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Por la Espiral - March 28, 2007

Medio siglo del Tratado de Roma

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Medio siglo del Tratado de Roma
-Grandes logros por celebrar
-Desafíos de cara al futuro

 El Tratado de Roma es la historia misma de la Unión Europea (UE) se trata de la piedra angular para levantar una realidad que provoca admiración.
 Primeramente ubiquemos la odisea: en los tiempos de la posguerra, de una Europa herida, devastada por la Segunda Guerra Mundial, millones de muertos por la conflagración y los ánimos todavía en carne viva entre nacionales de uno y otro lado; los albores de la Guerra Fría con Estados Unidos repartiendo su poder económico, monetario, político y militar en la nueva lucha contra el comunismo soviético.
 Tiempos difíciles. Había que reconstruir a Europa y Estados Unidos volcó en hacerlo con  un interés acreedor favorable para las empresas estadounidenses, principalmente.
 No obstante, ante el Plan Marshall, nació una propuesta a todas luces sorprendente (desde América apostaron al fracaso en el corto plazo a partir de las viejas heridas)  que  con el tiempo  avanzó en credibilidad, un artífice para contrarrestar el poder estadounidense en Europa y que luego sumaría de poco en poco hasta extenderse a  27 países.
 Los miembros de la UE, celebraron el pasado 25 de marzo, la firma en 1957, en Roma, de dos tratados que dieron existencia a la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la Comunidad de la Energía Atómica (EURATOM). Los firmantes del histórico acuerdo fueron: Christian Pineau por Francia, Joseph Luns por los Países Bajos, Paul Henri Spaak por Bélgica, Joseph Bech por Luxemburgo, Antonio Segni por Italia y Konrad Adenauer por la República Federal de Alemania.
 La ratificación del Tratado de Roma por los Parlamentos de los seis países tuvo lugar en los meses siguientes y entró en vigor el primero de enero de 1958.
En una fase inicial, las articulaciones tendieron primordialmente  a limar las asperezas entre los países miembros, y coordinarse para establecer una unión aduanal libre de aranceles.
De esta forma, el derrotero establecido por unos cuantos, logró lo que los árabes con el intento del Panarabismo no pudieron concretar en aquellos años coyunturales, quizá porque faltó prospectiva y les ganó el divisionismo. Como cuando en los primeros años de la década de los ochenta, los latinoamericanos recibieron un llamado a unificarse en bloque declarando una moratoria y no respondieron, como tampoco fueron capaces de sentarse a dialogar a favor de unirse en un bloque de intereses comunes.
Lo que árabes, asiáticos, africanos o latinoamericanos no han logrado hacer, lo comenzó la locomotora europea hace cincuenta años con todo y sus antagonismos históricos, las guerras y conquistas. El esfuerzo fue en pro de superar las viejas heridas para mirar hacia el futuro.  Se llama visión.
A COLACIÓN
 Con 27 países miembros la UE abarca a 500 millones de personas por las que velar. Al 2005, el PIB por habitante en la UE, fue de  23 mil 400 euros.
 En todos los países miembros más del 60% del PIB es generado  por el sector servicios con actividades como la banca, turismo, transporte y seguros.
 Asimismo, aunque la UE cuenta con el 7% de la población mundial, participa con una quinta parte de las importaciones y exportaciones globales; es un activo componente mundial con lazos comerciales relevantes con China, todavía nimios con América Latina a pesar de las posiciones de inversión extranjera en más de  media docena de países donde multinacionales y transnacionales del sector financiero, energético y de servicios realizan buenos negocios favorables para sus casas matrices en Europa.
 En la parte monetaria, trece países de la UE conforman una unión monetaria que comprende a 315 millones de personas usando todos los días al euro, la moneda común, en sus operaciones cotidianas. La extensión de una frontera monetaria que elimina la incertidumbre cambiaria, facilita el lenguaje  financiero-comercial y contable de las empresas europeas y permite que la movilidad de los negocios suceda al igual que la del tránsito de las personas que con una misma moneda pueden pagar en España, lo mismo que en Francia o Bélgica.
GALIMATÍAS
 Con cincuenta años encima la Unión Europea sigue siendo un proceso de integración inacabado, un modelo muy interesante para analizarlo desde afuera o desde adentro.
 Su ejemplo ha permitido medio siglo de paz entre los europeos, ese es el mayor alivio y el mejor triunfo que hay que celebrar.  Y aunque quedan grandes pendientes por resolver, la discusión permanente de los representantes de los países miembros en el pleno del Parlamento Europeo y de la Comisión, es algo envidiable para cuantos creemos que el camino del diálogo permite pasar del disenso, al consenso,  moviendo la maquinaria del cambio.
 Es cierto que desde el 11 de septiembre del 2001, la agenda mundial y la que tenían entre líneas cada uno de los países en sus propias órbitas de acción multilateral, regional o binacional quedó parada, y así como el acuerdo migratorio de México y Estados Unidos pasó un tercero o cuarto plano, lo mismo aconteció al interior de la UE con temas como la movilidad del factor trabajo, la unión política, la estrategia migratoria. Igualmente quedaron empantanados por las nuevas premisas geoestratégicas: seguridad, terrorismo y respuesta militar.
 Me parece que los tiempos no fueron oportunos para llevar a cabo una votación a favor de establecer la Constitución Europea con la meta de darle una categoría política a la unión y definir si se forma un Estado federado o confederado de cara al exterior.
 El no de Francia y Holanda, de sus ciudadanos, mediante un plebiscito, a la Constitución Europea significó un parón, más no un fracaso.
 Con la oportunidad de las celebraciones recientes, el encuentro de los jefes máximos de los países de la UE, bajo la tutela de Angela Merkel, canciller de Alemania, sucedió un nuevo pacto para  volver a convocar a un referéndum pro constitucional a partir del 2009. Una nueva oportunidad para seguir cimentando el futuro.
 La unión refuerza su vocación para seguir trabajando de forma comunitaria, lo hace refrendando el sentido de paz, ubicando al ser humano en el centro de las prioridades; a la democracia, el Estado de Derecho, trabajando por la igualdad y la participación.
 En el tintero subyace el tema del cristianismo en la Constitución, las controversias con Turquía, la necedad de insistir en la prohibición del velo, sobre todo cuando la migración es un caldo de cultivo para una transformación inminente en una sociedad europea que casi no tiene hijos y con una población que después del 2030 será escasa. ¿Integrar o asimilar?  Estos son igualmente temas de humanismo.

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