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Arte y Cultura - March 30, 2007

INAH recordará costumbres de Semana Santa del siglo XVIII, en recorrido llamado “Vista de Sociedad”

La 'Casa de los Condes de Miravalle',
misma que será visitada durante
la procesión que iniciará en la actual
 calle de Madero, camino hacia la
Catedral Metropolitana
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 30 de Marzo del 2007.- La historiadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia, María Eugenia Martínez, contará los pormenores de las emperifolladas mujeres que con sus mejores ropas y joyas, tomadas del brazo de su esposo, participaban en las procesiones que, de la actual calle de Madero, partían a la Catedral Metropolitana.

Turismo Cultural del INAH ofrecerá el próximo 5 de abril, Jueves Santo, un recorrido llamado Vista de Sociedad donde la gente se compenetrará en las historias de familia y costumbres de Semana Santa de la alta sociedad en el siglo XVIII.

Crinolinas y fondos de breves talles, diseños con polisón, aditamento con varillas que daban volumen en la parte trasera del ropaje, elaborados con encajes, sedas, chifones y algodones, era parte de la vestimenta sólo para “gente rica”.

Para admirar y conocer de la impresionante y bella arquitectura del siglo XVIII, el paseo incluye visita a las casas de los hombres más acaudalados de la época:

La de los Condes del Valle de Orizaba, la del Marqués de Jaral de Berrio, la casa de Don José de la Borda, la del Marqués de Prado Alegre y la de los Condes de Miravalle, así como la edificación del Casino Español.

Martínez contará interesantes historias, anécdotas y leyendas de la alta sociedad en esa época, entre los que destacan los Altares de Dolores.

Bajo el recogimiento, la gente no salía a pasear y solamente asistía a los oficios de la iglesia, incluso, en sus vistosas residencias localizadas en el Centro Histórico de la Ciudad de México, ponían colgaduras de color morado como parte del altar.

Así, para el siglo XVII, y hasta mediados del XIX, era práctica común de las familias católicas que el sexto viernes de Cuaresma levantaran altares en sus casas -pobres o ricas-, para conmemorar los dolores de la virgen.

No obstante que la festividad rememoraba sucesos tristes, la historiadora explicó que también era ocasión para reunir a familiares y amigos que acudían a admirar el altar y a degustar los platillos preparados ex profeso, acompañados con música sacra.

El alma de la fiesta era el sermón, en cuyo transcurso se rememoraban los siete dolores de la virgen, como preparación para la Semana Santa, tiempo en el que se dice “vivió las mayores penas causadas por la crucifixión de su hijo”.

Recordó que el Centro Histórico es la parte más antigua de la Ciudad de México y también es la que contiene algunos de los tesoros arquitectónicos y culturales más apreciados del país.

Calles que invitan a viajar al pasado y recordar sus tiempos de esplendor, épocas en que las carrozas tiradas por caballos llevaban en su interior a virreyes y altos funcionarios, mientras comerciantes, frailes y religiosas, artesanos y otros personajes, se abrían paso entre las famosas y bellas vías de la “Ciudad de los Palacios”.

En la Casa de los Condes del Valle de Orizaba, hoy Casa de los Azulejos, se vio almorzando a los soldados de Emiliano Zapata y Francisco Villa.

En 1925 José Clemente Orozco pintó en el muro de fondo de la escalera el mural Omnisciencia. El edificio tiene una historia larga e interesante: Dos casas en un principio, cuentan que fue refugio de partidarios de Hernán Cortés.

Su primer dueño fue Hernando de Avila. En 1550 es comprada por Damián Martínez al precio de cinco mil pesos de oro de mina. Antigua residencia de los condes de Valle de Orizaba es, en palabras de Octavio Paz, Nobel de Literatura, testimonio de la victoria de la pasión sobre el llamado buen gusto, cuando en el siglo XVIII es revestido completamente su exterior con mosaicos polícromos.

La visita continúa a la Casa del Marqués de Jaral de Berrio, hoy Palacio de Iturbide, en donde vivió la marquesa de Moncada y Villafonte al obsequiársela su padre, el conde de San Mateo de Valparaíso, en 1785.

Agustín de Iturbide tomó prestado el inmueble de donde salió, tanto para coronarse como emperador, como para desterrarse del país. El paseo continúa en la Casa de Don José de la Borda, minero y uno de los hombres más ricos de la Nueva España durante el siglo XVIII

Poseedor de sus reales en Taxco y en Real del Monte, este famoso personaje decidió adquirir una manzana completa para construir su casa en la Ciudad de México.

En la Casa del Marques de Prado Alegre una piedra prehispánica embellece uno de los ángulos de este lugar que fue habitado por el marqués del mismo nombre.

La visita guiada que ofrece Turismo Cultural INAH por las residencias de arquitectura del siglo XVIII concluye en la Casa de los Condes de Miravalle y, para rematar, pasarán por el Casino Español, edificación de principios del siglo pasado.

(Notimex)

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