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Música - October 27, 2006

“Suite huasteca-Suite tarasca”, de Jesús Echevarría, música gozosamente mexicana

Un verdadero banquete
de música mexicana,
de buena música de concierto
Foto: Azteca21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 27 de octubre de 2006. El placer de escuchar música de concierto o “clásica” se incrementa cuando nos reconocemos en ella, cuando, como en el caso que nos ocupa, ella es reflejo y esencia de nuestra identidad, cuando algo de la riqueza y la diversidad cultural de nuestro país se trasunta en ella. En este sentido, podemos pensar en nuestros grandes compositores nacionalistas (Chávez, Revueltas, Galindo, Huízar…) que lograban, de modo similar a los grandes compositores universales, capturar parte de nuestro espíritu nacional para plasmarlo en sus creaciones musicales.

Con lo anterior no quiero decir que la buena música de concierto deba nutrirse necesariamente de lo nacional o autóctono para alcanzar la altura de lo universal. No, por supuesto, pues, parafraseando a Alfonso Reyes, hay que ser universales para ser más nacionales. Y precisamente esto se puede apreciar en el disco compacto “Suite huasteca-Suite tarasca” (Quindecim Recordings, México, 2002), del destacado compositor mexicano contemporáneo Jesús Echevarría, interpretadas ambas por el Cuarteto Ruso-Americano.

Así, este disco se inserta naturalmente en la música del mundo a partir de retomar melodías o temas del son huasteco y creando otros originales con base en las ideas y sensaciones que la música de la Tierra Caliente michoacana suscitó en el autor. Créame: escuchar las dos suites es un verdadero banquete de música mexicana, de buena música de concierto, de cámara. En el caso de la “Suite huasteca” no resulta difícil identificar temas huastecos, pero transmutados en algo nuevo, vigoroso, sutil; en cuanto a la “Suite tarasca” admira, cautiva y produce un gozoso bienestar la majestuosidad, la cadencia, la pureza o transparencia (¿el clasicismo?), la súbita energía del sonido articulado por Echevarría. Ambas suites generosamente universales, como quería el autor de “Ifigenia cruel”.

Por supuesto, éstas son sólo las impresiones que produce la música de Echevarría en mí, un aficionado, que se dirige a otro para hacerlo partícipe de aquéllas. Admiro mucho la obra de este compositor (afortunadamente, parte de ella está editada también en Quindecim y ha sido comentada en Azteca 21) y lo recomiendo ampliamente a todas las personas que, como nosotros, nos gusta lo nuestro en todo su esplendor.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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