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Música - December 7, 2006

¡Ajúmala, calentano!, 150 años de tradición musical de los Hermanos Tavira

Un disco que contiene una gran historia
 y quiere compartir con todo México,
 una música que siempre debe existir
 Foto: Gregorio Martínez Moctezuma/Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 5 de diciembre de 2006. El sábado 2 al mediodía se llevó a cabo la presentación del disco compacto “Hermanos Tavira. 150 años de tradición. Música de la Tierra Caliente”, en el Patio Jacaranda del Museo Nacional de Culturas Populares, en Coyoacán, donde guerrerenses residentes en la capital de la República y otras personas que se dejaron venir desde esa región disfrutaron de un ambiente calentano ciento por ciento, con mezcal de damiana incluido.

Esta reunión era, de un modo u otro, ya muy esperada, pues como lo señaló Javier Tavira, quien toca la tamborita, canta y además fungió como maestro de ceremonias, “este disco es fruto de la colaboración de muchas personas” y, cabría agregar, de muchos años de esfuerzo y dedicación por parte de este clan calentano. Asimismo, añadió, haciendo referencia al título del disco, que “hay Hermanos Tavira para muchos años más”.

Así, con alegría y enérgico zapateado en la tarima, los hermanos Tavira fueron presentando el material incluido en este disco de bella y alba factura, constituido por trece temas, algunos de su legendario abuelo y baluarte de la música calentana, Juan Bartolo Tavira –creador de ese celebérrimo son calentano, “La tortolita”; otros de su padre, Félix Tavira López; otros de su tío, José Guadalupe Tavira López; otros con arreglo de su primo hermano, don Ángel Tavira Maldonado –protagonista del documental “Tierra Caliente. Se mueren los que la mueven” y del largometraje “El violín”, por el cual fue premiado este año en el festival de cine de Cannes, Francia, ambos dirigidos por Francisco Vargas Quevedo– y otros arreglados y compuestos por Cuauhtémoc Tavira Peralta, quien también es autor de algunas piezas de los filmes mencionados.

La música popular mexicana de más calidad

Javier Tavira Peralta agradeció al público su asistencia y a toda la familia Tavira el apoyo recibido, especialmente a su señora madre, Magdalena Peralta, y a su hermana María de Jesús Tavira. Además, pidió a su hermano Martín –“a quien siempre acudimos en busca de consejo”– que dirigiera unas palabras a los presentes. El aludido, hombre añoso y erguido, dejó escuchar su voz y su sabiduría: “Esta música se niega a morir, pues no se toca con frecuencia, exige mucho de los ejecutantes y está compuesta a contratiempo y en síncopa, esto quiere decir que es muy difícil de ejecutar, por eso no se practica tanto, es más difícil que la de otras regiones, como la huasteca o la jarocha. Además, tiene influencia de Andalucía, de Arabia, de África. Mis hermanos conservan esta música que se niega a morir; nosotros hemos hecho muchos esfuerzos, hemos propuesto políticas culturales a los gobiernos de Guerrero, para que haya una escuela sin tantas formalidades, pero todo se pierde en vueltas y vueltas, y debemos estar agradecidos de que la última generación de mi papá la está tocando, aunque debo decir que de entre los más de veinte hijos que tuvo, el que se parece más físicamente a él soy yo… [Después de las risas del público, prosiguió.] Bueno, ya no los aburro más, que siga la música de la Tierra Caliente, la de Juan Bartolo, el poeta popular, músico de leyenda, como dicen algunos tratadistas, pero antes quiero concluir con lo que señala uno de éstos, Raúl Hellmer, ‘la música popular de más alta calidad en todo el país es la de la Tierra Caliente’. Muchas gracias”.

Que suene y se vea “El violín”

Y la música siguió, entre aplausos, vivas y peticiones. En un momento dado, Javier descubrió entre los asistentes a Francisco Vargas Quevedo, a quien agradeció su presencia y su trabajo cinematográfico, pues a través de éste “le ha dado a la Tierra Caliente nuevos horizontes”, y le solicitó unas palabras. Sorprendido y animado por el público, Francisco accedió a subir al escenario. “No hay nada que agradecerme, sino al contrario. El documental y otras cosas que yo he hecho básicamente resultan a partir del trabajo de ustedes, de la familia Tavira, del que Ángel ha venido realizando; es decir, este documental existe gracias al trabajo que hacen ustedes y no al revés. Y qué bueno que estén empeñados en conservar la música, en conservar la tradición, en guardar la memoria… De esto habla el documental, también de esto habla la película ‘El violín’, de guardar nuestra memoria, que está tan expuesta y perdiéndose, nuestra memoria cultural, la tradición oral y todo esto de lo que ustedes son parte clave, pieza importante de este proceso en Tierra Caliente, donde se hace una de las músicas tradicionales de México más bellas y virtuosas. Qué bueno que esté el disco y qué bueno que Vadim ya está grandote y toca, y así el que sigue y el que sigue…y que no se pierda la tradición. Muchas felicidades por este disco y muchas gracias”.

