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Música - February 9, 2007

“Tango secreto”, de César Olguín, un río de luces y sensaciones

Este disco nos regala casi una hora
de música sin concesiones, de música
 que transcurre translúcida y eterna
 Foto: Azteca21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 9 de febrero de 2006. Un incesante llamado al corazón, al sentimiento, a las sensaciones, a las evocaciones y, para mí, a un río, a una constante corriente musical que no se detiene, que arrastra e impele a dejarse seducir por una música que apela, simultáneamente, al corazón y a la inteligencia, a los sentidos y a la imaginación: a la reinvención del material sonoro por parte del escucha.

Me refiero al disco “Tango secreto” (Ediciones Pentagrama, México, 2006), del maestro César Olguín, que llama la atención desde su mismo diseño, totalmente en negro con una especie de monograma en el centro de la portadilla, que es una doble A entrelazada, que a su vez simula una M.

Sin embargo, considero que el negro no tiene nada que ver con el contenido musical, ni siquiera en “Réquiem para un bandoneonista”; si acaso, en algunos fragmentos “oscuros” de algunos de los temas, especialmente en “Milonga aprovechada”. Eso sí, se ve bien.

Como dije al inicio, escuchar el disco me da la impresión de estar ante un paisaje siempre cambiante, pero que no deja de ser el mismo. Por supuesto, todos los elementos del paisaje le dan unidad a éste, mas no dejan de tener su propia especificidad. En este caso, el río sería el bandoneón y los otros instrumentos –violín, sax tenor y soprano, clarinete, contrabajo, bass y piano tan imaginario como el adjetivo del nombre del disco– del ensamble que lo acompaña en este caudal musical, integrado por excelentes músicos, como Zbigniew Paleta, Jorge Cristians, Emiliano López, Marisa Hurtado y Francisco López.

Asimismo, es útil señalar que no es un disco de tango tradicional; no. Estamos ante un compositor e intérprete del bandoneón que sigue, digámoslo así, la senda que transitó Astor Piazolla, pero con sus propios pasos, con su propia brújula, con su propia personalidad. Estamos ante 13 temas –casi todos compuestos entre 2002 a 2004, excepto dos, uno de 1980 y otro de 1985– que nos transmiten la madurez de un artista en pleno dominio de su lenguaje, de su capacidad expresiva, de la facultad de reinventarse, de ser y no ser el mismo en cada tema. César Olguín es un explorador y conquistador de nuevas posibilidades sonoras, que poseen la cualidad de sonar diferente en cada audición, en cada estado de ánimo, en distinta hora del día.

Residente en nuestro país desde 1979, Olguín ha sabido transmutar sus inocultables y poderosas raíces argentinas en brotes y ramas de espesura universal, ha creado una música que resplandece en todas partes sin perder su argentinidad. En “Tango secreto” nos regala casi una hora de música sin concesiones, de música que transcurre translúcida y eterna, como la de un río abigarrado, despertando en el escucha una multiplicidad de visiones y sensaciones.

También cabe mencionar que en el disco se realiza una simbiosis entre música, poesía y canto, en la que intervienen Alain Derbez, Juan Ricardo Nervi, Óscar Chávez y Emilio Ebergenyi –a quien Olguín dedica un sentido y fraternal homenaje mediante un texto en el cuadernillo incluido–. En definitiva, “Tango secreto” es un disco pródigo en imágenes y sensaciones que está a la espera de un escucha atento y sensible, dispuesto a disfrutar el viaje terrenal de cada día.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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