Home Arte y Cultura Recordando a Alfonso Reyes, el brillante escritor que con su obra literaria trascendió fronteras
Arte y Cultura - December 27, 2006

Recordando a Alfonso Reyes, el brillante escritor que con su obra literaria trascendió fronteras

La obra del regiomontano se
puede conseguir en
versión digital
 Foto: Cortesía FCE 

Ciudad de México.- 26 de Diciembre del 2006.- El prolífico escritor, poeta, ensayista y diplomático mexicano Alfonso Reyes, miembro fundador de El Colegio de México y cuya obra es una de las más importantes de la lengua castellana contemporánea, lo que le mereció el Premio Nacional de Literatura en 1945, murió el 27 de diciembre de 1959.

Nació en Monterrey, Nuevo León, el 17 de mayo de 1889, hijo del general Bernardo Reyes, quien ocupó destacados puestos en el gobierno de Porfirio Díaz, y de Aurelia Ochoa, de quien recibió una gran influencia en su sensibilidad.

Desde la infancia sus inquietudes intelectuales fueron claras y obtuvo los primeros lugares en los diversos ciclos de instrucción. Su biógrafos lo describen como un niño bueno, dócil y observador, que se inclinaba por la rutina diaria.

Sus estudios los inició en las escuelas particulares de Monterrey, su primaria en el moderno Instituto de Varones de Jesús Loreto y el Colegio Bolívar. También estudió en la Ciudad de México, en el Colegio Liceo Francés.

Contrajo matrimonio con Manuela Mota, quien sería su única esposa y la madre de su hijo único, Alfonso Reyes. Concluyó los estudios profesionales de derecho en la Universidad Nacional de México y obtuvo el título a los 23 años.

Fue secretario de la Escuela Nacional de Altos Estudios, antecedente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde fundó la cátedra de Historia de la Lengua y Literatura Española.

Logros académicos que se vieron ensombrecidos por la muerte de su padre durante la Decena Trágica.

Reyes conoció a Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos, con quienes formó el Ateneo de la Juventud, un grupo de intelectuales interesados en trazar las líneas del México moderno.

Por aquella época escribió sus primeras obras, entre las que se encuentra un libro de ensayos publicado en París, así como estudios sobre los escritores Robert Louis Stevenson y Gilberth K. Chesterton, antecedentes de su pasión literaria.

Cuentos como "La primera confesión", "La entrevista", "Los restos del incendio" y "La cena", éste último escrito con un lenguaje elegante que prefigura el Realismo Mágico y que para muchos es el antecedente directo del célebre relato "Aura", de Carlos Fuentes, discípulo de Reyes.

A partir de entonces se dedicó con frenesí a las letras, que incluyó un diario. Un tanto decepcionado de la situación nacional y de la pobreza de ideas para cambiarla, hizo un viaje de recapitulación personal a París en 1914, con un cargo diplomático.

En París fue recibido con las puertas abiertas por su calidad literaria, al estallar la Primera Guerra Mundial (1914-1918) Reyes emigró a España, donde pasó graves problemas económicos, que al mejorar continuó su construcción de la obra que por calidad y cantidad supera la de cualquier mexicano del siglo XX.

Trabajó en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, dirigido por Ramón Menéndez Pidal, se acercó a los autores de la generación del 98, departió con Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset y acudió a las tertulias del Pombo, presididas por Ramón Gómez de la Serna.

Hacia 1915 terminó "Visión de Anáhuac", publicada en 1917, quizá su obra más difundida y que ha garantizado su posterirdad. En ella ensalza la belleza del Valle de México, cuyo paulatino deterioro también describe en "Palinodia del Polvo".

Con este escrito, se ciñe como un educador, civilizador del pueblo mexicano, partiendo de lo que podría llamarse "aristocracia del pensamiento", síntesis de la cultura occidental y la raíz indígena, dominado por la tríada platónica: la verdad, la bondad y la belleza.

En 1920 fue nombrado segundo secretario de la Legación de México en Madrid y posteriormente, antes de regresar a México, ascendió al rango de Encargado Plenipotenciario, y suscribió el Convenio de Propiedad Literaria, Científica y Artística entre los dos gobiernos.

Dejó México en 1924 para desempeñar un cargo diplomático en Francia, donde conoció a figuras decisivas para las letras del siglo XX como André Gide, Roger Martin du Gardó, Rainer María Rilke, Saint John Persé y Valery Larbaud.

Fue embajador de México en Argentina de 1927 a 1930 y de 1936 a 1937, periodo en el que se le acercó un escritor en ciernes, Jorge Luis Borges (1899-1986), de quien conoció "El Aleph" y le agradeció siempre su ayuda.

Entre 1930 y 1936 permaneció en Brasil como embajador y tres años más tarde se instaló definitivamente en México. Construyó su casa con una enorme biblioteca, fundó y presidió la Casa de España en México, convertida más tarde en El Colegió de México.

Asimismo, fue miembro fundador de El Colegio Nacional (1943) y, al lado de su amigo Jules Romains, el Instituto Francés de América Latina (IFAL), al tiempo que ayudó a jóvenes escritores, entre los que se cuenta Octavio Paz.

Por cuatro años consecutivos fue candidato al Premio Nobel de Literatura, que jamás obtuvo. En 1945 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura y de 1957 a 1959 presidió la Academia Mexicana de la Lengua.

De su produción literaria destacan "Obras completas", con 26 tomos; "Antologias", "Epistolarios" y diversas traducciones; además de "Alfonsadas. Correspondencia entre Alfonso Reyes y Rafael Cabrera", "Algo de la experiencia americana" y "Animalia".

No obstante todos estos compromisos, nunca cesó su fecunda labor intelectual, en poesía, ensayo, guión cinematográfico, arranques de novela y otras obras de difícil clasificación como el caso del poema dramático "Ifigenia Cruel".

De igual forma, se daba tiempo para la buena mesa y el vino, y las tertulias en su casa, a las que se daban cita escritores como Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Rodolfo Usigli y Carlos Pellicer.

Alfonso Reyes sufrió varios infartos, el quinto fue el que le causo la muerte el 27 de diciembre de 1959. El gobierno mexicano decretó un día de luto nacional, y sus restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

(Notimex)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *