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Música - November 13, 2006

“Tequila azul y batuta”, Betsy Pecanins interpreta magistralmente canciones mexicanas

La intérprete es
acompañada por la
Orquesta de Baja California
Foto: Azteca21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 13 de noviembre de 2006. Aparecido hace tres años, “Tequila azul y batuta”, de Betsy Pecanins y la Orquesta de Baja California (Mosca Fly, 400 lunas, CONACULTA y JM distribuidores, México, 2003) es un disco que, efectivamente, invita a escucharlo con un buen mezcal de agave y una buena compañía –que bien puede ser nuestra memoria y sus fantasmas–, porque tiene el tono íntimo y las canciones necesarios para ensimismarse o cantarse a dos voces, como un murmullo.

Además, muestra una faceta más de esta gran cantante catalana-mexicana, de música y espíritu universales, que opta en esta producción discográfica por un repertorio clásico de la música popular mexicana acompañada de la OBC, bajo la batuta del maestro Eduardo Diazmuñoz, quien es proclive a las expresiones populares de nuestro país.

En “Tequila azul y batuta” tenemos la oportunidad de escuchar a Betsy en otro tono, en otra tesitura, en otra intensidad vocal, igual de sentida que en el blues, pero más hacia adentro, más mirando a lo nuestro; sin embargo, creo, contenida o limitada por los arreglos sinfónicos. Bueno, estos mismos temas suenan muy diferentes cuando la acompaña su grupo de músicos, más bluseados. Así, es un disco que apetece en la penumbra de un atardecer, rumiando nostalgia y algo de tristeza, o mucha, según el sentimiento acumulado.

Los arreglos mismos son afortunados y uno se imagina que también deben sonar excelentemente sin acompañamiento vocal. Es decir, me parece que la voz de Betsy se desliza, se posa sobre cada arreglo, que en sí mismos son ya interesantes. Al respecto, la misma cantante ha dicho que “Cada tema significó para mí un encuentro con el talento de cada uno de los compositores contemporáneos que contribuyeron como arreglistas y realizaron un auténtico trabajo de creación, y con quienes me unen amistades singulares: Eduardo Diazmuñoz, Arturo Márquez, Enrique Nery, Alberto Núñez Palacio, David Rodríguez de la Peña, Rosino Serrano y Eugenio Toussaint. Contar con la sensibilidad, el buen gusto y el extraordinario sentido del humor de Rosino Serrano en la producción, y con los inagotables recursos musicales y el gran trabajo de dirección orquestal de Eduardo Diazmuñoz me fortalece y me honra”. Casi nada, ¿no? Pero, como dice la sabiduría popular, “Honor a quien honor merece”.

De este modo, cada tema es un estilo diferente y exige una interpretación, a veces uno más afortunado que otro desde mi punto de vista, pero siempre disfrutable, interesante. Asimismo, la selección es un verdadero mosaico de nuestra música más arraigada en distintas regiones musicales, como se aprecia a través de los catorce temas de “Tequila azul y batuta”: “La tequilera”, “El fandanguito”, “La noche de mi mal”, “La borrachita”, “Pa’ todo el año”, “¿De qué te cuidas?”, “El sentimiento”, “Canción mixteca”, “Volver, volver”, “Traición a Juan”, “Tristes recuerdos”, “Que te vaya bonito”, “Rayando el sol” –con el maestro Roberto Limón a la guitarra– y “La chancla”.

En fin, cuando la nostalgia y la tentación de recordar y olvidar se aproximen a su corazón, “Tequila azul y batuta” es un magnífico catalizador para disfrutar de esos entrañables sentimientos. Así que ¡salud!, y que le aproveche.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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