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Espectáculos - July 12, 2006

“Cars” y “Vecinos invasores”, dos películas animadas para el verano

Es de destacar la impecable manufactura visual de ‘Cars’
 Foto: Cortesía de Buenavista International Pictures

Por Javier Pérez
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 13 de julio de 2006. Como resulta habitual en las películas animadas –destinadas a cumplir con los objetivos de la fábula–, la moraleja es inevitable. Sea cual fuere su forma, terminarán por hablar de la importancia de la amistad, de la honradez, de la sinceridad, del amor, de la sencillez, de la valoración de lo que se es y lo que se tiene o hasta de la muerte.

Los dos grandes estudios hollywoodenses no pueden salirse de los temas (clichés, si se quieren tomar así), pero tratan de que sus formas se mantengan frescas. Como ejemplo están los dos estrenos que en esta temporada vacacional ambos presentan en las salas cinematográficas de México y el mundo.

Se trata de “Cars” (EU, 2006), de John Lasseter y Joe Ranft, por parte de la conjunción Disney-Pixar, y “Vecinos invasores” (EU, 2006), de Tim Johnson y Karey Kirkpatrick, del lado de DreamWorks.

“Cars” es una muestra contundente del maduro estilo visual de Pixar. Atmósferas y personajes se conjugan en la creación de un universo automotor parlante y pensante, el cual resulta una fantástica alusión al cada vez mayor número de vehículos que invaden el planeta y a la evolución tecnológica de las máquinas inteligentes que desplazan a los cada vez más inamovibles humanos.

Asimismo se percibe también cierta crítica al estilo con que se maneja la política estadounidense –¿influencia de Brad Bird en el estudio?– a través del personaje principal de la historia, el Rayo McQueen. La arrogancia y presunción de su conducta, adquirida por el poder de su motor (es decir, de la fuerza de su maquinaria) y los aplausos del público, lo hacen moverse con un aire de superioridad que no lo lleva a ninguna parte, a pesar de que busca con ansia el triunfo en la Copa Pistón.

Pero perderse en el pueblo prácticamente olvidado de Radiator Springs en la famosa Ruta 66 –el trazo de una supercarretera desvió a los paseantes–, lo hacen aprender que el éxito no es todo, pues primero deben anteponerse la humildad y el reconocimiento del otro.

Quizá para los más pequeños la película no resulte tan atractiva (salvo por esa primera secuencia de la carrera, con el choque espectacular y las llantas de McQueen volando por doquier) por el ritmo con que se mueve –hay una mayor preocupación por la historia y el contenido–, pero sí lo es para los mayores de cinco, seis años y, por supuesto, sus acompañantes adultos.

Es de destacar la impecable manufactura visual de “Cars”, con su universo completamente verosímil y su impecable derroche técnico en el moldeo de los autos. Utilizaron, entre otras, las técnicas “ray tracing”, para que los realizadores contaran con el aspecto visual y el efecto que deseaban; “ground-locking system”, que permitía al automóvil estar adherido al suelo, y el “universal rig”, que permitió controlar la animación de los 100 modelos de autos preparados para el filme.

En la exhibición de “Cars”, además, puede disfrutarse de un sensacional corto animado de Pixar –compañía recientemente adquirida por Disney¬: “El hombre orquesta”.

‘Vecinas Invasores’, es una cinta llena de un humor
 trepidante e irreverente
 Foto: Cortesía UIP

En cuanto a “Vecinos invasores”, DreamWorks demuestra que lo suyo es el humor trepidante e irreverente. Y también que el estudio de Jeffrey Katzenberg se encuentra en una etapa de consolidación importante.

De nuevo es el tema de la amistad lo que dispara la anécdota que le da forma a “Vecinos invasores”, y de nuevo es la frescura en el tratamiento lo que convierte a la película en un producto distinto dentro de la filmografía de la productora. Parece preocupación de los creativos el tema de la soledad y el aislamiento en la sociedad contemporánea.

Fue el tema con el que arrancó “Shrek” y es ahora con el que inicia esta nueva película. Esto funciona para resaltar cada uno de los puntos tocados por la historia, que, como la tira cómica “Over the hedge”, de Michael Fry y T. Lewis, en que se basa, se dedica a satirizar con agudeza el comportamiento de los humanos.

R.J. es un mapache aprovechado y embaucador que busca la vida fácil. Así, decide robarle toda su comida acumulada a un oso, mientras éste hiberna, pero es descubierto, por lo que sólo dispone de una semana para reponer la comida o su vida corre peligro –algo de lo que gusta DreamWorks, como ya se vio en las dos películas de “Shrek”, en “Madagascar” y hasta en el “Espanta tiburones”–.

Es así como da con un grupo que acaba de salir de su estado de hibernación y que inicia labores para rellenar su tronco de alimento. El problema es que un nuevo fraccionamiento habitacional ha casi desaparecido el bosque que habitaban, lo cual es aprovechado por R.J. para convencerlos de que lo ayuden… sin explicarles nada más.

Aquí vuelven los valores, con cierto aire crítico también. La prudencia desmedida de la tortuga Verne, líder del grupo (familia, se llaman entre sí), resulta un acto racional, pero también inflexible, reacio a aceptar nuevas propuestas. También se habla de racismo con el personaje de la jefa de vecinos que contrata a un exterminador (y que bien podría colocarse como crítica al movimiento antimigrante estadounidense). Y de amor y de amistad y de soledad y de verdades y mentiras y de aceptación del otro.

Pero todo con un estilo gráfico impecable, donde se nota a detalle el excelente trabajo en las texturas de piel y pelo de los animales, en los reflejos y tonos de luz y en el manejo de una narrativa fluida y divertida para todo aquel dispuesto a dejarse atrapar.

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