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Por la Espiral - October 4, 2006

México y Brasil: economía y política

  POR LA ESPIRAL
   Claudia Luna Palencia

-México y Brasil: economía y política
-Más puntos de coincidencia
-Calderón y Lula da silva ni tan distantes

México y Brasil son los dos países de América Latina más populosos, muchas veces son comparados por cierta problemática común derivada de la demografía, sus consecuencias sociales, los retos para las políticas públicas y los programas de choque.
 Circunstancialmente los dos países enfrentaron este año la renovación de la Presidencia de la República, cada uno con sus propios procesos electorales internos, matizados por necesidades particulares dado que en México el interés principal de la gente cambió en los últimos seis años, al pasar de una demanda de mejoría económica por la de seguridad; en Brasil, el electorado acudió a las urnas subrayando la necesidad de mejoría económica como elemento sustancial, seguido por el de mayor seguridad.
 Otro aspecto interesante de ambos procesos del 2006: el del 2 de julio de México  y el del 1 de octubre de Brasil fue una mayor presencia electoral, gente convencida de que la incipiente democracia puede rendir frutos en unas décadas más a las nuevas generaciones. Es cuestión de encontrar los canales adecuados y de madurar.
 Parte sustancial son las autoridades electorales y los instrumentos puestos al alcance de la población para el acceso al voto, mientras en México el voto es directo en las boletas, en Brasil funciona la urna electrónica desde hace diez años.
 Entre las convergencias y las divergencias atribuidas a estas dos naciones hermanas, destacamos ante todo el rol esencial de México y Brasil en la región, acaso el país del sol azteca ha perdido liderazgo particularmente desde el sexenio de Ernesto Zedillo y más aceleradamente en el actual a punto de fenecer, del presidente Vicente Fox. Todo lo contrario, Brasil se posicionó de manera clave, todavía más tras la crisis de Argentina de finales del 2001.
 Los puntos de ironía de dos países con marcados problemas sociales son que ni derecha ni izquierda pueden dar pasos reales de avance para reducir la brecha que profundiza el rencor social el dilema entre los poseedores y los desposeídos.
 Básicamente no pueden con el paquete ni el México gobernado por la derecha  (PAN) desde el 2000, lista para continuar con el poder por seis años más con Felipe Calderón hasta el 2012; ni la izquierda gobernante en Brasil desde el 2002 (con el PT) con el triunfo del eterno candidato Luiz Inácio Lula da Silva, quien con el pase a la  segunda vuelta electoral enfrenta una acuciosa caída en la popularidad en lo que apunta a una reelección por cuatro años al frente de la  Presidencia.
 No dudemos que en las primeras cumbres latinoamericanas Calderón y Lula se estrecharán las manos. Un buen aperitivo para los encuentros inmediatos sucederá en Davos, Suiza en el Foro Económico Mundial de enero del 2007.
A COLACIÓN
 Es muy nutritivo para los analistas observar el escenario de México y Brasil, y estructurar proyecciones de corto plazo para las relaciones de ambos. ¿Hay diferencias irreconciliables entre Calderón y Lula? De entrada las apariencias engañan: aparentemente una diferencia ideológica los lleva a una participación política contraria, casi enfrentada, entre la derecha que protege al que más tiene y favorece el paso del capital neoliberal (congenian muy bien) por que coincide en que el gobierno  debe ahorrar; en la privatización de los servicios; y  en la máxima a favor del desembolso de la colectividad.  En cambio, la izquierda latinoamericana recurre a la retórica; rescata la imagen de  personajes héroes del socialismo para encender las pasiones; critica y condena el neoliberalismo; el poder de las multinacionales; visualiza al  gobierno como  pater familis con la colectividad (choca en el verbo con la derecha) pero en cuanto gobierna se ciñe al neoliberalismo.
 Por principio de cuentas, Calderón representante de  un gobierno de derecha llega atado de manos a gobernar; curiosamente, Lula comenzó maniatado por la herencia de pasivos y problemas que le dejó Henrique Cardoso más todo el lastre acumulado del pasado.
 Calderón no arriba al gobierno con un enorme margen de acción a pesar de contar con información privilegiada de los programas sociales de la Sedesol gracias a su cercanía operativa con Josefina Vázquez Mota, ex titular de la dependencia, y quien atestiguó todos los cambios en la medición y reformulación de la pobreza.
 La apuesta de Calderón para gobernar son los paliativos de los programas sociales, los que la derecha prometió que, al llegar al poder, no utilizaría de arma electoral como lo hizo en su largo momento el PRI, aunque sobradas evidencias demuestran que fue nuevamente fue usado de pilar de un gobierno y de una campaña electoral.   El Gobierno Federal refrenda que el programa Oportunidades tiene una cobertura de 5 millones de familias.
 En Brasil, la apuesta de Lula da Silva es igualmente los programas sociales como eje de su gobierno, el disfraz de cuatro años, que no logró con el maquillaje calmar el descontento de la masa que creyó en él, y que le retiró, no sólo la confianza, sino el voto, por eso la caída en la popularidad del presidente Lula.
Asimismo en Brasil se dispuso de la política social para favorecer la imagen del presidente Lula “el padre de los pobres”, que regala comida mediante el programa Hambre Cero, y que con Bolsa Familia, anuncia el alivio de las penurias de más de 11 millones de familias gracias al donativo de 65 reales mensuales.
Las fabelas de Brasil no están muy a gusto con la lentitud del gobierno ante su apetencia por resultados tangibles. Ni en México, ni en Brasil, reducen los abismales niveles de ingreso, el hambre de justicia social es un sueño inalcanzable para los pobres más pobres; no así para los ricos más ricos de México y Brasil que siguen escalando en las listas de Forbes. ¿Con qué cara se le explica a más de 50 millones de pobres en México y más de 60 millones de pobres en Brasil, que en sus respectivos países viven contadas personas que  cada año son más  poderosas?
Más allá de esas supuestas diferencias ideológicas, entre Calderón y Lula, existen muchas coincidencias que seguramente permitirán un buen entendimiento, sobre todo si Calderón sabe elegir a la persona idónea, al diplomático de carrera para representar a la diplomacia mexicana.
Creo que entre Calderón y Lula pueden darse buenas condiciones para el diálogo político eje México-Brasil y México-Mercosur; y para el avance de los acuerdos económicos y comerciales México y Brasil. Brasil tiene una excelente experiencia con Petrobras que bien podríamos aprovechar en asesorías e intercambios de tecnología para PEMEX.
 Es verdad que las apariencias engañan.

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