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Por la Espiral - May 18, 2006

México: perfiles distintos

Por la espiral
Claudia Luna Palencia

-México: perfiles distintos
-Cifras mágicas de la macro
-Electores y economía

Se generaliza el rumor de que el Gobierno Federal podría estar “maquillando” las cifras relacionadas con la economía, principalmente las que elaboran, condensan y difunden la Secretaría de Hacienda  y el INEGI.
Todos los días tenemos noticias de  lo bien que trabajan los programas sociales de la SEDESOL; la dinámica del crecimiento; el atractivo del país para los inversionistas; y los datos del empleo con números rimbombantes.
 La descripción oficial da cuenta de un México “mágico” que pretende convencer al electorado de que no cambie de caballo.  A estas alturas de la carrera las dudas aumentan entre la población, la que irá a sufragar, y la que a  45 días de las elecciones, continúa pensando si acudirá a las urnas.
 La  gente está abrumada por tomar la decisión más correcta ante opciones tan escasas y poco convincentes, porque, seamos honestos, no  seducen ni el PAN, PRI o PRD que son los 3 partidos más fuertes, no logran hacerlo las plataformas partidistas, ni los candidatos. Algunas personas están cansadas, hartas, de votar por el “menos malo”, quieren votar por el mejor entre los mejores, con preparación de estadista.  Pero no lo hay, al menos no aparecerá en las próximas boletas electorales.
 Entonces es entendible el asalto a la razón, la duda que aumenta, la   antipatía,  hasta se anida el ostracismo. Sustancialmente prevalece un desánimo en la clase media que se ha quedado sin representatividad política.
 ¿Por quién votamos?  ¿Debemos cambiar de jinete y de caballo? Y es que, ¿Puede haber algo peor que esto?  La respuesta es generacional, tiene que ver con la edad, la convicción hacia la democracia y la credibilidad sobre del papel de las instituciones.
 Los abuelos de hoy fueron los hijos del Desarrollo Estabilizador, no les fue nada mal contaran con un oficio o una profesión y tuvieran una familia promedio mínima de 4 hijos y máxima promedio de 15 hijos. Les tocó vivir el “boom” de las instituciones, la plenitud del sector salud, la expansión del Estado y el 12.50 pesos por dólar. Me atrevo a decir que votarán por el PRI.
 Los padres de hoy fueron marxistas-leninistas a los 18 años de edad,  hijos del 68, y del populismo priísta elevado a su máxima expresión con el presidente Luis Echeverría Álvarez y el presidente, José López Portillo. Para su poca fortuna, les tocó la devaluación, la fuga de capitales, el crecimiento exponencial de la deuda externa. Por eso llegaron a la edad madura odiando al PRI, deseando un cambio y muchos creyeron que jamás conocerían otro partido en el poder que no fuera el tricolor.  Ellos no votarán por el PRI, elegirán entre el PRD y el PAN.
 Después, siguen los hijos que nacieron deudores, no trajeron “torta bajo el brazo” más bien una factura pendiente por pagar con el Fondo Monetario Internacional y el Club de París.
Hagamos un breve recordatorio: en 1970  el sector público del país registró un saldo de la deuda externa de 4 mil 262 millones de dólares. Era el saldo de la deuda externa gubernamental acumulado a lo largo de su historia.
De acuerdo con el libro “México, un paso difícil a la modernidad”, escrito por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, en los siguientes 6 años el gobierno aumentó notablemente su contratación de créditos con los bancos comerciales y el saldo cuadruplicó; para 1976 ascendió a 19 mil 600 millones de dólares.
En los siguientes 6 años se triplicó; para 1982 el saldo de la deuda externa del sector público subió a 58 mil 874 millones de dólares.
Salinas de Gortari refiere que en septiembre de 1981 se contrató más deuda externa que entre 1820 y 1970. "En 1982, el pago anual por intereses de la deuda externa ascendió a 14 mil millones de dólares. Entre 1983 y 1988 la economía mexicana tuvo que transferir al exterior, cada año, el equivalente a cerca del 7% del producto nacional."
En 1988, el saldo de la deuda externa representaba casi 45% del PIB. Es decir, la mitad de nuestro trabajo, de nuestra riqueza, ya estaba comprometida con el exterior.
Con este escenario, un bebé que nació en México en 1982, recibió una herencia perversa, que de entrada alteraba sus posibilidades económicas y que además lo hacía deudor. La deuda externa per cápita de ese año era de 841.05 dólares, sin considerar la generación mensual de intereses sobre los intereses. El anatocismo.
La deuda externa se convirtió entonces en la "deuda eterna" porque las posteriores crisis económicas llevaron al país a la puerta del FMI; y aumentaron los compromisos del gobierno para instrumentar programas ortodoxos o heterodoxos.
 Para los hijos de la deuda externa el panorama ha sido más difícil que el de sus padres y mucho más en comparación con el de sus abuelos. Aun con familias más pequeñas, en promedio de 2 hijos, y con nivel profesional, es imposible  que la familia dependa  de un ingreso, por eso trabaja la madre,  y ni así logran un respiro. Los hijos que nacieron y  crecieron  siendo deudores,  que  pagaron  los empréstitos foráneos sacrificando calidad en educación, salud, servicios e infraestructura y que, siendo profesionistas y  jóvenes padres, saben que ya pagaron la deuda externa, lo que piden es la cancelación final, y no más endeudamiento asfixiante, ellos no quieren cambiar de caballo quieren terminar de cerrar el capítulo bochornoso de la deuda externa. Es probable que voten por el PAN o se abstengan
Por último, es muy distinta la visión de los jóvenes entre los 18 a los 27 años de edad, ellos son los nietos menores, los hijos menores, los hermanos menores de los jóvenes treintañeros que ya son profesionistas y padres. El panorama en este rango de edad es de hartazgo, no los convence ningún partido, ningún candidato, saben de las penurias económicas de sus padres, las vicisitudes de sus hermanos mayores, del sufrimiento por la pérdida constante de trabajo. Los jóvenes de hoy escuchan la pesadumbre hacia el futuro inmediato de México. Ellos no quieren pagar la deuda del Fobaproa-IPAB porque saben bien que fue un robo que trasladarán a sus hijos; además no quieren trabajar tantas horas para ganar tan poco; ni padecer que, después de los 40 años, no tengan un lugar laboral.
Para este grupo, el más afectado por el desempleo y tantos problemas sociales, sus deseos son irse de México. Aquí es donde se encuentra el mayor desánimo y los más altos índices de abstencionismo. Ellos no votaron en el 2004 y seguramente no lo harán el 2 de julio próximo, porque nadie los convence.
Así es que más allá de las cifras “alegres” oficiales, el enfoque que prevalecerá depende del perfil generacional, donde los maquillajes no existen en la dura realidad de todos los días.

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