Después de las palabras del cineasta –también empeñado en preservar nuestra memoria cultural, cuyo documental mencionado es ya un testimonio fílmico de valor incalculable para la preservación y estudio de las tradiciones calentanas–, los Tavira se arrancaron con un vigoroso son, “Maracumbé”, que les habían solicitado durante toda su actuación –son que, por cierto, no está incluido en el disco–.

Desafortunadamente, y a pesar de los insistentes gritos de la gente que pedía “otra, otra, otra…”, se escuchó la voz burocrática de una mujer: “El Museo Nacional de Culturas Populares agradece su presencia…”, quien se mostró indiferente ante los insistentes gritos que pedían más de estos músicos tradicionales, calentanos hasta las cachas.

Los 'Hermanos Tavira' ofrecieron un inolvidable
 y hermoso espectáculo
 Foto: Gregorio Martínez Moctezuma/Azteca 21

La nueva camada

Después de unos sedantes tragos de mezcal, esperé a que los Tavira firmaran discos y se despidieran de sus numerosos parientes y amigos para platicar con ellos. Inicié con Alfonso, guitarra sexta y una de las voces del grupo, además de padre de Félix Vadim y Alfonso Tavira Carmona, la savia nueva del clan.

“El disco es un sueño que teníamos nosotros, porque se nos había truncado la oportunidad de hacer uno completamente a nuestro gusto, pues ya habíamos hecho dos anteriores, uno apoyados por el Gobierno del Estado de Guerrero y otro para una disquera en Inglaterra, pero no fueron de nuestro agrado. Esos discos no nos dejaron satisfechos porque fueron manejados por los productores y lo que nosotros queríamos que apareciera no salió, nos engañaron y finalmente apareció lo que ellos quisieron. Pero este disco lo cuidamos mucho en cuanto a imagen, en cuanto a las piezas, en cuanto a todo. Musicalmente no tuvimos problemas, todos estuvimos de acuerdo, aunque internamente sí hubo pugna en cuanto al diseño y ese rollo, y hubo diferencias porque nos gusta ser democráticos entre nosotros, pero conciliamos y aquí está el disco. Ahora estamos pugnando por llevar esta música a todas partes, adonde se pueda. Nuestra mentalidad es llevarla a máximos escenarios, trabajar muy duro para conseguir este objetivo”.

Enseguida charlé con el contrabajista oficial del grupo, Félix Vadim –cuyo segundo nombre, de origen ruso, le fue puesto por sugerencia de un tío–, de 16 años, estudiante de música y miembro de la orquesta juvenil de la Escuela Nacional de Música de la UNAM. “Me siento muy orgulloso al ya ser parte del grupo Hermanos Tavira, porque cuando yo estaba chico tenía muchas ganas de entrar, pero por mi edad no había instrumento para mí. Hubo un tiempo en que no había contrabajista, entonces me decidí, me apliqué y me aceptaron mis tíos; así fue cómo entré al grupo”.

Alfonso, su hermano menor, debutó esta tarde con el grupo tocando el contrabajo en, me parece, el vals “Azucena”, composición de su tío Cuauhtémoc. “Me sentí bien, sentí muy padre. Y sí, seguiré tocando si se puede, ya sea que empiece con el contrabajo y ya después veremos con qué sigo. Me gustaría seguir con el violín o la guitarra, lo que sea. Sí, seguirá habiendo música de los Tavira para rato. Eso sí, dependerá de nosotros…”.

