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Libros - April 28, 2007

“Todas las fiestas de mañana”, primera novela de Miguel Cane

Con la publicación de esta
 novela, Cane se perfila
como un escritor prometedor
 en la literatura mexicana
 Foto: Azteca21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 28 de abril de 2007. Las fiestas son el espacio en el que pasa todo lo que importa de veras en la primera novela de Miguel Cane, en la que el joven escritor muestra parte de las emociones, los motivos y las preocupaciones de un joven gay mexicano llamado Luciano Reed, quien busca y finalmente encuentra el amor o, más bien, el hombre que lo representa para él: Alejandro Almanza.

Luciano es el personaje principal de “Todas las fiestas de mañana” (Ediciones B, México, 2007), pero también es el espejo en el que se reflejan todos los demás –sus padres Laura y Juan Luis Reed, su hermana Alma, su amiga Estefanía, sus amigos Magdalena, Gabriel, Xavier, sus deleznables amigos Isabelle y Alejandro…–. Esto adquiere relevancia porque es una novela creada a partir de los pensamientos, recuerdos, sentimientos y actos de Luciano en relación con los otros, es decir, podría calificarse como endogénica. Y el protagonista, como demiurgo exorcizado.

En “Todas las fiestas de mañana”, Cane narra las vicisitudes de Luciano, periodista cinematográfico, que conoce a Alejandro en una fiesta. De hecho, las acciones culminantes de la novela transcurren en una fiesta –cuando se enamora de Alejandro– o después de ésta, como el contratiempo que sirve de catalizador a la historia o como cuando decide, al final, buscar a aquél para saber “qué pasará” con su amor.

A partir de sesiones –¿o una larguísima?– con una psicoanalista, Luciano va recordando sucesos de su infancia, de su familia, de sus amigos, el regreso de la fiesta en el campo donde les sucedió un percance a Estefanía, Isabelle, Alejandro y a él que cambió sus vidas. Tras la revelación de la verdad de los hechos, que Luciano se negaba a “ver”, se aclara todo para el lector y también para este personaje, quien acude al encuentro de Alejandro. En un final anticlimático, el autor deja entrever que el unirá a estos personajes.

La novela llama la atención por el manejo del suspenso –a partir de un recurso nada novedoso, pero efectivo, que es el de ir revelando partes de un secreto o respondiendo preguntas planteadas expresamente–, por la capacidad del autor de describir ambientes y atmósferas –los de una clase media mexicana que se codea con la alta–, por la búsqueda de un lenguaje y tono propios –actual, no rebuscado, alejado de clichés o dándoles frescura…– y por la elección de una estructura –la introducción, las tres partes y los apartados– acorde con el tono y la intensidad de las emociones de los personajes. Miguel Cane transita por sendas conocidas, pero también propone, se arriesga.

Quizá la mayor virtud de “Todas las fiestas de mañana” sea la creación de un universo cerrado, íntimo: todo transcurre de la piel hacia adentro de los personajes; el exterior es accesorio. Con la publicación de esta novela, Cane se perfila como un escritor prometedor en la literatura mexicana. Habrá que esperar a ver si se decide, emulando a Luciano Reed, a emprender proyectos narrativos más ambiciosos y logrados. Recursos tiene, pero no sé si la suficiente imaginación para trascender la influencia de lo inmediato.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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