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Por la Espiral - April 13, 2007

IED: dos polos

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia
-IED: dos polos
-Atractivos para una empresa
-El costo de oportunidad

 La Inversión Extranjera Directa  (IED) persigue una serie de atractivos que busca encontrar más allá de las fronteras naturales del lugar de origen, con la finalidad primordial de que el inversor pueda maximizar sus ganancias y al mismo tiempo diversificar las oportunidades y los riesgos.
 Para que la IED agracie a un determinado país es porque el empresariado con poder de decisión en el Consejo de Administración evaluó el costo de oportunidad de ingresar a otro país, de expandirse a un mercado con determinadas características y condiciones.
 No es un proceso fácil, ni para el inversor, ni para el país receptor. Y se  complica cuando los países menos desarrollados se abaratan como mecanismo de atraer los flujos de capital.
Hay mucho en juego de uno y otro lado. Hay mucho de manipulación de por medio en la medida en que la IED  se erige como oxígeno para economías que no pueden seguirse endeudando más y que, ante la falta de recursos,  optan por el adelgazamiento del sector público, la privatización y la desincorporación de activos públicos. Muchos inversionistas compran barato, aprovechan igualmente el bajo costo de la mano de obra para buscar en los diferenciales salariales y en las altas tasas de interés locales, dos vías para aumentar las ganancias. Los beneficios pasan a las casas matrices.
Un estudio interesante, casi para tema de tesis, es analizar una muestra de 3 o 5 empresas transnacionales, su comportamiento en determinado lapso de tiempo en un país receptor,  darle seguimiento a las ganancias obtenidas anualmente, la ruta marcada y cuánto pasa a reinversión de capital fijo.  Igualmente establecer algún parámetro para corroborar que la IED tiene ese poder mágico que el capitalismo enarbola en un cúmulo de ventajas en donde el “dejar hacer, dejar pasar” se impone como la práctica acertada que todo  gobierno debe aplicar para favorecer a la inversión.
A COLACIÓN
 La globalización está concentrándonos en un embudo donde hacer la diferencia será más difícil, no se trata únicamente de competir con productos sino de competir con mercados, los de China y la India fundamentalmente aunque México tampoco puede ignorar la competencia que Polonia provoca para captar los capitales.  Es una suma de todo: del clima de negocios, el costo de la mano de obra, los diferenciales de las tasas de interés, las exenciones  fiscales, el reparto de utilidades y la regulación ambiental.
 En América Latina, México y Brasil, son dos polos interesantes para la IED, no obstante, el comportamiento de los flujos es errático y parece sueño lejano esperar que los flujos destinados para comprar activos ocuparán un lugar estelar en el balance de las cuentas externas, y es que básicamente el tipo de IED recibida en la región es de la que quiere todas las ventajas: aprovechar privatizaciones, quiebras, empresas rescatadas, hacerse de áreas neurálgicas sea de telefonía, banca, agua, luz, limpieza; otras expresiones de la IED son las que provocan economías de enclave, las que instalan empresas extranjeras en zonas naturales por el  turismo o en lugares industriales fronterizos donde maquilar y contaminar suceden sin  ningún problema. Pocas son las empresas multinacionales y transnacionales que deciden por las ventajas naturales, competitivas, comparativas y adicionales del entorno de negocios del país crear un extensión de residencia para una de sus subsidiarias pretendiendo conquistar un nuevo mercado o un nicho de éste.
 La etapa que la región ha recorrido en el capítulo de la IED desde los ochenta, hasta mediados de los noventa, es la misma que en la actualidad circunda a las economías de los países de Europa del Este, de la llamada “cortina de hierro”.
 Estas economías  de países de Europa Central y Oriental (PECOS) todavía en pañales en algunos temas del capitalismo de mercado están  urgidas de capital y ven en la IED una compuerta para modernizarse, avanzar en procesos de industrialización, desarrollar el sector terciario y competir para no quedarse rezagados.
 Así es que los PECOS implican una competencia para la atracción de capitales, por el momento con la incursión en la Unión Europea de Eslovaquia  Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia y República Checa, más Bulgaria y Rumania, el abanico de “caza-oportunidades” irónicamente está mejor aprovechado por los inversionistas estadounidenses que  por los propios inversionistas de la UE de la parte más industrializada.  Salvo algunos casos,  los empresarios alemanes, por ejemplo, están aprovechando la falta de industrialización de Hungría y República Checa en electrónicos, minero- metalurgia, casi todas las ramas de la transformación y manufactura necesitadas de maquinaria moderna y equipo de vanguardia.
 En 1991, Volkswagen, la automotriz germana, adquirió el 30% de las acciones de Skoda; para el año 2000  disponía del 100% de la participación de la empresa automotriz checa que por décadas fabricó coches  pequeñitos tipo Renault muy clásicos de los entonces países comunistas del Este.
 No obstante, el flujo de la inversión directa proveniente de  la UE a los PECOS, es meticulosa, casi a  cuentagotas, algo que podría modificarse conforme avance el acelerador de la inclusión de los PECOS a la unión mediante el cumplimiento de una serie de políticas económicas favorable a la apertura.
 Por el momento la presencia más fuerte de la IED en Hungría y en la República Checa es palpable en el sector servicios, las cadenas de comida rápida con el sello transnacional que tanto identifica a Estados Unidos, pueblan las calles y avenidas más importantes de Budapest y Praga. El capitalismo americano está presente con el McDonalds, Pizza Hut, Kentucky Fried Chicken, Subway, DHL; en tanto que en bellos edificios históricos  (otrora dejados en ruinas por el comunismo) fueron comprados a precios de ganga por cadenas como Four Season´s, Hilton y el  Best Western.
SERPIENTES Y ESCALERAS
 Hacer la diferencia para atraer a la IED es todo un desafío, máxime con tantos otros peleando por lo mismo, Polonia muy de cerca de México, en un tet-a-tet que igual, en diez años más, podremos apreciar cuál de los dos países, sus respectivos gobiernos, supieron llevar a cabo las maniobras necesarias para ubicar y consolidar el despegue económico. Recuérdese el caso de España y México en 1970 o 1980. La década de los noventa marcó la delantera para la economía española, en tanto que la mexicana quedó atrapada en el pasado.
 ¿Dentro de diez años, cuál de los países, Polonia o México, estará mejor?.

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