El compromiso de la tradición

Fernando, encargado de hacer vibrar las cuerdas de las guitarras sexta y panzona, habla del disco y de sus planes. “Siento una gran satisfacción por haberlo grabado, por darlo a conocer a la gente. Después pensamos grabar material nuevo, porque tenemos muchísimo material inédito. El plan que trazamos los hermanos fue sacar esta edición y ver cómo se comporta para sacar el demás dinero y poder continuar con nuestros planes. Nuestro grupo es multidisciplinario. Javier es periodista e hizo su tesis sobre la música de Guerrero, hay mucha investigación, hay mucho material inédito… El objetivo es sacar a la luz ese material, especialmente de nuestro abuelo Juan Bartolo y de una persona muy importante en la música de la Tierra Caliente –fuera de los que ya conocemos, de los famosos, como Isaías Salmerón y otros–, un músico que murió muy joven, su nombre es José Guadalupe Tavira López, hermano de mi papá, el más chico de su familia, casi un genio, pues fue músico, orfebre, compositor, pintor, escultor, montaba obras de teatro… En fin, fue una persona fuera de serie y queremos sacar a la luz su obra”.

Serio, reflexiona sobre el compromiso que implica mantener la tradición musical de los Tavira. “En mi opinión, significa una responsabilidad muy fuerte, ya que nuestros familiares fueron músicos y nosotros actualmente nos dedicamos a otra cosa: unos son ingenieros, otros son licenciados… Realmente en el grupo sólo hay dos músicos, digámoslo así, al ciento por ciento, Rafael y Cuauhtémoc. Entonces sí, para nosotros es un gran compromiso el que nos han dejado nuestros ancestros”.

La tarea de aportar

Y de la responsabilidad de mantener la tradición, así como de renovarla, hablé con Cuauhtémoc, el compositor del grupo, quien estudió en la Escuela Libre de Música “José F. Vázquez” y en la Escuela Nacional de Música, “aunque no precisamente composición”, acota. En la inspiración de este hombre aparentemente circunspecto e impasible se apoyan las aportaciones de los Hermanos Tavira a la música de la Tierra Caliente. Becario en 2001 y 2006 del Fonca, sus intereses están enfocados por completo a la música calentana. Aparte de la música para las películas mencionadas de Francisco Vargas Quevedo, compuso el vals “Azucena” para el cortometraje homónimo de Gabriela Monroy.

“Aunque no es estrictamente indispensable, sí se requiere de estudios para tocar esta música, incluso de Conservatorio. A mí me mueve por un lado el gusto por la música clásica y por otro la música tradicional. Para mi trabajo de composición ha sido fundamental el apoyo de mi hermano Rafael, él sí es un músico de Conservatorio. Cuando comencé a componer le pedí ayuda, le comentaba mis proyectos y él empezaba a ponerlos en partitura, me ayudaba a plasmar en partitura lo que yo tenía en mente, a transcribirlos. Con el tiempo, en los concursos de sones y gustos de Tlapehuala, comencé con algo sencillo, concursé y gané, al siguiente año volví con algo más complejo. Sí, me apoyo mucho en mi hermano porque tiene el conocimiento y la virtud de tocar más allá de lo que yo toco, él aplica lo que sabe, yo no me limito a componer sólo pensando en mí nada más, lo que sé que puedo tocar, con algo de sentimiento. Yo le dejo los adornos complejos a él, luego le pregunto su opinión, si compongo más sencillo, pero él me dice que siga componiendo igual, me revisa y aprueba lo que hago. Sí, es una ventaja tener un hermano como él, pues sé de su conocimiento de la Tierra Caliente, conoce perfectamente bien el son y el gusto, la forma de interpretarlos, el sentimiento… Además, sabe cuando algo está bien o está mal, fuera de tiempo. Es un apoyo grande para mí y me da la libertad de componer lo que yo quiera.

“Nuestro proyecto nace de querer rescatar esta música, tenemos grabaciones de mi padre, Félix Tavira, apuntes del abuelo Juan Bartolo, de nuestro primo hermano y maestro Ángel Tavira, quien ha estado muchas horas con nosotros y nos ha ido dando la pauta para conservar el estilo de la familia. ¿Cuál es? Bueno, el estilo de los Tavira tiene que ser una combinación entre virtuoso y menos virtuoso, de lo menos hasta llegar al virtuosismo, y tienes que querer, amar la música de la Tierra Caliente. Nosotros nos reunimos, porque tenemos el compromiso de practicar. Así los sobrinos escuchan la música cuando son pequeños y empiezan a mover los pies, van creciendo y quieren tocar, cuando están más grandes se interesan aún más, y me da gusto que mis composiciones también han servido para ello.

