces reduce su nivel de trabajo, aumenta los espacios muertos y las ausencias. Su actitud es la de “bueno me quedo pero a mí manera”; y dos, el trabajador que decide desde, la plataforma en que se encuentra, buscar migrar a otra empresa.
Construir un ambiente laboral sano, digno, optimista y con el menor estrés posible sueña a paraíso terrenal. Si contamos las horas a la semana, al mes y al año que pasamos en el lugar de trabajo querremos entonces lograrlo.

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