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Por la Espiral - February 19, 2007

Banco de México y migración

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Banco de México y migración
-¿De qué calidad de empleo?
-Indagaciones en el aire

 

 La encuesta del Banco de México “las remesas familiares en México. Inversión de los recursos de migrantes”, fue destacada de forma errónea al  señalarse que los mexicanos emigrantes tenían trabajo en su lugar de origen, dándose a interpretar una forma de desmitificación del enlace “irse a Estados Unidos porque hay  desempleo en México”.
 A mi juicio, el  material documentado por un instituto con tal prestigio de investigación nacional e internacional, más que aportar luces ciertas al camino de la migración intentando analizar la posición del emigrante-inmigrante, lo que hace es crear una confusión y proporcionar argumentos para los constructores de las políticas públicas de corte neoliberal, al poner a  su alcance silogismos distorsionados: “En México hay empleo. Los mexicanos tienen empleo. Éstos emigran por distintas razones”.
 El contacto con la realidad es alterado por sondeos dispersos, trasladados a estadísticas sesgadas. Más adelante será cada vez más frecuente escuchar en los  discursos oficiales repeticiones de  frases escalofriantes como la de Juan Carlos Romero Hicks, quien siendo gobernador de Guanajuato, subrayó que la emigración en México no sucede por el desempleo, siendo más bien un fenómeno cultural. Incluso destacó en varias ocasiones: “Los jóvenes crecen con la expectativa de demostrar el valor de la vida, por eso se van de mojados”. También Vicente Fox en sus discursos presidenciales puntualizó  la misma línea en el tema migratorio.
 Por esa razón, siguiendo como estamos, encadenados a una política de corte externo, donde se privilegia a la empresa más que al individuo y en la que las tendencias vuelcan a reducir los poderes y capacidades de los Estados, si en este sexenio se insiste en justificar la emigración como “un fenómeno cultural” y se afirma que no “hay problemas de desempleo”, que “la gente que emigra tiene empleo en México pero lo abandona”, entonces estamos dirigiéndonos a un abismo de mentiras para maquillar la baja acción e intensidad de las políticas económicas en un sector público que no puede ensancharse más y en una iniciativa privada meticulosamente cuidadosa de la reducción de costos, donde la contratación laboral es lo que menos importa.
 Asimismo leo: “Tres de cada cuatro encuestados indicaron que ya tenían familiares laborando en Estados Unidos al arribar a ese país y casi la totalidad de ese subgrupo señaló que inicialmente llegaron a vivir con ellos. Por otro lado, el 59% de los entrevistados respondió que cuando tomó la decisión de irse a Estados Unidos estaba trabajando en México”.
No obstante me saltan las dudas, que siguiendo el repaso de la encuesta, quedan sin respuesta: ¿de qué tipo de empleo estamos hablando? ¿Qué calidad de empleo? ¿Fijo o temporal? ¿Cuántas horas al día? ¿A la semana? ¿Prestaciones de la ley? ¿Nivel de sueldos, salarios y remuneraciones?.
En la encuesta existe una omisión al respecto de establecer un parámetro promedio del ingreso de las personas que emigran. Los intervalos. Si la respuesta es afirmativa en cuanto a que tienen empleo en México, la siguiente pregunta es qué tipo de empleo y cuánto es el salario mensual.
No encontramos una interpretación correcta del fenómeno, partiendo desde analizar el por qué una persona toma la decisión de salir de su lugar de origen, abandona el entorno, sus raíces, la familia, los amigos y parte hacia otro país distinto con un idioma que no domina.
Además si una persona trabaja tres horas diarias, el punto es saber si le es suficiente para romper con el círculo de la pobreza del entorno,  satisfacer sus necesidades y la de su familia. Por ende, seguimos hablando de un problema de empleo no satisfecho por la baja recuperación monetaria vía el ingreso.
Más adelante, la encuesta señala el nivel de escolaridad de las personas que emigran: sin instrucción un 5%; primaria incompleta 12.1%; primaria completa 24.5%; secundaria incompleta 7.8%; secundaria completa 25.8%; preparatoria incompleta 3.8%; preparatoria completa 13.5 por ciento. Son escasos los universitarios y con niveles de postgrado.
Si atendemos a las estadísticas del INEGI las personas con más bajos niveles de instrucción que no llegan a carreras universitarias, inclusive técnicas, son las peores  remuneradas y las que menos horas trabajan a la semana. Casi siempre en actividades ligadas al sector primario de la producción y en las urbes al sector servicios.
De las personas entrevistadas por el Banco de México, la mayoría terminaron hasta completar la secundaria, un menor porcentaje estudió hasta completar la preparatoria, y son contados los casos de educación superior.  Me parece que ello sirve más de clave, para entender el tipo de emigrante: limitadamente cualificado algo que en México lo ubica en trabajos temporales y tipificadamente mal remunerados.  En conclusión, el migrante lo que deja  en su país es la incertidumbre de trabajar a veces, y mal ganar siempre.
SERPIENTES Y ESCALERAS
 La retícula social que forma el inmigrante en el país al que ingresa no es ninguna novedad, se puede estudiar en el siglo XIX en las emigraciones europeas hacia los recién formados Estados independientes en América.
 En América del Sur, los vascos y canarios lo hicieron en Uruguay y Argentina, por ejemplo, llegaban unos que servían de puente, enlace, para el traslado de otros compatriotas, familiares y amigos, que deseaban “hacer la América”.
 En Estados Unidos donde la hostilidad ha estado presente siempre para quien  no es el blanco americano, sumada con las dificultades del lenguaje, en personas sin amplia instrucción, la retícula social es fundamental para tener un contacto en la Unión Americana  de primer punto de apoyo e introducción.
 Y aquí también se puede  establecer otra correlación a la que debería seguírsele la pista: la del inmigrante que los primeros 5 años envía dinero a sus familiares, la esposa, los hijos o los padres; que cuando decide quedarse en Estados Unidos comienza el proceso de traerse a los hijos y a la esposa de forma ilegal, igual pagando al “pollero” de contacto para que los pase al otro lado. Esta gente deja de enviar remesas o bien disminuye el monto si conserva los envíos a los padres, lo  hace porque ya tiene cerca al núcleo.  Tenemos una actitud natural: buscar la reunificación familiar, que cuando sucede, reduce o elimina los  envíos de dinero a México.
 El estudio omite respuestas, señalando únicamente que entre más tiempo tiene el inmigrante viviendo en Estados Unidos más bajan los envíos de remesas sin llegar a indagar el por qué.

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