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Libros - January 29, 2007

Tomás Eloy Martínez, un nuevo clásico americano

Un escritor que no sólo bordea
 y traspasa límites genéricos,
 sino que hace de su prosa y
 erudición una interminable
 fiesta del lenguaje
 Foto: Azteca21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 28 de enero de 2007. Recientemente apareció en nuestro país “La otra realidad. Antología”, de Tomás Eloy Martínez (Fondo de Cultura Económica de Argentina, Buenos Aires, 2006), un autor que de unos años a la fecha se ha vuelto una referencia indispensable en la narrativa hispanoamericana, debido principalmente a su novela “Santa Evita”, de 1995.

Sin embargo, esta antología, seleccionada y prologada por Cristine Mattos, nos permite descubrir a un escritor que ha cultivado con maestría el periodismo, el ensayo y otros géneros cuya característica es la hibridación de varios de éstos, dando como resultado textos donde las fronteras de uno y otro se pierden y ensanchan, alcanzan nuevos e insospechados límites.

Esta cualidad en la escritura de Martínez, que Mattos define como parte de una “poética de la incertidumbre” identificable en la obra del escritor argentino, es asimismo el sello de un nuevo estilo de escribir –en este caso no es aventurado afirmar que es también el sello del estilo de narrar del autor de “El cantor de tango”– de varios escritores hispanoamericanos –pienso, por ejemplo, en Enrique Vila-Matas, otro que ha traspasado las tradicionales fronteras genéricas.

Mattos, investigadora literaria brasileña, ha dividido la antología en cuatro apartados: “I. Lo mismo, lo otro. Las novelas”, “II. El otro género. En la frontera del periodismo y la biografía”, “III. La otra ficción. En la frontera de la escritura y la lectura”, y “IV. La otra realidad”. Si la selección mostrada le hace justicia al autor, la estructura del libro no es menos afortunada.

Me parece que el título de cada apartado habla por sí mismo, excepto quizás el cuarto. En el primero, Mattos incluye fragmentos de las novelas “Sagrado”, “La novela de Perón”, “La mano del amo”, “Santa Evita”, “El vuelo de la reina” y “El cantor de tango”. Si algo hay que decir al respecto, es agradecerle a la doctora carioca la revelación de novelas que no conocíamos a través de pasajes plenos e intensos que logran dos cosas en el lector: admirar el talento narrativo de Martínez y alimentar el deseo de adquirirlas.

En este punto quisiera abundar en la idea de que el estilo de la escritura –en cualquier género– de Tomás Eloy es la narratividad, es decir, todo lo que su pluma aborda lo convierte en materia narrativa, consagrada en un texto publicado, puesto a la consideración de la crítica y de los lectores. Y esta característica esencial de su obra, perceptible en todos los textos ahora antologados, es lo que, a mi parecer, le confiere al escritor tucumano la categoría de clásico americano, a la par de Borges, Reyes, Cortázar, Fuentes, Donoso, García Márquez, Pacheco…

En el segundo apartado, encontramos lo que podría ser una muestra toral de lo que señalaba antes y que convierte a Martínez en compañero de los escritores mencionados. Ahí están textos fundamentales sobre Cortázar, Macedonio Fernández, José Antonio Ramos Sucre –el extraordinario e insólito escritor venezolano–, Norman Mailer, Luis Buñuel, Kafka, Sartre y Beauvoir, García Márquez, Susana Rotker… y uno acerca de los desafíos del periodismo para el siglo XXI, que, indudablemente, mantiene relación con el pensamiento sobre este tópico de Ryszard Kapuscinski, apenas desaparecido en otra irónica paradoja –el hombre, el legendario periodista y corresponsal que sobrevivió a varias guerras muere postrado en una cama de hospital–.

El ensayo interpretativo, o un estilo que podríamos clasificar dentro de este género, a diferencia del apartado anterior, donde lo biográfico campea, predomina en el tercer apartado. Tomás Eloy Martínez reflexiona sobre la importancia de “Cien años de soledad”, el papel de La Habana en el punto de vista del autor de “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, sus experiencias de lectura de Borges, Julio Verne, Whitman… Abundando en el título del apartado, podría señalar que si alguna deuda tuviera el escritor argentino –o cualquier otro de ese talante–, ésta sin duda sería con la lectura de ciertos libros, de ciertos algunos autores. No es obvio, sino indispensable: el modelo de un gran escritor es siempre un modelo semejante.

El cuarto apartado es el más breve y el más diverso, pero es el que da título a la antología. Tiene una naturaleza miscelánea, mas comparte el sentido de unidad y coherencia temática y estilística de cada apartado. En ella hay viñetas o estampas sobre lugares desolados y casi miserables; un comentario sobre una novela de William Styron llevada al cine –“La decisión de Sophie”–; una explicación sobre la presencia del tema de la muerte en su obra y acerca de su fascinación sobre traspasar límites, sobre la batalla perenne de la realidad y la imaginación; una confesión de su deseo por regresar a su provincia natal e incluso algunos relatos inéditos hasta entonces, algunos, según yo, con reminiscencias cortazarianas y capoteanas –sí, de la atmósfera de los primeros relatos de Truman Capote–.

Además, esta edición en la colección “Tierra Firme” incluye una introducción académica y esclarecedora de Mattos, y una eficaz nota, al inicio de cada texto, acerca de su origen, así como una oportuna bibliografía de y sobre la obra de Tomás Eloy Martínez y una lista de sus premios y traducciones, aspectos que muchas ocasiones otras antologías omiten o presentan deficientemente.

Por todo lo anterior, lector, si ya conoces parte de la obra de Tomás Eloy Martínez –excepción hecha de “El vuelo de la reina”, que no me place–, sabes que no exagero al considerarlo un nuevo clásico americano, por tanto te convido a sumergirte en las magistrales páginas de esta antología –muchas de las cuales, seguramente, no conoces–. Si aún no lo has leído, te invito a deslumbrarte con un escritor que no sólo bordea y traspasa límites genéricos, sino que hace de su prosa y erudición una interminable fiesta del lenguaje.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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