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Por la Espiral - August 2, 2006

Curarse, presiona al bolsillo

Por la espiral
Claudia Luna Palencia

Curarse, presiona al bolsillo
México menos recursos a salud
Seguro Popular: buena idea, pero…

 El documento “La protección social de cara al futuro. Acceso, financiamiento y solidaridad”, elaborado por la CEPAL, señala del impacto que los gastos en salud provocan en el ingreso familiar, una situación que vulnera, casi siempre, a las familias con menores percepciones consideradas dentro de los grupos más proclives a pagar   la automedicación y el dispensario.
 Mientras en varios países de América Latina la salud pública  avanza en la reducción de la mortandad en los recién nacidos, en el uso de vacunas de un cuadro básico y la población es más longeva, por el otro lado,  se enfrentan  menores accesos a la infraestructura médica de hospitales, clínicas, dispensarios y sanatorios públicos cuya capacidad fue rebasada hace mucho tiempo por la propia demanda poblacional y su crecimiento demográfico.
 La crisis en la infraestructura médica y la disponibilidad de servicios de acceso a la salud pública es una enfermedad que aqueja a buena parte de la región, además preocupa a las finanzas públicas y a los presupuestos.
 Las familias están gastando cada vez más de su bolsillo para automedicarse y curarse, es de recurrencia entre los quintiles de ingreso por hogar más bajo: desde el rango de la extrema pobreza, al quintil dos.
 En contraste los gobiernos no proporcionan respuestas concretas a una demanda vital por la salud, las acciones son lentas para renovar la red hospitalaria, ampliarla en determinadas zonas geográficas y construir otras áreas nuevas.
 En la distribución nacional del gasto en salud (datos al 2002) proporcionada por la  CEPAL observamos que, con todo y la severa crisis económica de finales del 2001 en Argentina, el país austral orienta el 8.9% del gasto total del gobierno como porcentaje del PIB al tema de la salud, el gasto total per cápita es de 956 dólares.
 En Colombia, el gasto total corresponde al 8.1% del PIB en salud, el gasto per cápita es de 536 dólares.
 En Brasil, el gobierno dedica el 7.9% del gasto total como porcentaje del PIB a la salud, son 611 dólares per cápita. Otro país, Chile, utiliza el 5.8% para salud, un gasto per cápita de 642 dólares.
 Después en México, el presupuesto señaló un gasto total del 6.1% del PIB en materia de salud pública, 550 dólares de gasto per cápita. Figura entre los más bajos de la región en un primer grupo de países con economías similares a la mexicana.
 El gasto total en salud en México es muchísimo menor que el de Argentina y menor al de Brasil, un país con el que podríamos tener mayor paralelismo en determinados indicadores económicos y demográficos.
 Cuidado con esos falsos espejismos del gobierno mexicano de que hemos mejorado, viene rezagado,  seguimos rezagados en muchos aspectos cuantitativos y cualitativos.
 En otros países hermanos los ciudadanos tienen mejor cobertura. En  México encontramos el Seguro Popular de Salud (SPS), un producto ideado por “el gobierno del cambio” para que la población con menores ingresos y carente de cobertura sanitaria pueda contar con un soporte  en salud sufragado una parte del bolsillo de las personas interesadas y otra por el Gobierno Federal.
 El seguro  es una muy buena idea que pierde su esencia desde el momento en que el hospital público señala que “la cura de esa enfermedad no le cubre el seguro” o bien que “por el momento tendrán que esperar para las terapias o tratamientos porque el hospital no cuenta por ahora con el material o el equipo clínico disponible” o todavía peor cuando les dicen a las familias “deberán trasladare a otra ciudad, de otra entidad, para que allí reciban el tratamiento adecuado amparado por el seguro que aquí no les podemos otorgar momentáneamente porque no hay disponibilidad para el ingreso del paciente”.
 Les sucede todos los días a una cantidad  de personas con seguro popular, a  muchas otras más que no tienen seguro, inclusive a quienes tienen  cobertura social en sanidad o de plano ninguna. No hay camas suficientes, ni medicamentos, doctores, material clínico y equipo médico.
 En una primera evaluación de la CEPAL al Seguro Popular, el organismo señala que México ha desarrollado múltiples programas públicos de salud orientados a los pobres, entre los que  destacan el IMSS-Oportunidades, estos programas se concentraron, en general, en la prestación de servicios y la atención primaria.
En cambio, “el Seguro Popular de Salud (SPS), presenta rasgos innovadores con respecto a iniciativas anteriores, tanto por el énfasis en el subsidio a la demanda como por su financiamiento”.
Una novedad consiste en la introducción de subsidios a la demanda para la población más pobre (recordemos que los subsidios en México han manifestado una evolución bastante favorable, pasando de una etapa otorgados a la oferta con el presidente Carlos Salinas; a otra de subsidios modificados a la demanda con el presidente Ernesto Zedillo; y la combinación actual entre la permanencia de unos programas con subsidios a la demanda y otros con transferencias monetarias condicionadas).
El Seguro Popular de Salud está adscrito al Gobierno Federal en cooperación con los estados; está destinado a la población pobre, y comprende un paquete de prestaciones gratuito (que ha aumentado gradualmente de 78 a 91 tipos de prestaciones).
Por este medio se cubría a 2 millones de personas en el 2004 (2% de la población) y se aspira cubrir al 10% de la población en el 2010.
De acuerdo con la CEPAL y la propia SEDESOL el objetivo clave del programa es reducir el pago de bolsillo, que constituye un 52% del gasto total de salud y tiene un efecto desastroso en las familias más pobres. Los dos quintiles de menor ingreso, que constituyen un 94% de las personas cubiertas por el seguro,  reciben gratuitamente el paquete, de cuyo gasto total en el 2002 un 40% correspondió a medicamentos y un 27% a servicios preventivos y curativos.
En cuanto a su financiamiento, el 94% de los beneficiarios está exento de pago porque se encuentran en los dos quintiles de ingreso más pobre; el restante un 6% aporta una cuota según su nivel socioeconómico. En el 2004, un 68% del financiamiento correspondía al Gobierno Federal, un 29% a los estados (con gran diversidad entre ellos) y un 3% a los beneficiarios.
P.D
 En el informe de la Organización Mundial de la Salud  (OMS) el grado de inequidad en materia de salud de los países se clasifica según la participación del gasto de bolsillo en el gasto total.
 Me parece muy preocupante que el gasto de bolsillo en salud es también inequitativo en términos de género: en cuatro países de la región, el correspondiente a las mujeres es entre un 16% y un 40% superior al de los hombres.

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