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Por la Espiral - September 29, 2006

Blindaje para el campo en 2007

Por la espiral
Claudia Luna Palencia

-Blindaje para el campo en 2007
-Subsidios, la doble moral
-Estados Unidos y la UE

Déjeme decirle que el tema del campo es punto focal en México y otras latitudes, como por ejemplo en Estados Unidos y  la Unión Europea (UE) con el tema de los subsidios y subvenciones.
A diferencia de lo que pasa en el continente americano, los europeos aprendieron muy bien la lección de los movimientos sociales que emanaron del campo y de su falta de oportunidades.
Hay un filme muy bueno que con todo y el toque dramático de la época, nos ayuda a comprender el impacto generado en las labores agrícolas por la introducción de la maquinaria y de la revolución industrial. La película es de Bernardo Bertolucci y se llama “1900”, un filme que aborda la miseria del campo italiano, la clara lucha de clases, el surgimiento de las camisas negras y el fascismo.
Parte de esas lecciones entendidas, en la Unión Europea hace poco pasaron  de 15 miembros a aceptar el ingreso de 10 países de las llamadas economías del Este,  los  nuevos miembros deberán ajustarse a las políticas del conglomerado. La ventaja del proceso de integración es que la Comisión Europea, el órgano de vigilancia de la UE, acuerda otorgarle a cada país candidato una cierta cantidad de dinero por determinado lapso de tiempo de tal suerte que el subsidio sea destinado al fortalecimiento interno con la meta de evitar un choque estructural.
Parte de los subsidios incluyen ayudas directas a los agricultores hasta el año 2013.  Es un tema delicado porque la política global liderada por Estados Unidos y la Unión Europea exige a los países menos desarrollados que sus gobiernos eliminen los subsidios al campo. Así es que sucede que en América Latina, África y diversos países de Asia los agricultores están padeciendo una serie de restricciones por menos subsidios, pero ni Estados Unidos ni la Unión Europea lo han cumplido en los hechos.
A COLACIÓN
En México, el campo sigue necesitando ayuda, subvenciones y los subsidios, para poder sobrevivir ante la avalancha que ha sido el TLCAN en el sector primario y la catástrofe esperada después del 2008 con la apertura total de los productos del campo.
Durante los primeros siete años del TLCAN, México se transformó en un país importador de alimentos. En 1995 se importaron 3 mil 254 millones de dólares, y se exportaron 3 mil 835 millones de dólares, en el 2001 las importaciones llegaron a 7 mil 415 millones de dólares y las exportaciones a 5 mil 267 millones de dólares. En estos años se pasó de una balanza comercial agrícola de 581 millones de dólares a favor, a una balanza notablemente deficitaria de 2 mil 148 millones de dólares.
Entre 1990 y 2000, las importaciones de los diez cultivos básicos se incrementaron en un 112%, pasando de 8.7 a 18.5 millones de toneladas.
La entrada en vigor del TLCAN disparó las importaciones. Mientras que en el periodo 1987 a 1993 se importaron 52 millones de toneladas, con la entrada del TLCAN, entre 1994 a 1999 se importaron 90 millones de toneladas. El caso más grave fue el del maíz que de 17 millones de toneladas importadas entre 1987 a 1993, pasó a 30 millones de toneladas importadas entre 1994 a 1999.
La preocupación es económica y social, se trata de entre 19 a 20 millones de personas dedicadas a la actividad primaria de la producción, es todo un tejido social con millones de bocas que alimentar.
La situación real indica que en el país el 21 por ciento del territorio es considerado apto para la agricultura, pero únicamente se cultiva el 12 por ciento. El sector primario de la economía es el más atrasado y la mayor productividad se encuentra en el Norte del país porque se benefició de los proyectos de irrigación y la región ha orientado su producción al mercado externo. En el Centro y Sur, las zonas rurales están rezagadas y las actividades agrícolas se desarrollan con técnicas tradicionales, tales como la tala y la quema.
El Almanaque Mexicano advierte que  las reformas económicas no han mejorado la situación en el campo,  las deficiencias en la inversión y la baja productividad continúan afectando a la agricultura. Su proporción con respecto al PIB disminuyó a menos del 5%,  en los últimos cinco años y México se ha convertido en un país importador de productos agrícolas desde 1992.
Para colmo,  la productividad agrícola en el campo mexicano es la mitad del promedio latinoamericano. El promedio latinoamericano es de 36 tractores por cada mil trabajadores, en México es de veinte.
De la ganadería, este sector representa alrededor del 30% de la producción agropecuaria. Una tercera parte del territorio mexicano es considerado zona de pastoreo y se localiza sobre todo en el Norte del país, donde se cría ganado para la exportación hacia Estados Unidos.
Para mediados de la década de los noventa existían más de 30 millones de cabezas de cabezas de ganado vacuno, 11 millones de ganado porcino, 13 millones de ganado caprino y unos 290 millones de aves de corral.
GALIMATÍAS
 Y es que Estados Unidos terminará arrasando con la actividad primaria de la producción en México si el próximo año el Gobierno Federal encabezado por Felipe Calderón no instrumenta de emergencia un plan financiero fortalecedor de las actividades primarias, a base de una serie de estrategias entre el subsidio a la oferta, la demanda, el impulso al productor, el oxígeno financiero en especie e igual en dinero y en enlazamiento del campo, la ciencia, la tecnología y la academia. 
 No se trata de darle más gusto a Estados Unidos con sus exigencias y pretensiones, cuando la Casa Blanca mima a sus productores por razones políticas y económicas.
En el 2007 tiene que blindarse toda la actividad primaria de la producción preparándose para el golpe de los años siguientes.
 Al respecto Jane Ruiz y José Martínez explican en el texto “El caso del TLCAN”, que mientras México acata obedientemente el TLCAN y las políticas aperturistas, los Estados Unidos fortalecen su andamiaje institucional y financiero de apoyo y protección a su producción agropecuaria.
El 13 de mayo del 2002, el presidente George W. Bush firmó la Farm Security and Rural Investment Act of 2002 o Ley de Seguridad Agrícola e Inversión Rural también denominada Farm Bill, son subsidios más amplios para  la agricultura estadounidense. Estos apoyos y pagos directos a los agroempresarios son subvenciones directas a las exportaciones, lo que favorece la comercialización de sus productos internacionalmente, por debajo de su costo de producción, perjudicando a los productores de naciones en desarrollo en un doble sentido: impidiendo su acceso competitivo a los mercados industrializados, y generando una competencia desleal en los mercados en desarrollo.

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