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Por la Espiral - October 30, 2006

Economía ficción

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia
 
Economía ficción
De nuevo para atrás
EUA y la desaceleración

 

Apenas calentábamos motores en la economía mexicana y debemos volver a ponerlos en automático gracias a  Estados Unidos, el gigante al que estamos adheridos, muestra signos de desaceleración económica.
Tenemos más de lo mismo en la clásica preocupación dolor nuestro de cada día “cuando Estados Unidos estornuda, México padece un resfriado”, exagerando un poco, casi pescamos una pulmonía.
La dependencia de México es un caso digno para el psicoanálisis primordialmente por lo malsano de una relación desventajosa para el país azteca con el NAFTA o TLCAN.   Hemos caído en una fase de humillación, un masoquismo por el muro, el trato a los inmigrantes, las largas, largas filas diarias que los mexicanos realizan para gestionar una visa o bien para cruzar algún punto de revisión aduanal. Es el masoquismo en ciernes, nos tratan mal pero insistimos, ponemos la cara.
Esta relación tan desventajosa debería llevarnos a replantearnos qué tan buena o mala es una  simbiosis basada en un modelo con orientación hacia el mercado exterior, que no es  plural, más bien monofásica,  de entrada nos lleva de la mano a fungir como el eslabón más débil porque únicamente somos los maquiladores del traspatio de Estados Unidos.
Me parece que pegarnos al gigante herido de muerte y convertirnos en analfabetos del ciclo estadounidense es condenarnos a una fase de menos tiempo para el crecimiento sostenido y mayor  vulnerabilidad para las recesiones.
Tarde o temprano las diferencias subyacen: México no es una economía de guerra, ni un socio de primer nivel para la Unión Americana, aunque tengamos un tratado de por medio somos usados a conveniencia en una relación históricamente masoquista.
¿Cuándo aprenderemos que el mercado externo tiene sus bondades y sus costos y que la diversificación nos permite reducir los riesgos y ampliar los horizontes? Mantener una apuesta y pensar que solamente la Unión Americana es un as bajo la manga es apostarle a un futuro muy limitado y peligrosamente cíclico.
Comencemos a realizarnos cuestionamientos, a conducirnos al autoanálisis de lo que significativamente Estados Unidos es para México vía el NAFTA o TLCAN, a doce años de distancia de la entrada en vigor del tratado no hemos mejorado nuestros niveles de ingreso,  inversión y formación de bruta de capital, comparado con los estadounidenses o canadienses.
 En cambio aconteció  una segmentación de la economía mexicana hacia los nichos,  unos rentables si participan en la industria maquiladora aunque endebles a las altas y bajas, de acuerdo al sostenimiento del mercado con Estados Unidos.
 De todo, lo más real, es que el crecimiento descansado en un modelo exportador monofásico (simbiótico al más fuerte, en este caso la Unión Americana) no elimina las asimetrías en muchos casos las agudiza como lo demuestra el sector primario de la producción en México.
A COLACIÓN
  Problemas del crecimiento cuyo acelerador cuantitativo encuentra iguales problemas en el desarrollo, la parte cualitativa tampoco logra manifestaciones exitosas bajo la actual fórmula del mercado.
 México tiene problemas para planear el futuro con una serie de variables atadas a cuestiones cíclicas: 1) El crecimiento de Estados Unidos que ata las exportaciones mexicanas a sus altas o sus bajas. 2) El petróleo, cuyas exportaciones y el retorno de los ingresos dependen de las altas o las bajas de este insumo energético en el mercado internacional. 3) La inversión extranjera directa, cuya presencia requiere de una serie de privatizaciones y concesiones en las que México lleva años empantanado por una serie de decisiones internas. Para captar flujos de inversión extranjera directa se tiene, además, una gran competencia global con otros países emergentes.
 ¿Qué le pasaría al crecimiento de México, su viabilidad inmediata, si le quitamos estas tres variables, en las que Estados Unidos juega un papel fundamental?
 El reto para los economistas mexicanos es formular tácticas de crecimiento donde la variable Estados Unidos tenga menor peso, lo mismo que el petróleo.
 Hagamos cálculos para poder favorecer la renta per cápita. Por muchos años diversos analistas han intentado realizar una serie de paralelismos entre el México de la dictadura del partido priísta y la salida de España de la dictadura franquista hacia el mercado integrador primero de la Comunidad Económica Europea (CCE), después en la Unión Europea (UE), y con el euro en la Unión Monetaria (UME). No soy una analista  que concuerda con tales comparaciones, ni en lo político, ni en lo económico. Lo que si es una realidad es que España ha tenido grandes saltos  con la integración al bloque europeo, en cambio, en México el NAFTA o TLCAN, ha dejado resultados  magros y asimétricos.
 A estas alturas, México y Polonia tienen algunas coincidencias por lo que refiere a la parte del ingreso per cápita, venir de una plutocracia partidista y un sistema central cuyo gasto público también llenó las manos de la corrupción con el pago de prebendas y lealtades. Polonia ha sido aceptada en la UE, al bloque ya no de los 15, sino de los 25 (próximamente serán 27 con la sexta ampliación con Bulgaria y Rumania y quedarán pendientes Croacia y Turquía), veremos en diez años cuál de los dos países, México o Polonia, lograron un  verdadero despegue e incrementaron la  renta per cápita.
 En tanto, en México siguen las correcciones de los  cálculos del PIB sobre de la marcha porque cualquiera de sus tres variables fundamentales arriba explicadas tienen su dinámica; así es que, de crecer 3% anual de manera sostenida en los próximos años necesitaremos, según cálculos propios, 23.33 años para duplicar la renta per cápita actual.
 En cambio, de crecer sostenidamente al 5% en los próximos años, tendríamos que en 14 años duplicaríamos la renta per cápita; empero, de hacerlo en  2% anual demoraríamos 35 años para duplicar el ingreso per cápita so pena de varias generaciones de mexicanos.
GALIMATÍAS
 El optimismo del gobierno por un rumbo económico de presunción internacional, siempre boyante, creador de empleos, repartidor de beneficios, no es más que de economía ficción.
 Estados Unidos  lo recordó la semana pasada con los datos de que su economía volvió a perder impulso en el tercer trimestre del año por la desaceleración de la industria de la construcción. El crecimiento anualizado  del 1.6% es la cifra más baja desde el inicio del año 2003. Mientras el déficit comercial creció en el segundo trimestre un 2.5%, hasta los 639 mil 900 millones de dólares.
Para México implica rehacer el pronóstico de crecimiento para el próximo año por debajo del 3 por ciento.

 

 

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