El promisorio compositor no se olvida de su compromiso familiar, pero también se da tiempo para generar proyectos. “Quiero mantener una continuidad, no es por que tenga que ser así. Yo me impuse la tarea de recrear el son, de darle nuevos efectos armónicos y melódicos que no se habían explorado. Lo que yo he incorporado son muchos cambios, muchas tonalidades, y sin que se pierda el estilo. En un son incorporo diez o doce acordes, a veces empiezo en un tono y acabo en otro; esto no es característico de la Tierra Caliente ni de la música tradicional en general. La verdad sí me gustaría componer algo más sinfónico o más complejo, no precisamente una sinfonía, algo de concierto, que se pueda interpretar por una orquesta. Siento que he tenido un desarrollo en la forma de componer y que puedo hacerlo más adelante. Yo he fusionado algunos elementos, algunos matices, dinámicas… Creo que son fundamentales, si queremos que nuestra música trascienda más allá, debemos agregarle otros elementos, lo que no pudieron hacer en su tiempo los músicos tradicionales. Sí, si nuestra música tradicional ya tiene un nivel, hay que darle mayor peso para llevarla a otros lados. Por ejemplo, partimos de un tema que es el pretexto para lo que sigue. Supongamos que se compone un tema, luego se canta y después se improvisa, entonces debemos tener una serie de adornos virtuosos o complejos para que llegue a un clímax, que el violinista cumpla con su virtuosismo, que improvise variaciones muy específicas, como si la música se reinventara. Es decir, el querer mantener esta música, tomarla como base y explotarla al máximo. Cuando empecé a componer, creí que ya todo estaba compuesto, pero conforme me fui adentrando más me di cuenta de que no era así, que aún se puede sacar mucho jugo. Yo retomo todo ese acervo, esa forma de componer y la convierto en algo más actual, en una nueva forma de componer. Me parece que las nuevas generaciones le harán sus arreglos y la van a recrear nuevamente”.

Una música bien chingona

Respecto de su nueva producción discográfica, comenta: “Ya habíamos realizado grabaciones, pero no habían resultado, no las difundieron o no se hizo como debían. Por eso teníamos la espinita de sacar el disco, pero como cada quien está en su trabajo, en su onda, en el ínter hay trabajo musical y entonces en esos años se ha enriquecido el trabajo y el disco es resultado de la interpretación de la música como uno quiere. En este sentido, no dejamos pasar ningún detalle, tuvimos sesiones largas, discusiones, pero con el propósito de aportar siempre algo. En lo particular, yo me comprometí a aportar algo mejor y que sonara bien, y que tuviera la aprobación de los demás. No fue fácil, pues algunos de mis hermanos ven la música en forma un poco más tradicionalista y tenemos que convencerlos de que ésta debe evolucionar y todo eso está plasmado en el disco, que refleja exactamente lo que queremos expresar, porque para mí la Tierra Caliente es nostalgia y cariño por la gente grande, es sentimiento y es horizonte”.

Así concluye Cuauhtémoc Tavira, de quien Francisco Vargas Quevedo señaló: “Él hizo composiciones para ‘El violín’, para ‘Tierra Caliente’, quedaron más o menos… [dice riendo mientras observa al compositor]. La verdad es una música bien chingona para ‘El violín’. Esperamos que para marzo de 2007 puedan ver la película”.

La expresión de un sentimiento

Después me acerco a Rafael, quien, a diferencia de Cuauhtémoc, sonríe fácil y espontáneamente mientras me habla de su experiencia como intérprete de la música que compone su hermano, de su tierra querida y del disco. “Yo creo que la emoción que transmito es algo momentáneo. La música misma te inspira en el momento, y me parece que esa emoción tiene que ver con tus vivencias, con cómo has convivido y con todo el trayecto y el conocimiento de tus raíces; considero que es natural, pues como músico puedo decir que es muy buena y como ser humano me llega hasta el fondo, así es como yo transmito esa emoción. Para mí, la Tierra Caliente es, aparte de emoción, una manera de recordar, de hacer un recuerdo para mi familia, para todos ellos. Además, es un orgullo, es una identidad, es una manera de identificarme con las personas. Estoy muy contento y muy emocionado porque el disco es producto de un trabajo conjunto, de muchos años, que hemos tratado de cuidar hasta en el más mínimo detalle. Espero que les guste y transmita algo, pues finalmente la música es para transmitir algo; si los hace sentir, bailar, reír o llorar o algo, quiere decir que la música está cumpliendo su misión. También deseo que esto sea un aliciente para que los jóvenes se acerquen y conozcan más su música, que es tan rica en todos los sentidos, no sólo de la Tierra Caliente, sino la de toda la República. Parece increíble, pero no todos la conocen y valoran, y es tan rica que en el extranjero la aprecian más”, afirma este joven violinista egresado del Conservatorio de las Rosas, en Morelia, donde también ha sido docente y violinista de varios ensambles de música de cámara.

