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Libros - October 26, 2006

“En el nombre de mi hijo”, una historia de amor por la vida y un grito contra la prepotencia

Portada de un libro
que causará
una gran polémica
Foto: Azteca21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 24 de octubre de 2006. “En el nombre de mi hijo. Para él significa su libertad, para el clan Fox un negocio millonario”, de Edgar Arroyo (Grijalbo, México, 2006), es un libro que estremece, conmueve, ilustra, admira, pasma y… Es un testimonio de un hombre mexicano ejemplar (¿por qué no hemos de creerle si “el cielo se ha abierto para él”?) que sufre lo indecible por intentar darle una mejor calidad de vida a uno de sus hijos y por defender su patrimonio, amenazado por confiar en Juan Pablo Fox Quesada, el hermano del aún presidente de México.

La historia que Edgar Arroyo narra en “En el nombre de mi hijo…” vuelve a confirmar que la realidad siempre supera a la ficción. Su propia historia personal resulta admirable y bien podría servir de argumento para una buena película o incluso servir de modelo de superación personal como un texto de lectura obligatoria para todos aquellos empresarios dispuestos a alcanzar sus metas.

Sin embargo, también sirve para comprobar que en México las cosas no han cambiado o lo han hecho para empeorar. El estrés, la tortura física y psicológica, la intimidación, la injusticia, la violación a sus derechos humanos… en fin, todos los agravios que ha padecido el autor junto con su familia son incalificables, escapan a una comprensión racional, lógica. Es decir, lo lee uno y no termina de admitirlo, de creerlo del todo.

¿Esto ocurre en México en los inicios del siglo XXI, en el sexenio de un presidente que se ha cansado de hablar del “cambio” y que hace apenas unos días –el 20 de este mes– declaró, durante la entrega de premios y reconocimientos a la calidad y a la innovación gubernamental, que en nuestro país su gobierno puso fin al amiguismo? ¿Y qué pasa con el tráfico de influencias, con la injusticia, con los actos de su hermano denunciados y documentados en este libro?

Mezclando una maravillosa historia de superación personal con otra oprobiosa e injusta, Edgar Arroyo cuenta cómo “el cielo se le abre” en su natal Aguascalientes para conocer a una persona extraordinaria que le permite expandir su visión del mundo y de la vida, y cómo desde ese momento le cambia la vida. A partir de ese encuentro, Edgar conoce el camino de los triunfadores con base en su esfuerzo y los “milagros” que le ocurren en su vida. Entre ellos el nacimiento de si hijo Andrés, quien padece una enfermedad exótica, crónico-degenerativa (Melliue mitocondria). Este suceso lo obliga a buscar darle una vida más decorosa, una vida “más vida”. Invierte tiempo, dinero y esfuerzo para conseguirlo; viaja, consulta especialista y termina dedicándose, con apoyo de su familia y leales amigos y compañeros de trabajo, a obtener él mismo la solución: un producto farmacéutico que logra beneficios considerables en la salud de su hijo y en la de muchas personas más que lo requieren.

Formado con una visión empresarial, Edgar decide expandir su empresa y los beneficios de su descubrimiento para ayudar a más gente que padece alguna enfermedad grave. Este mexicano valiente y honesto, digno de ser el protagonista de su propia historia ejemplar, va en camino de cristalizar sus sueños, sus proyectos… hasta que se cruza en su trayectoria el susodicho hermano “incómodo”. Y su historia maravillosa, azul, rosa o del color que el lector asocie con el éxito, el amor y la felicidad, se torna funesta, casi trágica, absolutamente pesadillesca.

Al parecer, este testimonio –que linda con la temática de las historias de éxito y superación personal y la denuncia política– se queda incompleto, pues desde ese encuentro desgraciado, la vida del autor se volvió un infierno donde las leyes se vuelven inextricable sendero para su causa, hasta llevarlo a la cárcel, y ahí finaliza su versión de los hechos.

Por supuesto, el lector se queda no sólo indignado –y comparte el sentir de Sara, su ejemplar esposa, “No me sentía cansada, a pesar de tantas horas sin dormir, sino destruida, llena de impotencia, frustración e ira. ¡Qué injusta vida! Nunca creí que la corrupción en mi país fuera tan descarada.”–, sino también en suspenso acerca del destino de este investigador y empresario mexicano que no es un delincuente y está preso, cuando debiera ser un ejemplo para todos nosotros y un benefactor para muchos millones de seres humanos que podríamos beneficiarnos con sus descubrimientos.

“En el nombre de mi hijo…” es un ejemplo de vida y de dignidad, un grito de desesperación de un hombre bueno que busca salir de una pesadilla. Es un libro que debemos leer, porque nos brinda lecciones maravillosas de vida, porque, como todo buen libro, después de su lectura algo cambia en nuestra vida. Edgar –o como te llames–, deseo fervientemente que de nuevo “el cielo se abra para ti”, porque las tinieblas de la ilegalidad y la injusticia nunca podrán con la transparencia de un cielo azul, promisorio, como el de tu tierra, como el que México y todos los mexicanos nos merecemos.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Afirma Fox que su gobierno puso fin al amiguismo
Fecha: 20 de octubre del 2006
Reportero: Guadalupe Contreras
Fuente: Once Noticias

El presidente Vicente Fox entregó premios y reconocimientos a la calidad y la innovación gubernamental. Ahí, afirmó que su gobierno puso fin al amiguismo en la función pública.

 “El mandato de las y los mexicanos fue terminar con la oscuridad y la discrecionalidad en la administración de los asuntos públicos, fue poner un alto a las inercias que tanto minaron el desarrollo y el progreso de México. Dimos inicio a una nueva etapa en la Administración Pública Federal para poner fin al amiguismo, dar entrada al mérito”, manifestó Fox.

 El presidente subrayó que actualmente existe una nueva cultura de transparencia y rendición de cuentas: “sentamos las bases para un gobierno más honesto y más transparente, con la entrada en vigor de la Ley de Transparencia y la creación del instituto correspondiente. Pusimos fin a la opacidad en la Administración Pública Federal”.

 

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