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Por la Espiral - January 2, 2007

2007: contra la corrupción

 POR LA ESPIRAL
   Claudia Luna Palencia

-2007: contra la corrupción
-Unir fuerzas, hacer acciones
-¿El dinero clave de la felicidad?

 

  Otro año, veámoslo por el lado positivo: surgen  nuevos retos, la probabilidad de buscar mejores horizontes, de tomar valor para llevar a la práctica los sueños acumulados que por una u otra circunstancia han ido relegándose al baúl de los pendientes.
 Nunca es tarde, ni siquiera la edad supone en la actualidad una barrera, son varias las personas que por primera vez obtienen un título universitario después de los cincuenta años, de quienes cambian de profesión o deciden arriesgar y cristalizar la independencia económica anhelada a través de unir esfuerzos con la propia familia o los amigos e iniciar un negocio para  desarrollar los talentos innatos por la gastronomía, los masajes, la bisutería, la pastelería, la decoración; etc.
 Insisto y lo hago con el afán de invitarles para que, dentro de sus propósitos personales, del 2007, añadan tres claves: 1) Llevar acciones concretas para hacer realidad al menos uno de sus sueños. 2) Luchar día a día para mejorar el entorno personal, familiar y del trabajo diciendo no a la corrupción, impidiendo cooperar en ésta y señalando de su negatividad cuando se atestigüen actos de corrupción. Evitar los  sobornos es una actitud que debemos incluir en nuestras metas. 3) Revalorar las pequeñas cosas, ver lo bueno de la vida.
 Apreciable lector usted que con su paciencia me ha acompañado a lo largo de esta odisea mía en POR LA ESPIRAL, habrá leído los deseos de otros años, uno muy destacado cuando escribimos el de “ser un consumidor racional” con consejos siempre muy orientados a evitar el despilfarro del salario, del ingreso, a favor de exaltar al homo economicus racional.
 Muchos lectores han escrito a esta columna pidiendo orientación igualmente para otra cita recurrente, otro lugar común, al que aludo con mucha insistencia: la cultura del ahorro; en lo personal me emociona leer los casos de personas que un buen día decidieron comenzar con 500 pesos en una cuenta en Bansefi o en un pagaré a 28 días en el banco y que mes con mes, al vencimiento del  pagaré, acuden a renovarlo y a incrementarlo, con otros 500 pesos o más.
 Del correo con los lectores recuerdo  uno especial, el  de María José Lagunas, una joven profesionista del sector público que nunca había ahorrado y el año pasado adquirió el propósito de dejar de fumar y empezó a ahorrar el costo de cada cajetilla de cigarros,  hace 15 días recibí noticias de ella mediante una tarjeta navideña en la que destacaba: “Gracias por tú columna siempre  positiva, en  enero del 2006 dejé de fumar y abrí una cuenta de ahorros con el dinero de las cajetillas que no me fumé, más otro dinerito  que me esforcé en no gastar, hoy me entregaron mi Chevy 2007, pude pagar el enganche sin ningún problema”.
 Yo siempre digo que la clave del éxito no radica esencialmente en la posición económica del entorno familiar o de nacimiento, se conjugan muchos factores natos e innatos, pero existe uno particularmente insustituible en el camino hacia alcanzar los logros,  se llama disciplina.
 Con disciplina podemos trazar rutas alcanzables, observemos a los grandes deportistas, comenzaron desde niños y lo hicieron entrenándose, preparándose con mucha disciplina.
 Cualquier propósito por pequeño que sea, persígalo con firmeza dominando sus impulsos a fuerza de voluntad. Hablaremos dentro de doce meses.
A COLACIÓN
 Nos trazamos metas personales, casi nunca comunes, olvidando que de la suma de esfuerzos nutrimos el cambio, y hoy el mundo requiere de uno impulsado por todos los que creemos en la paz, en la concordia, en vivir con la diferencia de los demás sin tener que aplastarlos, igual  para los que creemos que las relaciones humanas no deben estar valoradas en metal, es cierto que el dinero ayuda a eliminar preocupaciones, no obstante, darle un valor supra esencial  es demasiado dañino, lo más perverso del capitalismo.  
 Unir esfuerzos con una vocación a favor del entorno implica primeramente tomar la responsabilidad con lo inmediato y México requiere de una buena dosis de cambio propulsada desde la sociedad civil. Así es que le invito a que se una a esta cruzada anticorrupción en México haciendo parte de sus propósitos el no fomentar actos de corrupción, no ser partícipe de éstos, y señalar la negatividad del hecho.
 El año pasado, la organización Transparencia Internacional (TI) reveló que México ocupó el lugar 75, de 163 países, en el más reciente Índice sobre la Percepción de Corrupción.
El Índice de la Percepción de Corrupción es resultado de numerosas encuestas que miden la impresión que se tiene en ese renglón en los diferentes países de la comunidad internacional. El puntaje en el índice va de cero a 10.
 La calificación de cero denota que la corrupción en un país determinado es la más alta, mientras que la que logró el 10 o una nota cercana a ella se percibe que tiene un nivel bajo en esa práctica.
En los lugares más cercanos a la calificación de 10 se situaron Finlandia, Islandia y Nueva Zelandia, con 9.6 puntos y con ello quedaron en el primer lugar del indicador. En Latinoamérica, México ocupó el lugar 75 con 3.3 puntos, es decir, por debajo de la media.
De momento pensamos en corrupción y lo asociamos inmediatamente con la práctica del gobierno, con el sector público fundamentalmente, olvidando que los ciudadanos la fomentamos en la medida en que damos “mordida” para sacar la licencia de conducir, para que autoricen una obra, para evitar la infracción de tránsito, por estacionarnos indebidamente en el lugar de handicaps y darle una propina al vigilante para que no nos diga nada, por los robos de agua, de luz, por muchas cosas indebidas desafortunadamente transmitidas como ejemplo a los hijos. También esas prácticas alimentan la corrupción.
Casi siempre en la corrupción tengo muy presente un suceso clásico de la transmisión de la negatividad en la familia, cuando un niño llamado Iñigo, de quinto año de primaria, intentó sobornarme su calificación de computación a cambio de un perfume. Me refiero al año 1994 cuando yo era estudiante de Economía y para ayudar mis ingresos, entre muchas cosas, trabajé dando clases de computación a niños de primaria en un renombrado colegio de Jardines del Pedregal en la ciudad de México. Inolvidable.
Una buena meta comunitaria debe ser luchar contra la corrupción, unámonos este 2007.
Lo mismo le invito a que rescate el sentido a favor de revalorar las cosas pequeñas, esas que no descansan en lo metálico que tanto obsesiona y preocupa. Todavía las puestas de sol son gratuitas y son mejores si tenemos con quien compartirlas.  ¡Feliz 2007!

 

 

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