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Por la Espiral - December 22, 2006

Repensar el futuro

 POR LA ESPIRAL
   Claudia Luna Palencia

-Repensar el futuro
-Unamos esfuerzos
-Los equilibrios sociales

Gunter Grass, Premio Nobel de Literatura 1999, plasmó en la obra “Mi Siglo” lo que para él significó el siglo XX, que vivió tan descarnadamente, marcado como un hombre que en su juventud formó parte de la fuerza aérea alemana durante la Segunda Guerra Mundial.
Las dos grandes guerras del siglo pasado estigmatizaron a varias generaciones que las sufrieron y las padecieron, y sus consecuencias impactaron en el pensamiento de la prole venidera.
Nadie mejor que el escritor germano para rescatar en sus textos al mundo de la posguerra rendido finalmente a los pies de un materialismo que erige el triunfo del individualismo, del egoísmo económico, sobre la colectividad.
Fuera de cualquier intento de caer en un revisionismo histórico, en resumidas cuentas, el siglo anterior no fue mucho mejor que los pasados en cuestión de paz; paz social; derechos laborales e inclusión de la población a una serie de elementos importantes como educación, vivienda, salud, satisfactores de ingreso; etc.
Claro que ante el contraste social y humano, el pensamiento progresista enaltece los enorme adelantos de la ciencia, de la tecnología, de la genética, la biotecnología, la carrera espacial, el invento de Internet, la telefonía celular y la masificación de las comunicaciones, su globalización en ciernes, que nos permite escudriñar hasta los rincones otrora más secretos como la realización del Cónclave Católico.
Mientras que unos defienden los alcances otros recuerdan los grandes lastres, los fracasos que emanan tanto de las injusticias económicas como de las políticas y que sientan en el banquillo de los acusados por igual al socialismo como al capitalismo en sus distintas etapas de metamorfosis, porque ninguno ha dado respuesta real a los problemas sociales. En tanto que uno masifica la pobreza con una plutocracia en el poder que lo tiene todo y que exige a la colectividad su sacrificio individual por el “bien común”; el otro expropia la riqueza de muchos para generar la opulencia de pocos, y esos pocos son los que controlan el poder político disfrazado de democracia donde la mejor manera de asegurar la viabilidad de su modelo es “fomentando el individualismo” por encima de la colectividad, la gran amenaza.
En el libro “Del amanecer a la decadencia”, de Jacques Barzun, toda una enorme antología de mil 303 páginas cuya lectura deja muchos dolores de cabeza, se define al siglo XX de distintas formas: Época de la incertidumbre; época de la ciencia; época del nihilismo; época de las masacres; época de la globalización; época de las dictaduras; época del diseño; época de la derrota; época de la comunicación; época del hombre corriente; época del cine y de la democracia; época de la ansiedad; época de la ira; y época de las expectativas absurdas.
De todas estas definiciones sería menester añadir un título que me gusta mucho de un libro de Dick Morris y que daría como resultado “la época de los juegos de poder”. Lo he pensado mucho sobre todo a raíz de la muerte de Karol Wojtyla, su Santidad Juan Pablo Segundo, que con su partida nos recuerda que el paso implacable del tiempo le está dando vuelta a una página más de una historia, al menos la que se cierne a la posguerra, formada por figuras esenciales para comprender los grandes cambios de los últimos cincuenta años.
La muerte derroca finalmente a los viejos líderes que han ocupado años, décadas, de desempeñar un papel clave en la redefinición de fuerzas en el mundo. Las influencias, en distintas magnitudes y sentidos, están plasmadas pero su partida, repito, nos lleva a la reflexión de que estamos cerca de concluir esa vuelta de la página. Desde Ronald Reagan, Margaret Thatcher, la reina Isabel de Inglaterra, el derrocado Saddam Hussein, Muammar Abu Minyar al–Gadhafi, Yasser Arafat, Fidel Castro, el Príncipe Rainiero, Hassanal Bolkiah de Brunei, el ayatolá Alí Jamenei de Irán; todos, unos aún vivos, otros ya extintos como Juan Pablo Segundo, han formado parte de una generación crucial marcada por las tensiones mundiales y las distensiones sociales.
A COLACIÓN
En el nuevo siglo comenzaremos a escribir otra página más y veremos el surgimiento de modernos líderes, claves también, para el ajedrez de la geopolítica y la geoeconomía de un mapa globalizado que resiente la perniciosa herencia del pasado.
El estado del mundo requiere de estadistas, visionarios, líderes naturales con talento para el consenso y las políticas demográficas y a favor del desarrollo sustentable o sostenible.
Al mismo tiempo, los esfuerzos deben sumar a una población obligada a actitudes proactivas, capaz de perdonarse y dejarse de odiar tanto.
El futuro que nos aguarda no es fácil porque la erosión es visible en todos los ámbitos y casi ningún país se escapa: 1) Hay 23 millones de africanos que comenzaron el siglo infectados con VIH. 2) Se prevé escasez de agua, menor disponibilidad de tierras cultivables y la caída en todas las actividades primarias, caza y pesca. 3) El crecimiento poblacional forzará el progreso económico de manera directa. Las proyecciones indican una población mundial de 8 mil 900 millones de personas para el 2050.4) Diversos ambientalistas apuntan hacia una grave catástrofe derivada del alza en las temperaturas, un plazo fatal que no puede revertirse, únicamente mitigarse. 5) Si la concentración de CO2 se duplica, la temperatura global subirá en al menos un grado centígrado y hasta 4 grados como máximo. El nivel del mar subirá un mínimo de 17 centímetros hasta arriba de un metro. 6) Continuará la extinción de más plantas y animales lo que seguirá creando el círculo vicioso de irrupción de los ecosistemas. 7) Una población creciente demandará más satisfactores lo que desatará la lucha por obtenerlos. 8) Los flujos migratorios seguirán acelerándose porque la pobreza y la falta de oportunidades expulsarán a más ciudadanos de África, Asia, América Central y México.
Todo cuánto sucede y sucederá es fiel reflejo del gran fracaso de los modelos de producción del siglo pasado combinado con una grave crisis del desarrollo.
Por ello el ostracismo no es válido, los ciudadanos debemos fomentar líderes capaces de construir un nuevo Contrato Social, que rescate las concepciones más visionarias de Jean Jacques Rousseau, para contener a tiempo una gran escalada civil, el retorno al totalitarismo, la regresión. Tenemos que asumir el reto generacional… se lo debemos a nuestros hijos.
P.D  Por LA ESPIRAL descansará hasta el 2 de enero. Le deseo amigo lector de todo corazón, vida y salud para el 2007, lo mejor para usted y su familia.  Rememos juntos para sacar adelante a México.

 

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