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Política - May 6, 2006

El obispo Felipe Arizmendi aclara las diferencias que tiene con algunas instancias del Vaticano

Felipe Arizmendi dice que
urge la ordenación de
más sacerdotes, pero
no indígenas casados.
Foto: Internet

San Cristobal de las Casas, Chips.; 6 de mayo de 2006.- Felipe Arizmendi Esquivel, en su afán por dejar clara su postura ante la situación que viven los indígenas en Chiapas y las visibles diferencias que tiene con algunas instancias del Vaticano, detalla los conceptos que han generado polémica en la propia jerarquía de la iglesia.

Las figuras de "teología india", "teología indígena" o "iglesia autóctona", que para algunos jerarcas católicos pudieran ser vagas e imprecisas, el obispo de San Cristóbal de las Casas las explica con pormenores y libro en mano.

Aborda con precisión el tema que a últimas fechas ha causado más discusión entre los prelados: que diáconos indígenas casados pudieran ser ordenados sacerdotes. No niega las necesidades de sus comunidades, pero confirma su compromiso con el magisterio de la iglesia y con el pontificado.

"El tener pena y tristeza no significa ruptura, nosotros sentimos eso porque tenemos apenas 84 sacerdotes y ocho mil catequistas, la mayoría de ellos indígenas, para un millón y medio de habitantes" "Los diáconos son mucho menos para dar los sacramentos del bautismo, del matrimonio y la eucaristía", por ello insiste que hacen falta mucho más con carácter permanente, pues de las 50 parroquias en la diócesis que los requieren apenas hay en 16, lo que significa que 34 no están cubiertas.

Reconoce que hay fundamento en los temores de Roma y no puede negar el riesgo de que haya ideologías de fondo en la formación de estos diáconos, ni la posibilidad de una corriente que pretenda impulsar la ordenación como sacerdotes de hombres casados.

Pero aclara que "en ningún momento estoy alentando la ordenación como sacerdotes de diáconos casados, de ninguna manera; aunque en otros tiempos sí se le haya solicitado al Vaticano.

Sus dudas las comprendo, las entiendo. Yo haría lo mismo". Arizmendi Esquivel va más al fondo: como pastor de la iglesia mal haría en decirle a Roma "está bien todo lo que ustedes digan", porque no sería acorde con la obediencia ni con la ley, y porque la obediencia no implica dejar de pensar.

Los peligros, admite, son un hecho real porque hay comunidades que han pedido sacerdotes casados -por eso no son temores infundados los de Roma-, "pero que quede en claro que un servidor no está alentando esas esperanzas o expectativas".

Optimista, el prelado de los altos de Chiapas confía en que la decisión de las instancias vaticanas en estos asuntos no sea definitiva, sino transitoria y temporal, porque los mismos pontífices lo han alentado en su labor pastoral.

"Pero independientemente de la ideología que pudiera haber detrás de esta solicitud, primero está la necesidad de atender a estas comunidades, por eso la urgencia de dialogarlo y el Papa muestra mucha apertura".

Arizmendi no vacila en ofrecer su interpretación de las figuras "teología india", "teología indígena" o "iglesia autóctona".

Son términos distintos, pero se vinculan directamente y además nacen desde el Concilio Vaticano II, en los decretos sobre la actividad misionera de la iglesia.

"Estos documentos dicen, explícitamente, que deben surgir en todo el mundo iglesias autóctonas que con sus propias energías puedan asumir la evangelización y aportar a la iglesia católica todas las riquezas que Dios ha sembrado en las comunidades".

En otros términos -detalla- significa que para que la iglesia sea realmente católica y universal tiene que encarnarse en cada una de las culturas incluyendo a las indígenas, como la tzotzil, tzeltal, chol, tojolabal o zoque que persisten en Chiapas.

"En México la iglesia no puede ser igual en el centro que en el norte o en el sur del país, en una comunidad mestiza o una comunidad indígena, debe tener su propio rostro, sin descuidar la universalidad que es lo fundamental".

Por ello, Arizmendi Esquivel recomienda tomar en cuenta la organización comunitaria donde se trabaja más por consenso y participación que por imposición, además de valorar la manera de participar de los propios indígenas para fomentar que se hagan responsables de los diferentes servicios.

"Una iglesia autóctona no significa una iglesia separada de la iglesia católica ni una iglesia al margen del Papa, sino una iglesia con matices propios en lugares y culturas muy determinadas. No hay equivocación".

El verdadero peligro es confundir iglesia autóctona por iglesia autónoma, y ahí radica la preocupación de Roma, pero aclara que nadie quiere ni pretende esta última, porque con una iglesia autónoma estarían totalmente equivocados.

"Sin embargo, la iglesia tiene que responder a esta situación, a esta necesidad, y esto no es un invento ni de un servidor ni de don Samuel Ruiz, sino una exigencia del propio Evangelio como lo ha mandado el propio Concilio Vaticano II".

Por teología india debe entenderse la reflexión teológica sobre la experiencia de Dios en estos pueblos, una reflexión para descubrir cómo ha actuado en la historia de estas culturas y comunidades, explica el prelado.

Si bien en el fondo siempre está la preocupación por los pobres, advierte que esta teología no tiene absolutamente nada que ver con la llamada "teología de la liberación", pues la india se preocupa específicamente por las comunidades indígenas, tiene otro matiz.

La teología india, detalla Arizmendi Esquivel, tiene muy en cuenta la cultura entendida no como acumulación de conocimientos, sino la forma como los indígenas se relacionan con Dios, con la naturaleza, con las demás personas, con la familia, con la sociedad.

El prelado confía en que llegará el momento, tal y como lo proponía Juan Pablo II, de que estas comunidades tengan sus propios obispos indígenas como ya los hay en América Latina. "Esta es una de nuestras principales metas".

Llegarán los tiempos, dice, en que este 75 por ciento de población indígena de la zona tenga cada día más sacerdotes, más diáconos, más catequistas y más religiosas indígenas, porque sería un absurdo tener en la diócesis una iglesia totalmente mestiza.

"Pero que quede claro, no se puede anteponer la cultura indígena al Evangelio, o para ejemplificar, no se le puede dar más importancia al Popol Vuh que a la palabra de Dios.

La teología india debe estar en armonía con el magisterio de la iglesia y con el Papa". En este camino, Arizmendi Esquivel reconoce el trabajo incansable que todos los obispos de México hacen por tener una iglesia mucho más terrenal y encarnada, por tener comunidades mucho más dignas y mejor reconocidas en sus derechos.

El Obispo sancristobalense remata su visión pastoral exhortando a toda la comunidad en general, a los gobernantes y legisladores, a participar muchísimo más en el rescate de estas comunidades, de estas etnias. (Notimex)

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