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Análisis Global - November 18, 2006

El dragón a la caza del león

El dragón a la caza del león

Isaac Bigio

El dragón chino ha puesto sus baterías sobre la tierra de los leones y las jirafas. Casi todos los mandatarios africanos acudieron del 3 al 5 de noviembre a Beijing, que apunta a desplazar a Londres y a París como el mayor socio comercial del continente negro.

China, con este evento, ha demostrado ser “un poder mundial emergente capaz de movilizar a 48 de los 53 jefes de Estado de África. No veo ningún paralelo en la historia. No lo han hecho antes ni Rusia ni EE.UU.”, comenta Wenran Jiang, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Alberta, en Canadá.

China viene logrando un significativo reposicionamiento en África. Su economía, que es la que más crece en el mundo (a un ritmo de 9 por ciento anual), requiere vorazmente de petróleo, metales y materias primas. África y América Latina se los proveen y es por eso que el comercio entre China y estas dos regiones se ha duplicado desde 1995.

En el caso africano se nota un gran descenso del comercio entre el continente negro y su tradicional socio comercial (Europa). Incluso, más del 10 por ciento del comercio exterior africano se hace con China. Se espera que para este año dicho comercio chino-africano supere los 50.000 millones de dólares, cinco veces más que en el 2000, y que en el 2010 supere los 100.000 millones de dólares, lo que hará que China devenga en la principal potencia inversionista y comercial de África.

China promete destinar a África hasta esa fecha unos 5.000 millones de dólares en préstamos blandos y créditos que se pagarían con exportaciones. En Beijing se firmaron una docena de acuerdos comerciales por casi 2.000 millones de dólares, mientras una empresa china anunciaba un contrato para construir un ferrocarril en Nigeria por un valor de 8.300 millones de dólares.

Una cultura política diferente

Según plantea Ato Seyoum Mesfin, canciller etíope, Occidente los desprecia como “una cumbre de déspotas y dictadores que buscan escapar de la presión occidental por derechos humanos”. Sin embargo —para él— buscar el desarrollo “es un derecho humano”.

Entre el 50 y 70 por ciento del comercio externo de Chad, Congo y Sudán va a China. Estos tres países han presenciado masacres masivas. Sudán es acusado de fomentar genocidio.

China, a diferencia de EE.UU. y la Unión Europea, no exige cambios políticos, elecciones o derechos humanos para condicionar préstamos o inversiones. Para China eso es inmiscuirse en asuntos internos de otras naciones y una hipocresía, pues Occidente impulsó durante la Guerra Fría la mayor parte de las peores dictaduras africanas.

En África, igualmente, se percibe que detrás de la presión para liberalizar los sistemas políticos se esconde la necesidad de abrir las empresas públicas y el mercado interno a las multinacionales occidentales.

China, sin embargo, no sólo comercia con Sudán sino que le vende armas y lo protege en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra sanciones. Otro caso es el de Guinea Ecuatorial. Este es el país hispanohablante que más comercia (36 por ciento) con China, pero también es la única república de habla hispana que jamás haya tenido una elección multipartidaria y que siempre haya vivido bajo la tiranía de la misma familia.

Más fuerza en Latinoamérica

Lo que China invierte en África es apenas la sexta parte de lo que lo hace en América Latina. Lo que hoy hace en el continente negro, según un editorial de El País de España, es una continuación “de la gran ofensiva lanzada el pasado año por el presidente Hu Jintao en Latinoamérica”.

Muchos sectores conciben que China sea una buena contraparte frente a Occidente, que siempre busca promover privatizaciones y liberalizar el mercado. Para el candidato ecuatoriano Rafael Correa, China muestra que es posible desarrollarse manteniendo una alta intervención estatal.

El país asiático, a diferencia de Europa, nunca ha colonizado a África ni América Latina ni tampoco envía sus tropas. Como comenta a Tiempos del Mundo Chun Lin, la experta en China de la London School of Economics, Beijing no busca imponer precios por debajo del mercado mundial.

Tampoco busca desarrollar la industria manufacturera local. El país está interesado en materias primas y, más bien, inunda a toda África con manufacturas baratas, hechas con una mano de obra de salarios y condiciones laborales incluso hasta peores que varias naciones africanas.

Si hace 40 años China exportaba su ideología que promovía revoluciones contra el capital, ahora el país quiere exportar capitales y está en contra de cualquier revolución (incluso de una que democratice a una tiranía africana).

 

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