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Por la Espiral - February 20, 2007

Tecnocracia pierde la realidad

POR LA ESPIRAL
   Claudia Luna Palencia

-Tecnocracia pierde la realidad
-Conceptualización y tendencias
-Europa y Estados Unidos, focos

 

 Celorio Jiménez escribe desde Atlanta, Georgia, él es mexicano y tiene 10 años viviendo en Estados Unidos, trabaja de camarero en un restaurante tex mex, su esposa Evangelinda lo alcanzó de forma ilegal en Atlanta hace siete años junto con  Antonio “tony” y Patricio “patrick”.
 Jiménez escribe a esta columna motivado por la reciente encuesta del Banco de México porque altera la realidad, “la esconde”; del empleo en México señala: “Allá persiste el trabajo temporal, todo el tiempo vivimos bajo la incertidumbre de cuánto nos durará trabajar en el campo, ser albañiles o jardineros; trabajar en la construcción es duro, muchas veces estábamos subcontratados con un sueldo semanal a lo mucho de  70 dólares si eres albañil, porque  baja si eres ayudante”.
 Como él bien explica, ningún empleo puede llamarse empleo cuando con tal nivel de salario no hay más que para comer tortillas y frijoles.
 En la actualidad Celorio  afirma que 70 dólares son el mínimo que acumula de la propina diaria, en un salario semanal base de 280 dólares, con una jornada laboral perfectamente delimitada que le permite tiempo para estudiar inglés por las mañanas.
 A su entender, ni él, ni su familia, regresarían a México sino les ofrecieran un salario de  2 mil 200 dólares mensuales (para él y su esposa), y aunque reconoce que el nivel de vida es más caro en Estados Unidos “a pesar de ello mi esposa y yo tenemos capacidad de ahorro”, hace cuatro años, explica él “compramos una camioneta Windstar 1999”, nuestros hijos asisten a la high school y ambos quieren ser abogados. “Mi esposa trabaja por las tardes en un súper mercado y en las mañanas  estudia moda y confección”.
 De forma muy cierta Celorio indica que los tecnócratas de las oficinas oficiales deberían acercarse al campo sobre todo a preguntarle a la gente por qué se van a Estados Unidos el padre, el marido, el hermano, el primo y más recientemente el lado femenino.
 Quiero decirle a Celorio que es muy difícil  sacar al tecnócrata de su asiento, de su escritorio, de tal suerte pedirle palpar de cerca la realidad, nutrirse de la experiencia para adquirir una nueva conceptualización del  fenómeno migratorio.
 De hecho sostengo como erróneo que se le intente dar el mismo tratamiento al migrante de Michoacán, que al de Guanajuato o Coahuila.  Tendríamos que delimitar microcampos de acción en cada entidad para irnos a los municipios a conocer e identificar las corrientes de entrada y salida generadas en derredor del tema migración.
 Y es que son outputs pero también son inputs.  Bajo el signo de la globalización, la migración provoca una serie de cambios, buenos y malos, de impacto positivo y negativo.  Y ese influjo también altera el escenario natural, es decir, inicia con un movimiento humano (emigrante) y se cierra con una pinza monetaria (las remesas).
Lo que me parece interesante es la capacidad de respuesta de los Estados occidentales para con la migración. Esta ola globalizada cambió la tendencia de la migración. En el siglo XIX los europeos emigraron a América aprovechando las nuevas necesidades de los  recién creados  Estados independientes.  En el siglo XX, con la primera y segunda guerra mundial, América fue recipendiaria de un buen cúmulo de europeos.
México, durante el mandato del general Lázaro Cárdenas del Río, extendió los brazos generosos para recibir a miles de exiliados republicanos,  de españoles perseguidos durante la Guerra Civil española. Sin ese abrazo desinteresado, personajes como Julián Palencia González, mi abuelo, difícilmente hubieran sobrevivido a la dictadura franquista. Y gente como él murieron amando a México y al mismo tiempo añorando regresar a su patria liberada del dictador  Franco.
El punto es que hoy en día, el cambio de tendencia de las corrientes migratorias son muy reveladoras y sintomáticas: América Latina pasó de receptáculo, a foco expulsor  de la mano de obra y de su talante humano.
Actualmente, Estados Unidos y Europa son dos imanes para los latinoamericanos (estoy omitiendo las corrientes de África y Asia), en tanto en Estados Unidos los mexicanos forman una de las minorías poblacionales más importantes y sus remesas significan la base de la economía de millones  de familias pobres, a tal grado de convertirse en la segunda fuente de riqueza para el país después del petróleo; a Europa occidental le sucede lo mismo que a Estados Unidos.
Por zonas de destino los inmigrantes en Europa envían las remesas a los siguientes puntos: el 54.9% al Mediterráneo; el 34.1% a Latinoamérica;  el 11% a Europa del Este y el 0.1% al Caribe.
De acuerdo con la Comisión Europea, los principales emisores europeos  en 2004 fueron: España con tres mil 258.3 millones de euros; Alemania con 2 mil 038.0 millones de euros; Francia con mil 398 millones de euros;  Italia con  781.7 millones de euros; Holanda con 451.5 millones de euros;  Portugal con  405.2 millones de euros; Grecia con 240.9 millones de euros; Bélgica con 226.9 millones de euros; Irlanda con 90.2 millones de euros; Eslovenia con 56.4 millones de euros, Chipre con 30.1 millones de euros; Hungría con 5.5 millones de euros; Polonia con 2.8 millones de euros; y Lituania con 1.2 millones de euros.
Detrás de cada euro y de cada dólar, en constante y sonante, está la manutención de las familias más necesitadas gracias al  auxilio o el subsidio a un país: en Bolivia, las transferencias que proceden desde España son el 5.8% del PIB y en Ecuador el 4 por ciento. En México, las remesas desde Estados Unidos implican el 2.5% del PIB.
A COLACIÓN
La Fundación BBVA Bancomer auspició la semana pasada la conferencia “Migración y Desarrollo”,  un ciclo en el que se ventilaron una diversidad de opiniones con palabras recurrentes como “empleo”; “estímulos para que la gente permanezca en el país”; “activar el campo mexicano”; entre otras más.
Más que un verdadero marco de proposición, el foro quedó frustrado por la misma retórica de antaño, olvidando que el mundo cambió y que a muchos mexicanos les interesa romper la brecha de la miseria aunque sea viviendo en otro país.
Lo que fue evidente es que el BBVA Bancomer aprovechó la ocasión para difundir que  destinará  al menos el 0.7% de sus utilidades anuales a proyectos de acción social en los 10 países latinoamericanos en los que tiene presencia.  Parece una acción muy loable, empero,  se traduce a nada.
Beneficia más si el BBVA hace lo mismo que el  Santander: eliminar las comisiones para el envío de las remesas de los inmigrantes.
Además, recordemos que una buena parte de lo que hacen las fundaciones queda exento del pago de impuestos así es que suena a mucho ruido y pocas nueces.

 

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