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Cine - March 26, 2007

“Malos hábitos”, de Simón Bross, un drama familiar relacionado con la alimentación

Simón Bross ha dejado
 de momento su exitoso
trabajo publicitario y se
 ha aventurado a la
dirección de un
largometraje
Foto: Cortesía FICG

Por Javier Pérez
Reportero Azteca 21

Guadalajara, Jalisco. 26 de marzo de 2007. Se autocalifica como el director joven más viejo de México, y es que, a sus 47 años, ha dejado de momento su exitoso trabajo publicitario a un lado y se ha aventurado a la dirección de un largometraje que participa en la sección competitiva de ficción mexicana en la edición 22 del Festival de Cine en Guadalajara.

La idea de realizar “Malos hábitos” (México, 2005) surgió en Simón Bross cuando le fue diagnosticado cáncer hace seis años, cuenta el propio director al presentar su filme ante la prensa. “No sabía si sobreviviría, pero me pregunté qué hubiera hecho con más tiempo.”

Y aunque la historia que en ese momento le acercó Ernesto Anaya no coincidía precisamente con su situación, sí lo llevó a temas fundamentales de los que necesitaba hablar, los cuales se gestaron a partir de un relato sobre desórdenes alimenticios que involucra a una familia.

“La primera semilla de la historia tiene que ver con que fui con un nutriólogo, que resultó un nazi, pues me sometió a un régimen espantoso. Me di cuenta de que me cambiaba la vida: te cambia el humor, el carácter, tu relación laboral. Todo esto se prestaba para efectuar un corte transversal”, asegura el guionista de la cinta, Ernesto Anaya.

En ella, Elena (Elena de Haro) es una madre de familia que quiere a toda costa que su pequeña hija (Elisa Vicedo) adelgace a tiempo para celebrar su primera comunión. Mientras, su esposo reencuentra el amor en una chica regordeta dejando a su hija a la deriva. Por otra parte, la monja Matilde (Ximena Ayala) se somete a un ayuno místico que  prueba su fe.

Para reflejar los desórdenes alimenticios fielmente en pantalla, las actrices involucradas se sometieron a un proceso de dieta sin ningún tipo de asesoría profesional.

“Entendí que lo importante de hacer este proceso solas es que realmente vivimos el personaje, a pesar de que aún causa estragos; no creo que vuelva a tener la misma piel nunca. Esto me dio la oportunidad de reflejar que la mirada de una mujer con anorexia es desoladora”, explica De Haro.

El drama familiar se mezcla con aspectos misteriosos, como aquel de la lluvia intensa relacionado directamente con el personaje de la monja. “Simón quería que lloviera todo el tiempo, así que me encargué de darle un peso dramático a todo esto”, cuenta Anaya. Y Bross complementa: “Dejamos de hacer todas nuestras actividades para dedicarnos a escribir a diario la película”.

Comentarios a esta nota: javier.perez@azteca21.com

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