Los Tavira son tradición

Por último, espero a que Javier –que bien podría pasar por el ideólogo del grupo– se desocupe de los múltiples detalles que requieren su atención, como despedirse de algunos invitados, ver el traslado de los instrumentos… “Este disco nos costó mucho trabajo, muchos disgustos, muchos enfrentamientos, pero al final logramos conciliar. Luego luego se siente cuando tocas enojado y el disco se oye bien, ¿no? Aparte del costo económico, que sí fue importante, también se trataba de conciliar que las familias estuvieran en el mismo canal, pues, como puedes ver, todos colaboran, ya sea vendiendo discos, cargando instrumentos, echando porras o bailando. Para mí, la Tierra Caliente es su música, su baile, su gente, el mezcal, el río Balsas, el Cerro del Águila… Y la tradición es identidad, es familia, es historia, es patria, pueblo, es música, es baile; yo soy tradición, los Tavira son tradición. En un mundo globalizado, tradición es ver de dónde vienes y adónde vas, es saber enseñarles a tus hijos el valor de la música, decirle al mundo ‘Yo soy de este pedacito de tierra’, pues existen otros tipos de música y de baile de otras regiones, pero la de nosotros es Tierra Caliente y aquí estamos. Sí, creo que en el tiempo de ‘Tierra Caliente. Se mueren los que la mueven’ hubo ese tipo de crisis, de que los viejos músicos se iban muriendo, pero mientras Francisco estaba haciendo su documental, los hermanos Tavira estábamos armándonos, preparándonos más, porque mientras más cultives tu tradición, más se va a conservar. Ahora bien, tú no puedes cambiar y meterte en tu mundito de Tierra Caliente, no, tienes que ir al ritmo de lo moderno sin dejar de cultivar la tradición, y depende de que tú siembres una semilla en tus hijos, que les digas ‘Esto era lo que tocaba tu abuelo’, de que compartas con ellos esos momentos, este momento, de que les des los instrumentos, las herramientas, de que les enseñes que esa música es valiosa para tu familia y que es muy importante que no muera esto”, afirma mientras toma de la mano a su pequeño hijo, de cinco o seis años de edad, quien lo observa con curiosidad. Me inclino y le pregunto: “¿Quieres ser músico cuando seas grande?”. El niño me mira y sin titubear me responde: “Sí”.

Me despido de los hermanos Tavira con los gusanos del mezcal rascándome las venas. Salgo del museo mientras en mi cerebro resuenan los versos de “Tradición”, gusto con letra y música de Cuauhtémoc: “Somos hijos de esta tierra/ de una grande tradición./ Somos la voz que canta/ los ecos de mi región”. Bien vale la pena gritar como gritan ellos: “¡Ajúmala, paisano!”, que hay Tavira para un buen rato.

El disco

“Hermanos Tavira. 150 años de tradición. Música de la Tierra Caliente” incluye los temas “Tradición” (gusto, de Cuahtémoc Tavira Peralta), “Son de Remigio de Rentería” (son, arreglos de Félix Tavira López), “Horizonte calentano” (marcha, de CTP), “Me dijiste que tú me querías” (gusto, arreglo de los HT), “La tortolita” (son, de Juan Bartolo Tavira), “El todo de mi nada” (danzonete, de José Guadalupe Tavira López, arreglo de CTP), “El gusto federal” (gusto, de JBT), “Son homenaje al ‘Picado’” (son, arreglo de Ángel Tavira Maldonado), “De mi rancho a Ajuchitlán” (gusto, de JGTL), “Azucena” (vals, de CTP), “La rema” (gusto, de JBT), “La mariquita” (gusto, arreglo de CTP) y “Son de Tavira” (son, de CTP). Además de los Hermanos Tavira, participaron en la grabación como músicos invitados Ángel Tavira Maldonado, Ulises Martínez Vázquez, Elías Tavira Mendoza, Ricardo Flores Mijangos y Edgar Serralde Mayer –estos dos últimos también tocaron el sábado 2 con los HT en Coyoacán–. Para más información: http://www.hermanostavira.com/.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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