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Buenas Noticias - October 4, 2006

Eduardo Mata, pilar de la historia de la música en México

El motivo para hacer
este libro fue la
revelación musical
que me produjo
 Eduardo Mata,
dice la autora
Foto: Gregorio Martínez
 / Azteca21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 4 de octubre de 2006. A mediados de enero de este año, entrevisté a Verónica Flores, autora de un libro esencial para comprender a uno de nuestros más importantes músicos de la segunda mitad del siglo XX. “Eduardo Mata a varias voces” se llama el libro que Flores escribió por amor al arte, por amor a la música, por amor a la obra de Eduardo Mata (D.F. 1942-Morelos 1995) y en pago a la impronta que éste dejó en su espíritu melómano por su manera de conducir una orquesta.

Por azares del periodismo perdí la grabación de esa entrevista, pero también por azares tecnológicos logré recuperarla posteriormente al revisar hace días un respaldo de mis archivos sonoros. A pesar del tiempo transcurrido, o por eso mismo, su contenido me sigue pareciendo un testimonio asaz interesante y un destacado trabajo periodístico que vale la pena difundir.

He aquí lo que Verónica Flores Aguilar, periodista en reposo y flamante e infatigable editora literaria en Tusquets Editores, me contó acerca de “Eduardo Mata a varias voces” (DGCS/CONACULTA, México, 2005), libro publicado en la colección Periodismo Cultural –quizás el primero en esta colección completamente inédito, que no es producto de la selección de trabajos publicados en diarios, como la mayoría de los anteriormente aparecidos en aquélla–, que es fruto de una intensa y tenaz investigación, el cual reúne testimonios e información de primera mano acerca de este grande personaje de la música mexicana y mundial.

Modesto homenaje a Eduardo Mata

“Mi propósito inicial era pagar de esta manera una deuda, una deuda de escucha, porque Eduardo Mata fue la persona que cambió mi manera de escuchar y apreciar la música, pero la consecuencia final, ahora que ya lo veo publicado, es como un modesto homenaje, porque una cosa es tener el manuscrito, pero verlo publicado sí cambia la dimensión de las cosas. Entonces, al ver el interés en la prensa, en los músicos, evidentemente en la familia, me doy cuenta que de alguna manera contribuyo a que el legado de Eduardo Mata no quede en el olvido, no sólo para la gente que tuvo la fortuna de conocerlo y de escuchar su música en vivo, la música que él dirigía, quizás lo más importante radique en que el libro llegue a las nuevas generaciones que tal vez ni siquiera han oído por ahí el nombre de Eduardo Mata. Me refiero a gente que no está involucrada en el medio cultural, por supuesto, y sí a la que tiene acceso a los nuevos directores mexicanos en activo. Éste es un propósito que no me fijé al inicio, el de llegar a estas nuevas generaciones, pero es importante que realmente conozcan a un músico en toda la extensión de la palabra, totalmente riguroso, exigente, vehemente, pero a la vez profundamente crítico con el momento musical que le tocó vivir.

“Yo creo que el maestro Carlos Chávez, cuando conoció a Mata, estaba muy consciente de su talento, por eso fue su principal impulsor y promotor, le vio talento y dijo ‘Por aquí’. Es muy difícil, muy complicado y muy aventurado hablar de ‘el sustituto de Eduardo Mata’, yo creo que cada quien tiene su sitio. Un director que a mí me deja cosas y me parece que logra engancharse con la gente en un concierto es Jorge Mester, pero es una apreciación muy personal, no soy músico ni crítica de música… No, no soy crítica musical, quizás por eso me sedujo Eduardo Mata cuando lo escuché por primera vez en vivo. A mí siempre me ha gustado y fascinado la música clásica, y más aún en vivo; yo no puedo trabajar sin escuchar música, sobre todo música de concierto. Es como el espíritu que tenía Eduardo, para que la música llegara a la gente, él decía que tenía que ser en vivo, que es algo muy diferente a una grabación, y que en el resultado de un concierto, de un buen concierto, para bien o para mal, tenía que estar involucrado el escucha, el público. Yo no soy crítica de música, pero tengo una formación en música clásica, y para hacer este libro tuve que realizar una investigación demencial, sobre todo la hemerográfica, buscar todo lo que había, pero fue fascinante, así como todos los testimonios, las entrevistas de Eduardo… Traté de que la mayor parte estuvieran aquí reflejados, que reflejaran la voz crítica y la voz musical. Así, para mí, hacer este libro fue, de alguna manera, contraponer todas las opiniones”.

