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Por la Espiral - June 8, 2006

Mirada de la ONU a migración

Por la espiral
Claudia Luna Palencia

-Mirada de la ONU a migración
-Flujos hacia el desarrollo
-Cambiarán políticas y derechos

El pasado lunes, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) difundió un documento de la migración global, un texto que aporta consideraciones frescas de este fenómeno que irá para largo.
 La sociedad moderna encara el desafío del reacomodo mundial de la población con éxodos marcados en los países depauperados, subdesarrollados y con desarrollo desigual en una transferencia humana que arriba a aquéllos países catalogados en un  rango alto en el crecimiento y en el desarrollo humano.
 La corriente migratoria nace de países con menores posibilidades a países con mejores condiciones, primordialmente se persigue el incentivo salarial,  aunque existen otros alicientes al buscar sociedades más abiertas, democráticas, participativas, con equidad y  estabilidad económica.
 Antes de comentar el estudio de la ONU, me parece relevante destacar que la migración no tiene connotaciones homogéneas, responde a particularidades de los países expulsores  en los que se combinan una amplia gama de factores, no es lo mismo dejar Afganistán o Irak para ir a Pakistán o Arabia Saudita que  México para trasladarse a  Estados Unidos.
 La plataforma para la expulsión incluye muchos factores, en unos casos el flujo humano busca ubicarse en el país desarrollado más cercano dentro de la extensión continental natural. En otras situaciones, la movilidad es transcontinental,  de América a Europa en menor medida, de África a Europa en mayor medida; de Asia a Estados Unidos en menor medida, de Asia a Europa en menor medida.
 La movilidad transcontinental está provocando un choque de ideas, culturas, religiones, costumbres, hábitos, cuya mezcla es inevitable y esperemos que el resultado cultural sea para bien.
 Son conocidas las posturas a favor de “la mano dura” y la xenofobia de diversos intelectuales estadounidenses como Samuel P. Huntington, politólogo, autor de “El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del  orden mundial”, que previendo una mezcolanza de ideas se sienten atemorizados y amenazados en su estilo de vida occidental.
 Lo que ha pasado inadvertido es que las  políticas públicas en los países receptores de los inmigrantes ilegales enfrentan presiones adicionales no contempladas en los presupuestos comunitarios de la Unión Europea o  los propios de Estados Unidos. La cuestión es que los gobiernos receptores no quieren gastar en servicios de educación, salud, atención, vivienda, transporte, para esa masa de gente que no llega en calidad de turista, que no trae dinero para gastar, que de entrada no generará un derrama económica directa y que todo lo contrario llegará  a pedir trabajo, un lugar para habitar, y si se enferma buscará un hospital público.
 Es la  fase más peligrosa del ciclo de aceptación y asimilación del inmigrante, porque la sociedad lo ve como un costo, un gasto, un mal, una alteración para el modus vivendi del barrio, la colonia, etc. Después sigue otra etapa del ciclo, en la que el inmigrante tiene trabajo, empieza a aportar, gasta, paga un alquiler y conforme transcurre el tiempo surgirán lazos afectivos, habrá capacidad de ahorro, adoptarán ciertas costumbres del lugar y comenzará una simbiosis. Con el paso de los años, el inmigrante estará caracterizado por un sincretismo que impactará al medio en el que se desenvuelve.
 El ciclo natural de adaptación  no avanza con la misma celeridad en las políticas públicas reacias a aportar. La filosofía en los países receptores “que lo pague más caro el inmigrante” se torna cada vez más peligrosa, lo vemos en  Estados Unidos donde las iniciativas para gravar los envíos de remesas pueden convertirse en moda.
A COLACIÓN
 Ningún país desarrollado está previendo las presiones en los presupuestos por el tema social y económico de la migración. No hay interés por atender la problemática.
 Y va en creciente, no es sólo Estados Unidos, países como Alemania, Francia y España enfrentan problemas acuciosos en materia de seguridad fronteriza, débiles flancos para los magrebíes y turcos principalmente. España tiene una situación crítica: en Canarias, Algeciras y Cádiz son cientos los inmigrantes que arriban todos los días desde África.
 Analicemos la recomposición de los países con el mayor número de migrantes, de acuerdo con los cuadros publicados en el informe de la ONU. En 1990 en un ranking de 10 países receptores de  migrantes, Estados Unidos ocupó el primer lugar con  23.3 millones de migrantes en su territorio; en segundo lugar Rusia con 11.5 millones de migrantes en su país; seguido por India con 7.4 millones de migrantes; Ucrania con 7.1 millones; Pakistán con 6.6 millones; Alemania con 5.9 millones de migrantes; Francia con 5.9 millones, Arabia Saudita con 4.7 millones; Canadá con 4.3 millones y Australia con 4 millones de migrantes.
 En 2005, Estados Unidos aumentó la población migrante en 38.4 millones de personas; Rusia a 12.1 millones; Alemania duplicó la población migrante a 10.1 millones para ubicarse en 3 lugar en la lista; Ucrania con 6.8 millones; Francia con 6.5 millones; Arabia Saudita con 6.4 millones; Canadá  con 6.1 millones, India con 5.7 millones; Reino Unido con 5.4 millones y España con 4.8 millones  de migrantes. España en 1990 ni siquiera figuraba en la lista de los 20 países con mayor cantidad de migrantes,  ahora figura  entre los 10 primeros.
  En 2005, Europa albergó al 34% de todos los migrantes; América del Norte al 23% y Asia al 28%; sólo el 9% vivía en África; el 3% en América Latina y el Caribe y el otro 3% en Oceanía.
GALIMATÍAS
 En el “Informe sobre migración y desarrollo” la ONU puntualiza que las migraciones “sur-sur” son prácticamente tan comunes como las “sur-norte”.
Los países en desarrollo se benefician con un estimado de 167 mil millones de dólares al año enviados por trabajadores inmigrantes a sus países de origen. El éxodo de talento de países pobres a otros más prósperos con frecuencia implica una grave pérdida para el desarrollo. Pero en muchos países esto se compensa parcialmente por el eventual retorno y/o inversión de los migrantes en sus países de origen.
El  análisis destaca que las migraciones se han convertido en un asunto fundamental en la vida internacional: 191 millones de personas vivían fuera de sus países de origen en el 2005; 115 millones en países desarrollados y 75 millones en países en desarrollo.
Un tercio de todos los migrantes del mundo se han mudado de un país en vías de desarrollo a otro, mientras que cerca del mismo número de personas se ha trasladado de países en desarrollo a países desarrollados.
 Es nuestra avasallante realidad.

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