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Arte y Cultura - December 5, 2006

Los caminos del huapango: un kikapú con corazón huasteco en Amatlán

Víctor Galiano Romero
Cortés, de oficio profesor
 y coleccionista de discos
Foto: Gregorio Martínez
Moctezuma/Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 5 de diciembre de 2006. En la XVII Fiesta Anual del Huapango “Encuentro de las Huastecas”, celebrada el último fin de semana de noviembre en Amatlán, Veracruz, es común encontrarse a toda suerte de personajes, pues es un cónclave al que acuden todos los que gustan de la cultura huasteca.

Así, como la Plaza o Parque Central amateco no es muy grande, es común ver a grupos de amigos platicando o trovando. En uno de estos últimos, el sábado 25, se encontraban tocando e improvisando Jorge Morenos, Miguel Compeán y Alejandro Flores, tampiqueños de origen los dos primeros, chilango el tercero, en compañía de un excelente trío hidalguense cuyo nombre desconozco, ya que al preguntárselo al violinista y trovador del mismo, sólo sonrió y me dijo “Somos de Hidalgo, nada más”.

Y es que esto es muy frecuente en fiestas como la de Amatlán, donde la organización no depende tanto de las autoridades sino de los habitantes, pues los amigos siempre se encuentran y comienzan a tocar y a cantar, nomás por gusto. Como dice el dicho, “Dios los hace y ellos se juntan”.

Bueno, esa tarde del sábado 25 de noviembre, después de entrevistar a don Víctor Samuel Martínez Segura, legendario trovador huasteco oriundo de Ozuluama, Veracruz, quien ha sido honrado en Amatlán con la presea “Sol Poniente” –que los amatecos otorgan a todas aquellas personas que han hecho mucho por el huapango–, me dirigí al corro que mencioné antes, del que surgían música y versos de buen oír. Ahí conocí a un amigo que, grabadora en mano, festejaba los versos que improvisaban Compeán y el violinista del trío.

Concluido el juego –este tipo de reunión de amigos tiene mucho de lúdico, entre otros elementos–, me acerqué al hombre de la grabadora, de sonrisa afable y voz típica de norteño. Le pregunté lo obvio: que si grababa y para qué. Amable, accedió a contarme. Como muchos, como todos los que no nacieron en la región, es un huasteco de corazón. El que sigue es su interesante testimonio.

“Me llamo Víctor Galiano Romero Cortés, de oficio profesor. Nací en Ciudad Melchor Múzquiz, Coahuila, el Oasis del Norte, pero llevo viviendo 38 años en Reynosa, Tamaulipas. Ah, porque yo nací en 1944 en el meritito Oasis del Norte, pero fui registrado en 1951, sin estar presente, en Tepetzintla, como nacido en Cerro Azul, Veracruz. Por eso dijo un compadre que fue director general de educación física en Veracruz, “Compadre, toda la gloria tuya va a ser para Veracruz”, pero me siento cien por ciento de Múzquiz, cien por ciento kikapú. De hecho, mi carrera de profesor la terminé en Saltillo, Coahuila. Ahí estudié la primaria, la secundaria y la Normal básica. Empecé mi trabajo en Empalme, Sonora, estuve tres años en secundarias y enseñaba bailables a partir de los cursos que me dieron en la Normal, pues nos daban danza, así que lo poquito que ahí aprendí lo ponía en práctica al montar sones y jarabes. En Sonora, durante los tres años que trabajé allá, aparte de enseñar básquetbol y algunos deportes, también enseñaba al grupo de danza de la secundaria. Llegué a Tamaulipas, a Ciudad Mante, que es Huasteca, y ahí empecé a escuchar más la música y también puse bailables, pero no de son huasteco, ya que poner los pasos del huapango al estilo Tamaulipas se me hacía más difícil. El que ponía los bailes más bonitos era un profesor e investigador de Ocampo, Tamaulipas. Cuando fuimos a un concurso, vi los bailables que puso y le dije, ‘Te robaron el primer lugar’, porque era cierto. En esos años todavía no nos acostumbrábamos o el jurado no se acostumbraba a ver el huapango como él lo estaba llevando; el primer lugar se lo llevó el anfitrión, la escuela anfitriona (ríe).

