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Por la Espiral - November 22, 2006

Clinton, asesor de súper lujo

POR LA ESPIRAL
   Claudia Luna Palencia

-Clinton, asesor de súper lujo
-Ex presidentes, jugoso negocio
-Asesorías, know how, conferencias

 No me sorprende el “ofrecimiento” de William Clinton, ex presidente de Estados Unidos, de brindarle asesoría a Felipe Calderón, sobre todo cuando la falta de rumbo percibida desde adentro sucede igualmente hacia afuera y es como querer “echarle la manita” a un país que ya perdió seis años en una transición paralizada y que va a otros seis con mayores riesgos.
 De primera instancia surge una intención de ayudar a encontrar rumbo a la incipiente, en pañales diríamos, democracia mexicana, de la mano de un político del Partido Demócrata que  habló insistentemente del cambio  con el presidente Ernesto Zedillo porque aunque no figura como cláusula explicita en el TLCAN o NAFTA, es una condición necesaria que la Unión Europea, en 1997, no tuvo reparo en sacar a la superficie: cumplir con la democracia para llegar a acuerdos comerciales.
 Por tanto,  Clinton convertido en hábil conferenciante, interlocutor, aderezo  de fiestas y reuniones (por todo cobra) quiere ganarse unos cuantos dólares más asesorando a una economía, como la mexicana, que goza de buena fama por que a los políticos y funcionarios se les paga muy bien con toda la cadena de concesiones que implica la charola oficial.
 Recordemos que del  bolsillo de los mexicanos salieron 40 millones de dólares para pagar la factura del despacho de Michael Mackey, el auditor canadiense, contratado para  revisar las tripas del Fobaproa, luego de que el Congreso de la Unión autorizara pagar por esta inspección independiente para obtener los nombres en la mesa, los culpables, de tan carísimo episodio. Tiempo después, los mexicanos nos quedamos igual sin información transparente.

 

 Para Clinton, más que generoso ofrecimiento, es saber la existencia de una oportunidad para guiar un barco sin capitán, y con muchos puertos a los que llegar, es cobrar además por una actividad que le ha redituado más ingresos en comparación a su sueldo de presidente de Estados Unidos.
 En diversas ocasiones, el periódico Cinco Días y el Clarín han abordado el tema del “jugoso y lucrativo negocio” del ex presidente Clinton, de tal suerte que en 2005, el esposo de Hillary ganó 7.5 millones de dólares por discursos y conferencias.
“Clinton cobra una media de 150 mil dólares por evento pero a veces sube la tarifa hasta los 350 mil dólares”, de acuerdo con lo ventilado por ambos periódicos.
 Según el Clarín, en un viaje del ex presidente a Japón para hablar de la globalización, Clinton cobró 450 mil dólares por su estancia de tres días.
 La política y el marketing han provocado  una nueva ola de ex presidentes light, una amplia generación candidata al programa de Oprah, que le da lo mismo contar sus intimidades en un libro, la autobiografía esperada, hacer el ridículo con algún grupo de cantantes, lucir cabellera más lustrada y los inocultables signos del lifting, y pararse frente a un auditorio para rescatar algún viejo discurso de campaña defensor de las acciones de su gobierno y favorable para el capitalismo, la globalización y el neoliberalismo.
 Al parecer Anthony Blair, primer ministro de Gran Bretaña, apenas deje el gobierno seguirá la misma línea de Clinton. En México, uno que ya se apuntó es Vicente Fox todavía presidente, al que le vendría  muy bien trabajar en Televisa para asesorar de tiempo completo a Emilio Azcárraga Jean, le servirá al heredero para obtener el máximo  provecho de la ley que Fox le regaló en su sexenio, junto con todo el poder monopólico consolidado en este sexenio como medio de comunicación masivo.
A COLACIÓN
 ¿Cuáles podrían ser los consejos a Calderón de parte del ex presidente Clinton?
 Con buena cartera de por medio, Clinton podría orientar a  México para que  insistiera en América Latina, sobre todo en América del Sur,  acerca de la amplia conveniencia de la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), aunque el propio Hugo Chávez, presidente de Venezuela, se encargó de sepultarlo con la histórica frase de “ALCA, ALCA, al carajo”.
 Otro aspecto que Clinton podría asesorar tiene que ver con inducir la búsqueda de una nueva ronda de negociaciones en la Organización Mundial del Comercio, lo mismo que proponer la renovación del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP).
 En la parte de las negociaciones externas seguramente el ex presidente se inclinaría a favor de que México “retome la competitividad” ante Canadá y  China, y trate de darle un nuevo auge al TLCAN o NAFTA por medio de la construcción de un nuevo escalafón en el eje de la integración de América del Norte.
 En este sentido, una frontera común, una seguridad común, serían premisas a desarrollar en tanto que en la parte económica, la posibilidad de un mayor acercamiento mediante un lenguaje monetario único o lo más parecido podrían significarle ventajas a los exportadores y a los sectores integrados.
 Clinton parece muy dispuesto a poner todo su conocimiento y experiencia al servicio de un gobierno latinoamericano que pueda pagar bien los servicios prestados.
 México es un candidato idóneo por la cercanía geográfica, por los nexos comerciales con Estados Unidos,  los intereses económicos predominantes en un país que se amaneció esta semana con tres presidentes: Vicente Fox, como presidente en funciones, a punto de salir; Felipe Calderón, como presidente electo, a punto de tomar posesión el primero de diciembre; y Andrés Manuel López Obrador, autoproclamado presidente legítimo por el poder popular.
 No es fortuito, ni mucho menos casual, ni desinteresado el acercamiento de Clinton estos días por México, su abierta sinceridad de “querer darle consejos a Calderón para que la economía crezca”, él busca tender un puente de confianza para los inversionistas estadounidenses nerviosos y cada vez más nerviosos ante el caudal de acontecimientos en el país, ahora más preocupados por un futuro incierto y porque nadie quiere quedarse en un escenario donde la creciente incertidumbre es ave de mal agüero para los que tienen infraestructura, empresas, inversiones que generan empleos.
 Los empresarios estadounidenses están buscando interlocutores confiables y renombrados con gran peso específico como puede serlo alguien de la talla de un ex presidente de Estados Unidos para saber que México no se irá por el desfiladero junto con su dinero.
 A estas horas no imagino siguiera cuántas llamadas estará recibiendo Carlos Slim Helú de empresarios buscando un poco de tranquilidad u orientación.
 Sea como fuere, me parece que los consejos de Clinton son muy caros.

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