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Arte y Cultura - January 19, 2007

Una visita a “Melody Spring”, territorio del poeta Juan Gelman

Una sonata para piano y violonchelo de
Beethoven separan un poema del otro
 Foto: Azteca21

Por Darío S. González M.
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 20 de enero de 2007. Es sabido que, desde sus inicios, la poesía fue oral. El poder de la voz es tal que, cuando se une al de un poema, se crea un placer que en su momento Octavio Paz calificó de “placer verbal”. Por supuesto que cada lectura es siempre una interpretación singular por el énfasis y matiz que le añada su lector, por eso resulta significativo que el mismo autor dé voz a su obra.

Considerando lo anterior, es fácil comprender la importancia de que el poeta argentino Juan Gelman ─residente en México desde 1989 y ganador de premios de poesía como el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo; y los de poesía iberoamericana como el Ramón López Velarde, el Pablo Neruda y el Reina Sofía─ nos ofrezca la lectura en su propia voz de una de sus obras: “Los poemas de Sidney West” (Fondo de Cultura Económica, México, 2005) en formato de disco compacto doble a través de su colección “Entre voces”.

El libro “Los poemas de Sidney West” se publicó en 1969 y se compone de 34 lamentos y un poema final llamado “Fe de erratas”, en todos ellos se hace presente la combinación de lo trágico con lo cómico manteniendo siempre un sentimiento constante, mezcla de soledad, muerte, amor, nostalgia y olvido representado por imágenes crudas y surrealistas que relatan el devenir de distintos personajes ubicados en un pequeño pueblo estadounidense: “stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche/ con un sapo en la mano/ ‘oh sapo’ le decía ‘sapito mío íntimo mortal y moral y coral/ no preocupado por esta finitud/ no sacudido por triste condición furiosa’ le decía […] esa noche naturalmente stanley hook se murió/ antes dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto/ en representación de sí mismo/ mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo/ seguía con su jueves […] todo esto es verdad:/ hay quien vive como si fuera inmortal/ otros se cuidan como si valieran la pena/ y el sapo de stanley hook se quedó solo”.

El pueblo llamado Melody Spring es tan ficticio como Sidney West, poeta inventado por Gelman a quien supuestamente el vate argentino “traduce” y de cuya existencia el mismo autor señala, refiriéndose a la época en que sufrió la ignominia de la dictadura en su país: “Salí del encierro inventando a otros poetas a los que atribuí mis versos. No son heterónimos como los de Pessoa, apenas son sinónimos o seudónimos, pero me ayudaron a saltar el cerco que yo mismo me había creado. Sidney West fue el último de estos poetas inventados y el que más dicha me proporcionó […]”.

Con todo y la ficción, es innegable que en cada poema, en cada personaje de Gelman, encontraremos algún rasgo humano tragicómico que lo rescata del supuesto regionalismo y se identifica en algún momento con uno mismo. Lo anterior, aunado a la voz del poeta y a los fragmentos musicales de una sonata para piano y violonchelo de Beethoven que separan a un poema de otro, logran en conjunto crear un ambiente especial que consigue una propensión al deleite sonoro y emotivo de los poemas. Tal como si nos remontáramos a los tiempos del origen de la poesía o, como diría Octavio Paz, “un volver a la fuente”. Resta al lector efectuar ese viaje al origen poético con este volumen de la colección “Entre voces”.

Comentarios a esta nota: dario.gonzalez@azteca21.com

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