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Análisis Global - April 9, 2006

A Tres Años de la Toma de Bagdad

El 9 de abril. A Tres Años de la Toma de Bagdad  

Por: Isaac Bigio                                   

El 9 de abril se conmemoran tres años desde que las tropas norteamericanas entraron a Bagdad y produjeron la caída de Sadam Husein. Esta guerra ha tenido un profundo impacto en el Medio Oriente, donde Irak y otros países de la zona han empezado a ‘liberalizarse’ económica y políticamente.

Sin embargo, al otro lado del planeta, en el sur del hemisferio americano, donde ha habido regímenes muy ligados a Washington y a su estrategia de nuevo liberalismo, ese mismo día se realizarán dos acontecimientos en los cuales se evidencia un crecimiento de las fuerzas nacionalistas críticas a Bush y a los tratados de libre comercio con EE.UU.

Este 9 de abril Bolivia celebrará 54 años de su revolución ‘antiimperialista’ la más radical que ha tenido Suramérica teniendo por primera vez como presidente a un sindicalista indígena y como vicepresidente a un ex guerrillero. En el vecino Perú, ese mismo domingo se llevarán a cabo elecciones, donde la gran sorpresa viene siendo la irrupción de un candidato que se proclama ‘antiimperialista’ y que reivindica la ‘revolución socialista’ militar de 1968-75 del general Juan Velazco (el ‘Nasser’ peruano).

La invasión a Irak tenía como objetivo golpear duramente a los regímenes nacionalistas del mundo islámico que se basan en dictaduras personales y en economías proteccionistas. El Baath que gobernaba Irak tiene una ideología que propone querer unir a todos los Estados árabes en una sola república para ir hacia un sistema con menos desigualdad social y mayor control del Estado sobre la economía y las personas. Para Washington ese tipo de regímenes coarta la democracia y el desarrollo de las libertades, y la empresa privada.

Desde que en 1991 Washington logró derrumbar a la Unión Soviética y producir la primera derrota militar de Husein, EE.UU. fue avanzando en el Medio Oriente logrando que varios países abrieran más sus economías a Occidente y que sus regímenes políticos vayan experimentando ciertas aperturas. En Palestina logró que Arafat reconociera a Israel y que allí haya elecciones y una autoridad electa.

La caída de Sadam ha logrado que Siria se retire de Líbano y ‘modere’ su política exterior, así como que Libia, que era considerado hasta hace dos décadas como el peor Estado pro terrorista de todos, destruya unilateralmente sus peores armas y se reconcilie con las potencias occidentales. No obstante, la guerra iraquí ha producido reacciones adversas en el Medio Oriente. Fuerzas hostiles a EE.UU. han ganado la Presidencia en Irán y Palestina, y sus comandos avanzan en Irak y Afganistán.

Sin embargo, algo que debe estar preocupando mucho a la Casa Blanca es cómo estas reacciones anti-EE.UU. han venido avanzando en su propio continente. América Latina ha sido, precisamente, el modelo que Washington ha querido presentar como ejemplo para el Medio Oriente y otras regiones del Tercer Mundo. Allí, desde fines de los 70, ha habido un proceso de democratización, el mismo que luego generó el ‘consenso de Washington’, según el cual todo el hemisferio, desde Alaska hasta Tierra del Fuego (aunque con excepción de Cuba), tenía democracias representativas basadas en el monetarismo económico y tendientes a haber materializado ahora ya un Área de Libre Comercio de las Américas (Alca).

Mientras el Medio Oriente era una zona llena de regímenes nacionalistas y grupos armados, en América Latina los antiguos ‘antiimperialistas’ (como el peronismo, el MNR boliviano, los apristas y los allendistas) se tornaban partidarios del libre comercio y las antiguas guerrillas se iban desarmando o acoplando al sistema.

La manera en la cual George W. Bush ha puesto muchos recursos y energías en Afganistán e Irak, y en la forma en la cual él se ha atascado allí, es algo que ha permitido ir minando su influencia en el resto del hemisferio americano.

En los últimos años han venido creciendo corrientes que plantean salir del ‘neoliberalismo’ y no suscribir el Alca. En las últimas elecciones en Uruguay, Chile y Costa Rica ha ganado la Internacional Socialista, la misma que tiende a ser reelecta en Brasil y a tener buenos resultados en Ecuador. En Argentina, Panamá y Haití hay presidentes que no son del total agrado de Bush. La izquierda tuvo buenos resultados en El Salvador y puede tenerlos también en Nicaragua.

Hay una ola ‘antiimperialista’ que crece en América Latina y que se nutre del empantanamiento norteamericano en el Medio Oriente. Dos de sus mayores sorpresas son Bolivia y Perú.

Ambos venían siendo los paradigmas de modelos que privatizaron una economía proteccionista y llena de empresas estatales y que eliminaron subsidios y aranceles. Sin embargo, en Bolivia Evo Morales terminó ganando la Presidencia y el Congreso.

Su impacto sobre Perú ha sido muy grande. Hasta hace medio año todos los candidatos importantes a la Presidencia aceptaban el modelo pro libre mercado instaurado con Fujimori en 1990. Sin embargo, el desgaste de EE.UU. en Irak y el giro hacia la izquierda que se fue dando en la región fue influyendo en el electorado. En la sierra y el sur de Perú, las zonas étnica e históricamente más ligadas a Bolivia, fue creciendo arrolladoramente la figura de Ollanta Humala. Sin un aparato, un programa o un claro discurso su crecimiento ha sido espectacular. Dos semanas antes de las elecciones él lidera las encuestas.

Al margen de cuales sean los resultados finales en Perú hay un hecho cierto: el nacionalismo pan-regionalista que Washington ha ido golpeando en el Medio oriente ha ido creciendo, en parte gracias a ello, y con otras variantes en los Andes. Humala, Chávez y Morales hablan de ir hacia ‘nuevas repúblicas’ y ‘nuevas constituciones’ que recaten la ‘soberanía nacional’ y vayan hacia un bloque económico, político y estatal en los Andes o Latinoamérica.

Este 9 de Abril, mientras en la Casa Blanca se festeje la caída de Sadam, también habrá mucha preocupación por el crecimiento del nuevo nacionalismo pan-andino.

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