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Por la Espiral - December 10, 2006

Gasto corriente, cortina de humo

POR LA ESPIRAL
  Claudia Luna Palencia

-Gasto corriente,  cortina de humo
-Recortes en puestos de confianza
-Larga cuesta la de enero

 La creación de puestos temporales, una abultada nómina de confianza, contratación con sueldos y salarios caídos fue una de las constantes y más clásicas características del sexenio foxista, que comienza a pasar sus  saldos negativos.
 Una muy querida amiga mía acaba de quedarse desempleada hace una semana, ella, a pesar de todo su profesionalismo y de haber trabajado doce horas diarias ha pasado a la categoría de prescindible para el nuevo gobierno que a pocos días de irse posicionando de todas las áreas inicia cambios y depuraciones en la neuralgia de la Presidencia.
 Mi amiga entró al gobierno del presidente Vicente Fox enviando su currículo con la esperanza de ser seleccionada para trabajar en cualquiera de las áreas  creadas en el seno de los vasos comunicantes de la Presidencia, porque Marta Sahagún llegó con la obsesión de controlar la información, de hacer monitoreos a nivel nacional e internacional, de medir la imagen del presidente, luego de ella misma, y de los sondeos de popularidad.
 Muchos comunicadores y analistas dieron cuenta en sendos editoriales del brazo poderoso, una cuasi Secretaría de Estado amasada al derredor de la Oficina del Vocero, de Comunicación Social teniendo como eje la Oficina de Marta Sahagún (con 30 personas trabajando para ella); de hecho en menores dimensiones Ana Cristina Fox contó con su propia Oficina de Representación con personal adscrito.
 Una importante cantidad de personas fueron contratadas en plazas de  confianza para alimentar la nueva dimensión interna de este circuito, algunos fueron ubicados en la misma Presidencia en Chapultepec, otros más en Constituyentes.
 En estos últimos seis años unos de los señalamientos abiertos y directos contra la administración en general del gobierno foxista por parte de  legisladores y de funcionarios como Guillermo Ortiz Martínez, gobernador del Banco de México, consistieron en la abultada agenda de gasto corriente, que año con año, fue creciendo en los presupuestos elaborados por la Secretaría de Hacienda en detrimento de mal aprovechar los excedentes petroleros en pro del fomento de gasto de inversión.
 El optar por favorecer al gasto corriente fue abrir una coladera porque el dinero fue utilizado  para pagar una burocracia inflada, la de base y la de confianza; lo mismo para excesos de gastos en torno a las funciones desarrolladas por un centenar de empleados directos a la Presidencia en tabuladores duplicados donde los asesores crecieron y los jefes departamentales; desde luego que estos costos los están pagando ahora  ese centenar de empleados directos y otros tantos más ligados de manera indirecta, que ya se quedaron sin empleo porque al presidente Felipe Calderón le interesa otra estructura menos orientada al culto personal.
 Cabe apuntar que la  despedida del personal fue muy bochornosa, en una sala de juntas, donde a los presentes les dijeron claramente que había tres opciones: 1) Renunciar de forma pacífica, voluntaria y automática sin solicitar liquidación. 2) Renunciar de forma pacífica, voluntaria y  automática reclamando liquidación. 3) No presentar la renuncia voluntaria y pelear contra el nuevo equipo por defender su puesto, a lo que nadie le garantizaba buen augurio.  Mi amiga optó por la primera forma.
A COLACIÓN
 El gasto corriente del sexenio recién concluido fue creciendo en rubros muy focalizados, uno de éstos la manutención de la oficina de apoyo a Marta Sahagún y la del costo de su indumentaria.
 Precisamente los integrantes de la comisión de Gobernación, Puntos Constitucionales y Justicia de la Comisión Permanente analizaron en junio del año pasado, una propuesta para reducir los  gastos de la partida presupuestal 3825 encargada de cubrir los gastos de Atuendo de gala del Presidente, que en cinco años aumentó de 248 mil a 97 millones de pesos.
Fue una espiral ascendente: en 2000 el gasto  comenzó con 148 mil pesos; en 2001 fue de 256 mil pesos; en 2002 se duplicó a 574 mil pesos; en 2003 pasó a 954 mil pesos; en 2004 a un millón 454 mil pesos; y en  2005 a 97 millones.
 Estos gastos desde luego son una parte dentro del peso que la burocracia volvió a tomar como impulso en el sexenio foxista con al menos 600 mil burócratas de escritorio lo que llevo a que anualmente el  gobierno costara más.
 Por esa razón, el presidente Felipe Calderón llegó con la tijera del recorte para suprimir el tamaño de la Presidencia y sus vasos comunicantes y anunció un programa de austeridad con el que pretende ahorrar 25 mil 500 millones de pesos, un 1.2% del gasto total, medida anunciada y que ya recibe críticas en contra por su poca trascendencia. Es la peligrosa nata de la parálisis en la que nos encontramos nadando desde hace tiempo los mexicanos sumidos en minimizar todo lo que hace el bando contrario sobre todo cuando son ideas propositivas.
Durante seis años el gobierno foxista omitió los  reclamos de analistas en los medios de comunicación, y de legisladores señalando el alza del gasto corriente en la Presidencia, Los Pinos y sus cabañas, nunca se reajustó el gasto corriente a la baja,  todo lo contrario, y ahora que el presidente Calderón intenta dar sensibilidad ante lo que tanto se exigió, también se le condena por bajarse el sueldo, el de los funcionarios y ordenar un cuidado del gasto en viáticos, comidas, los servicios en los cuales los funcionarios suelen excederse. ¿Entonces, qué quieren?
SERPIENTES Y ESCALERAS
 Es una dolorosa realidad que a lo largo de los días miles de personas de la burocracia en México están quedándose  sin empleo,  porque se intenta retomar el paso del control del gasto corriente; otro desencanto adicional acontece con el llamado bono sexenal prometido  a los trabajadores al servicio del Estado muchos de los cuales pasaron a engrosar  las filas del sector público con el gobierno foxista.
 El bono, ¿cuál bono sexenal? los trabajadores, ahora ex trabajadores, comienzan a preguntarse dónde está el famoso bono; y otros, que de pura suerte lograron recibirlo, se fueron a casa con tamaño descontento porque el premio esperado se convirtió en magro reintegro de 500 pesos y los más suertudos obtuvieron dos mil quinientos pesos.
 Así es, también les fallaron, los engañaron, como a los gobernadores y a los presidentes municipales que hace tres meses esperaban una partida extraordinaria de ingresos por los excedentes petroleros obtenidos este año, en cambio terminaron recibiendo hace un mes un recorte en los recursos.
La cortina de humo empieza a disiparse.

 

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