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Espectáculos - April 18, 2007

La historia anónima de una eterna y fiel enamorada de Pedro Infante

Blanquita asegura que Pedro
Infante siempre fue su amor
platónico, siempre lo querra y
lo seguirá queriendo
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 15 de abril de 2007. Desde temprano anduvo deambulando por la tumba, por el escenario, por los camerinos improvisados, por los alrededores del lugar donde se realizaban los festejos por el 50 aniversario de la muerte de Pedro Infante. Vestida de azul, una indescriptible aureola la rodeaba, su rostro no lograba desterrar la tristeza, la nostalgia, el amor que siente por el ídolo mexicano, del que se enamoró siendo una adolescente en su natal Puebla.

“Me llamo Blanca Calderón y no soy del Club de Admiradoras. Yo siempre he venido a ver a Pedro Infante, soy de Puebla y vengo para acá sólo por ver a mi ídolo. Llegué desde el viernes para estar aquí hoy, varias personas me conocen, saben que tengo más de cuarenta años de venir, cada año vengo porque es mi artista favorito, siempre me han gustado sus películas, sus canciones, su persona, su personalidad, su bondad, cómo era, bondadoso, bueno, generoso…

“Yo me enamoré de él, tenía como diez años cuando me empezaron a gustar sus películas. Lo conocí en El Toreo de Puebla y también lo fui a ver al cine Reforma. Recuerdo que esa vez dijo que estaba filmando la película ‘El mil amores’. Le digo a usted que siempre me han gustado sus canciones, sigo viendo sus películas, no dejo de verlas, como si fuera la primera vez que las veo, que lo veo a él… Conocí a sus hermanos Pepe y Ángel, a Esther Luquín, cuando fueron a Puebla… Pepe Infante fue mi novio, pero, por azar del destino, como era casado, yo no quise hacerme ilusiones, pero siempre me quiso y yo lo quise…

“Pero más yo venía por Pedro Infante, porque siempre fue mi amor platónico, siempre lo quise y lo sigo queriendo, y mientras Dios me dé vida, siempre vendré. Yo creo que hasta con bastón, porque no hay de otra, porque se enferma uno o no sé qué, pero primero Dios aquí estaré. Siempre vengo a estarme sentada tres o cuatro horas, sentada ahí, en la tumba, como admiradora de hueso colorado, aunque la señora que está al cuidado de la tumba siempre se está peleando conmigo, me dice que me vaya, que qué hago ahí, que le estoy robando cámara, siempre pelea conmigo, y no pelea conmigo nada más, con todas las personas que llegan ahí, y a mí eso no me gusta, con todos pelea, hasta con sus hijos, se cree la dueña del panteón…

“Ya le digo, Pedro Infante es mi actor favorito de toda la vida y siempre seré su eterna enamorada, y vendré cada año, sin fallar, pues sólo una o dos veces no he venido en más cuarenta años”, dice mientras se aleja ensimismada, segura de tener a su lado al hombre que sembró, en su mente y en su corazón, como en el de millones de personas más, un amor imperecedero.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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