Las voces de Eduardo Mata

“Tardé ocho años en publicarlo. Eduardo Mata murió en 1995, a los pocos meses yo estaba en shock, y ocurre lo que digo en la nota preliminar del libro, que voy a la casa de Mario [Lavista], pido cambiar de fuente en el periódico [‘El Día’], yo estaba en literatura, me gustaba la música y pedí mi cambio a ésta. Así empiezo a dar con músicos, compositores, directores, con todo el medio musical y, obviamente, surge la intención de empezar a armar este rompecabezas. De ahí surge la propuesta, quizás me tomó un año, año y medio realizar todas las entrevistas, más de setenta. Pero no sólo era cuestión de transcribirlas, digamos que era mi pasatiempo, todo mi tiempo libre se lo dedicaba a este libro. Me dedicaba a recabar testimonios, los más largos fueron con la familia, varias sesiones. Además, antes no había computadoras ni Internet, o por lo menos no eran tan accesibles como ahora, todas estas cosas que te facilitan de alguna manera la vida. La investigación hemerográfica la empecé con cerca de mil copias, tenía que ir a los periódicos, sacar fotocopias, depurar… Luego algo ocurrió en mi vida familiar que me cimbró, entonces yo no tenía cabeza para otra cosa más que para el trabajo cotidiano, pero después retomé la investigación, justamente por mi hermano, a él le dedico esta publicación.

“Hay un trabajo enorme en este libro. Haciendo de lado un montón de cosas ajenas a uno, me llevó casi ocho años, desde que empecé a investigar, y de tres a cuatro años transcribir y editar, depurar y armar un rompecabezas. Yo quería muchas cosas, primero quería contar la vida de Eduardo Mata de manera cronológica, por lo menos desde su primera aparición pública en un medio impreso, después hurgar en su infancia, en su adolescencia, cómo surge su vocación por ingresar al Conservatorio, todo esto, hasta su vida profesional, su plenitud artística… Pero también me interesaba que Eduardo Mata participara de una manera directa, porque sin su testimonio todo esto resultaba un poco fuera de lugar. Lamentablemente nunca tuve un acercamiento periodístico para entrevistarlo, entonces yo tenía que hacerlo participar de alguna manera, y la solución fue haciendo una selección de todas esas entrevistas que concedió durante su vida, para dejar ahí su testimonio en primera persona.”

El descubrimiento de la emoción

“Bueno, la tarea fue demencial, titánica, pero a la vez disfrutable, a tal grado estaba yo involucrada que, de pronto, al transcribir, me encontraba llorando con algunos testimonios de gente cercana, de músicos que sufrían evidentemente la pérdida del músico, pero sobre todo la de un gran amigo. Sí, de pronto me descubrí mal, digamos… emocionalmente, pues, triste, bueno, no triste, sufriendo, por lo que decidí parar, dejar esto un momento, porque yo decía ‘La persona que menos tiene que sufrir soy yo, porque tengo que ser lo más objetiva posible’, pero sobre todo porque yo no tenía nada por qué sufrir ni llorar, pues a mí me había cambiado algo importante… A final de cuentas era cuestión de redimensionar el propósito inicial de esta investigación e irle dando cauce, algo muy difícil, porque había muchísimos artículos que no tenían fecha, muchos eran traducciones del inglés… Entonces era una locura, y seleccionar, subrayar, vaciar entrevistas, tratar de cuadrarlo, de que diera un testimonio… sí, fue muy complicado armar un gran rompecabezas… De decir, ‘Si zutano conoció a Eduardo Mata en tal año, lo tengo que insertar aquí’, ‘¿Cuál es el artículo, cuál es la crítica, qué dijo Mata…?’ Qué horror, llegué a tener no sé cuántas páginas, ya no lo sé ahora, pero me dije ‘Esto hay que editarlo’, tú sabes que entrevistas y luego depuras, depuras, depuras… Además, el lenguaje de los músicos es diferente, quizás menos estructurado, entonces sufres aún más como reportero para tratar de decir muy fielmente lo que el entrevistado quiso decir sin cambiar palabras, ir editando todo esto… No sé, del lenguaje oral al escrito hay un abismo de distancia y el reportero debe superarlo exitosamente.

“Siendo melómana, el motivo para hacer este libro fue la revelación musical que me produjo Eduardo Mata, yo asistía a conciertos, pero sólo lo pude escuchar en dos ocasiones y me ‘tocó’, me dio algo, como esas cosas que te suceden y te cambian la vida, eso me pasó a mí cuando lo escuché dirigir a la Sinfónica de Dallas, algo similar a una buen historia, a un extraordinario autor que te cambia la vida, porque hay autores buenos que te dejan algo, reconoces la calidad, pero que no te cambian la vida. En mi caso, Eduardo Mata me la cambió”.

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