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Por la Espiral - June 16, 2006

Padrón de consumidores

Por la espiral
Claudia Luna Palencia

-Padrón de consumidores
-Censo inaplazable
-Los hechos en la UE

Esta semana, Joel Ortega, secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, sugirió que la Secretaría de Salud, que preside Julio Frenk, elabore un padrón de consumidores de drogas con la finalidad de que reciban tratamiento. Es una buena idea que surge a destiempo, en el ocaso de dos administraciones, la del Gobierno Federal y la del Distrito Federal.
 La propuesta de Ortega no puede ser ignorada, es más, debe ser retomada por el próximo presidente y su gabinete, en esfuerzo mancomunado, en la parte del brazo social y el correspondiente a la atención de la salud pública. Por supuesto, en concomitancia con todos los gobiernos estatales y municipales, que no sea un ejercicio censal único para el Distrito Federal sino extensivo a todo el país, dado el poder del narcomenudeo.
 El desarrollo del padrón de personas adictas a drogas ilícitas podría contar con 3 ejes de forma piramidal: el INEGI como organismo especializado en el levantamiento de estadísticas; la Secretaría de Salud y la Secretaria de Desarrollo Social para tomar decisiones conjuntas de programas de actuación para prevenir, atender y rehabilitar.
 En la medida en que los gobiernos de todos los niveles y la iniciativa privada trabajen con meros datos estimados, números imprecisos, toda una laguna informativa, tal y como sucede con la economía informal, la toma de decisiones  seguirá siendo  dispersa, en consecuencia,  poco aprovechable.
 ¿Por qué es necesario un padrón de adicciones ilícitas? Primero, para valorar la salud pública, ¿qué tan enferma está nuestra sociedad por drogas? Segundo, para derramar información útil hacia otros campos de acción relacionados con la seguridad pública al detectar nuevos puntos de distribución; venta; días de la semana de mayor tráfico de compra-venta al menudeo; lugares más comunes; periodicidad; establecer curvas de porcentajes en gramos y precio de venta o reventa. Me parece que es un padrón clave.
 A través de este conteo voluntario, que por lo mismo implica una ardua labor de convencimiento para que la gente acepte y declare sus adicciones, tendremos una pauta para encontrar actividades de control de ciertos subgrupos al interior de las adicciones ilícitas como los formados por la correlación de la drogadicción, el VIH y el SIDA.
 Sabemos por CONASIDA, que México se clasifica como un país con una epidemia de SIDA concentrada en los grupos que mantienen prácticas de riesgo: 15% de prevalencia de VIH en hombres que tienen sexo con hombres (HSH), 12.2% en trabajadores del sexo comercial y 6% en usuarios de drogas inyectables.
De acuerdo a las estimaciones más recientes del Centro Nacional para la Prevención y Control del SIDA (CENSIDA), en México existen 182 mil personas adultas infectadas por el VIH.
A COLACIÓN
 Al respecto, ¿qué están haciendo  otros países para focalizar a la población con problemas de drogadicción?
 En lo personal conozco de cerca el caso de Madrid, España. Yo viví en la  capital española cuando en el primer trimestre del 2000, el gobierno del entonces presidente José María Aznar, propuso la creación de las narcosalas.
 Las narcosalas son lugares sanitarios, comunitarios, instalados en barrios con una problemática constante de drogadicción, en éstas se instala a personal de la sanidad pública, junto con gente de servicio social, para que platique,  atienda, rellene los formularios con los datos completos  de quienes acuden allí para drogarse en condiciones seguras e higiénicas.
 Estos centros han provocado criterios encontrados acerca de su beneficio real porque la idea primera es la de permitir que la gente que se droga acuda a pedir información acerca de los daños de la droga al cuerpo humano, con la intención de que de ellos mismos salga la necesidad manifiesta de rehabilitarse y encontrar el apoyo e impulso inmediato para hacerlo.
 Las críticas surgen porque en estas narcosalas el enfermo puede solicitar jeringas y otro tipo de aditamentos para inyectarse sin la promiscuidad de compartir jeringas; y  en caso de sentirse mal, en el mismo sitio pueda ser atendido de urgencia.
 Las narcosalas, su  éxito o fracaso, deben medirse por el número de personas rehabilitadas y reinsertadas en la sociedad de manera voluntaria. Pero, a 6 años de distancia, se desconoce el número de personas que dejaron la droga gracias a que se acercaron a dicho centro comunitario.
SERPIENTES Y ESCALERAS
 La modalidad de España es historia añeja en Australia, Suiza, Alemania y Holanda, son también narcosalas o salas de venopunción, donde la gente adicta a la heroína acude para consumir drogas bajo control médico.
 En Internet, Drogomedia, documenta que la primera sala de venopunción abrió sus puertas en la ciudad suiza de Basilea en 1986, después se fue extendiendo a otros países hasta surgir la novedad en el 2002 en Zurich, Suiza,  de una sala de inhalación de drogas.
En el 2000 se contaban 45 salas de venopunción a lo largo de Europa. Pocos años más tarde, a mediados del 2003, existían 61 salas en 35 ciudades de siete países: Suiza (13 salas), Alemania (22), Holanda (21), España (3), Canadá (1) y Australia (1). Se están preparando además nuevos dispositivos de este tipo en ciudades como Camberra, Luxemburgo y Oslo, y existen proyectos menos avanzados y propuestas de apertura en Dinamarca, Canadá, Francia o Italia.
¿Qué dice la literatura científica más reciente sobre el funcionamiento y el resultado de estos centros? Que éstos son capaces de captar a los grupos de consumidores de drogas de mayor riesgo: consumidores diarios, personas sin techo, personas que ejercen la prostitución callejera, etc.
 Un equipo evaluador de Sydney, Australia, tras una experiencia piloto de 18 meses, concluyó que los centros de venopunción son viables porque logran captar a drogodependientes y canalizar a un número de ellos para recibir tratamientos de recuperación. El informe destaca que además en los barrios más conflictivos  no se ha producido un incremento de la delincuencia, ni de alteraciones del orden público.
 En México estamos muy lejos de primero pensar en implementar algo así, porque básicamente el mayor problema es la marihuana, es cierto que no podemos soslayar el ascenso del consumo en la cocaína, las drogas sintéticas y la heroína. 
 Quizás, como sociedad,  debamos retomar la idea de Joel Ortega y estructurar una estrategia real para captar a las personas con adicciones ilícitas para ir delimitando el campo de acción y entrarle de lleno. Desde luego no se antoja una tarea fácil.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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