“Me agrada mucho la música, escucho música de todo tipo, hasta clásica, pero que me agrade, ¿verdad? Resulta que yo empecé a ir en México –pues también viví un tiempo en “la Capirucha”– a la Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería. Claro, afuera se ponen músicos, ahí empecé a escuchar a Guillermo Velázquez, pero para ese momento yo ya escuchaba en discos a El Negro Marcelino, a Elpidio Ramírez… Ah, porque déjame decirte que yo tengo una colección de discos. Muchas personas los han tirado, yo no; es más, tengo muchos que me los han regalado, ahí los tengo en la casa. Calculo que tengo más de 300, sí, discos de 33 revoluciones por minuto (rpm), de 45 (rpm), aparte de los mentados cedé. La gente les dice cidí, me dicen, ‘¿Por qué les dices cedé?’. Les digo, ‘Estamos en México, yo soy mexicano…” Entonces por eso les digo cedés. El reproductor me lo regalaron mis hijos, así primero compré uno, luego otro y otro y así hasta ahora. De éstos calculo que tengo más de 200; de los festivales de la Huasteca tengo del uno hasta el ocho –de once festivales que han hecho–, cedés de música, porque el nueve no ha salido, que es el de González, Tamaulipas.

“Bueno, me volví seguidor de este tipo de encuentros huastecos de un tiempo a la fecha. Desde antes me daba cuenta de que existían, pero no había tenido oportunidad de asistir. Sabía de ellos por la lectura del periódico, yo compraba el periódico de México, ‘La Jornada’, entonces en la parte cultural ahí me enteraba yo de todo esto. Sí, tengo algunos recortes. Mira, yo duré como cinco años con todo el periódico de ‘La Jornada’ de 1994, completito. Ese periódico lo compraba hasta que dije ya, pero caricaturas o los monos, de ‘La Jornada’ del 94, los tengo todos. Luego me dicen que por qué no los escaneo, les digo es que son muchos, mejor aquí escojo o selecciono algunos. Me agrada mucho la música huasteca, escucharla, disfrutarla, y me pesaba mucho no poder asistir. Y por más que procuraba, no podía asistir; me quejaba porque tenía que estar en reuniones de mi trabajo. Les decía, ‘Mientras yo estoy aquí batallando con esto, en juntas, allá en la Huasteca están disfrutando el Festival, y yo aquí con ustedes…’ (ríe). Hasta que me dieron la oportunidad, fíjate, hasta que llegó el noveno festival.

“Esa vez trabajé un día nada más y al día siguiente hice la lucha para terminar antes, terminé, y entonces, ¡pégale hasta González! Sí, en Tamaulipas. Luego me dicen, ‘Hay este evento acá o acullá’. Qué más quisiera, como muchos, poder ir a todos, pero simplemente no se puede. Después de González fui a Jalpan de Serra, en la Sierra Gorda queretana. Estuvo muy bonito, muy bien organizado; me impresionó mucho cuando todos los tríos de Querétaro cantaron ‘El queretano’. Estuvo muy bien, no pude quedarme al último día, pero nos invitaron a ir a la topada, a un lugar que creo que se llama La Purísima, cerca de Jalpan. Es lo mejor, fue lo mejor para mí de ese festival. Desafortunadamente no pude estar hasta el final. Por cierto, casi estoy seguro de que sales en el video de ese festival. Sí, sí sales, andas tomando fotografías, y te acercas a platicar con Rodolfo Guzmán, el versador que vive en Poza Rica. Yo estaba ahí con él, pues ese festival se dedicó a los bailadores tradicionales, bueno, ahí sales. [No lo sabía.] Fui a Pánuco este año, pero me tuve que regresar de volada, sólo estuve un día.

“También estuve en Tamazunchale, fui al quinto concurso del huapango, sólo son bailes. Fíjate, yo no me fastidié, más de seis horas viendo bailar. Claro, sentado, luego me levantaba e iba adonde tocaban los tríos o me acercaba a la tarima de los bailadores y a las esquinas del jurado. Sí, de puro gusto lo hago. Sí, también soy un coleccionista y por eso me gusta grabar, como ahorita a estos amigos. Ah, porque déjame decirte que esto lo comparto con otros compañeros, nos reunimos y hablamos de música. Sí, son grabaciones de campo, las disfruto cuando viajo en la camioneta o ando ahí mismo en Reynosa, que voy de un lado a otro, voy escuchándolas, disfrutándolas, porque son grabaciones de campo, no son de estudio. Sí, esto también es una especie de trabajo de investigación, por eso cuando llegamos allá y platicamos con todos los compañeros de la mesa, todos quieren estar con nosotros, nos juntamos a tomar el café en Reynosa, en un restaurante donde la mesa es  pluripartidista (risas).

“Mira, yo tengo un compañero, tiene 76 años, es mi jefe inmediato, es supervisor. Él se llama Eduardo Benjamín Peña Vélez, él conoce bastante, sabe bastante de música, y si le hablo de esto o de aquello, dice ‘No, esto es así y asá’, de La Hora Azul, de los tríos, de todo… De México, de Nicandro Castillo no se diga, él dice “Compuso esta canción y esta otra’, habla de Francisco Flores, pero el que compuso las canciones, dice ‘Él no compuso la de Victoria, la compuso otra persona, nada más que él se apropió de la letra, la compuso fulano y los primeros que la tocamos fuimos fulano, zutano y yo’. Ah, porque él tocaba la guitarra, formó parte de un trío con sus hermanos, recorrieron casi toda América. No, no escribo de música, pura grilla (ríe). Hacía panfletos –así les le llamaban, ¿no?–, del sindicato, algo como ‘No estoy en contra del sindicato, estoy en contra de las cuestiones que hacen los que están ahí’ (risas). Pocas veces he escrito sobre cuestiones de cultura. Normalmente escribo sobre el trabajo de nosotros, de la evaluación, de los maestros que no hacen lo que deben hacer. Pero no de esto, fíjate, me has dado una idea, voy a platicarla con el maestro, con mi jefe a ver qué dice. Otras veces le he dicho, ‘¿Por qué no dejas que te entreviste Ludivina [Nieto Ornelas, de Radio Tamaulipas, reconocida impulsora y difusora de la musica huasteca]?’, dice él, ‘Pues que me mande las preguntas, para darle respuesta a todas…

“En Reynosa hay dos personas que tienen más música que yo, que yo sepa, pero lejos, casetes, discos, lo que quieras. Es más, esto ellos no lo tienen, ni nadie, pero a veces yo se los llevo a un compañero, me los pasa a cedé y les pone las fotos que yo le doy. Me hace una grabación en cedé. Aún no le doy nada de estos encuentros, tengo lo de Jalpan, en González no grabé nada, en Tamazunchale sí, pero lo que necesitaba era video, aquí también, pero como aquí están todos estos músicos… Sí, es material inédito, único… Además, esto ha servido para que yo invite a otras personas que me acompañan, como es el caso de Artemio López Treviño, de mis parientes, la hermana y prima de mi esposa, Griselda Sosa y Dalila Loera, respectivamente, pues la primera tiene una hija que baila en un grupo de Ciudad Mante. Es más, nos gusta tanto la música huasteca, que el trío Alba Huasteca, de Mante, ha estado en el bautizo de dos de mis nietas, y eso que son cinco horas y media de Mante a Reynosa. Por cierto, ahora que estuve en septiembre en Pánuco, Alba Huasteca fue a cantar a Mier y a Díaz Ordaz, y lo curioso es que en Díaz Ordaz el presidente municipal se enojó porque fueron como 40 gentes al evento y entonces les compró los discos y se los regaló a la gente, y les dijo, ‘Esto es música mexicana, de Tamaulipas…’. Yo he querido organizar algo en Reynosa, el primer regidor ha mostrado interés, y es que más de la mitad de Reynosa son de Veracruz. Creo que sí jalaría un evento de estos…

“¿Que si deseo agregar algo más? ¿De dónde vienes? Ah, pues un saludo enorme a los del DeEfe. ¿Ya sabes lo que significa DF? Defiéndete Forastero (risas). Esta definición es de Coahuila, de un tío mío que ya falleció, él fue cronista de Melchor Múzquiz, Coahuila, murió como a los 80 años. Ah, por cierto, otra gente que tiene muchos discos es un doctor de Múzquiz que tiene bastante material, pero nada más de esa región. Por este tío sé otra cosa. Tú sabes que Múzquiz ha dado artistas, un Carlos Múzquiz, una Laila Buentello, un Agustín Insunza, pero lo curioso es que la canción famosa de… Villarreal se apellida, creo se llama Armando, bueno, dicen que es de Monterrey, parece que la canción se llama ‘Morenita mía’, creo que así se llama, Villarreal era de ahí, de Múzquiz, decía mi tío, pero quién conocía Múzquiz, por eso dijo que era de Monterrey (ríe). Me enteré también de cómo nació la canción esa de ‘La casita’, la original, según mi tío, se juntaron fulano, zutano, mengano y perengano, y aquel le pidió una canción, luego se fueron para allá e hicieron la canción… Bueno, un saludo a todos los que nos lean, y sí, espero convencer a mi jefe para que sigamos en contacto y podamos seguir hablando de música”, concluye el profesor Galiano con una sonrisa. Nos despedimos con un apretón de mano, cada quien, a su manera, siguiendo los caminos del huapango.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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