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Política - April 2, 2006

Patricia Mercado, ¿una mujer presidenta?

Patricia Mercado Castro
es la tercera mujer
electa para ser
candidata presidencial
Foto: Azteca21

Por Carlos Coronel
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 1º de abril de 2006. Primero fue doña Rosario Ibarra de Piedra, cuando en 1988 se convirtió en la primera mujer en competir por la Presidencia de la República. Aquel hecho inédito en la política mexicana, dominada siempre por hombres, se repitió seis años después con Cecilia Soto. Ahora, en el inicio del siglo XXI, Patricia Mercado Castro es la tercera mujer electa para ser candidata presidencial. Su postulación, tras un conflicto interno por el Partido Alianza Socialdemócrata y Campesina (PASC), no sólo busca el voto de los electores, sino que trata de “construir una alternativa de izquierda mexicana contemporánea, no clientelar”.

No es la primera vez que esta sonorense de tez blanca, atuendos discretos y voz segura enfrenta retos imposibles. Su propia historia se funde con la de los movimientos por los derechos humanos de las mujeres en los años ochenta. “Nunca se han obtenido derechos fáciles, han sido decenas de años, y cada uno de ellos se ha ganado a pulso”, recuerda en las modestas oficinas desde donde dirige su campaña electoral. El balance sobre aquella época es positivo: “Ha sido de muchas satisfacciones porque finalmente la causa de las mujeres es un movimiento muy legítimo, que se entiende mejor ahora qué es lo que hemos querido decir en estos 20 o 30 años”.

Según Mercado Castro, el PASC surge precisamente para romper con esa política clientelar de los partidos hegemónicos. “En la historia de México está muy arraigada la participación política a través de la gestión de un partido, que hace que la gente tenga dueño en términos políticos. Pero esta izquierda necesita de ciudadanos organizados, concientes de sus derechos, no una base corporativa. Y ahí vamos, con esfuerzo. Si bien electoralmente en estos intentos no hemos podido… creo que políticamente hemos ganado espacios y legitimidad. Hemos puesto en la mesa temas que nadie había puesto, que hoy son parte de la agenda pública”.

La madurez ciudadana a la que apela la consejera del Sindicato de Costureras “19 de Septiembre”, es la misma que ella ha demostrado desde que cumplió la mayoría de edad: hija de padres trabajadores, a los 18 años decidió sostenerse “como los millones de personas en este país”, y no ser una carga familiar. Su papel como luchadora social ha sido combinado con otras responsabilidades no menos serias: un anillo en el dedo anular izquierdo y una foto donde aparece un hombre maduro con dos adolescentes –Horacio Romo, su compañero desde hace 19 años, y los dos hijos que han procreado juntos- confirman su papel de esposa y madre.

Batirse en varios frentes no ha sido tarea fácil para Patricia Mercado, pero con el apoyo de su familia ha encontrado la fórmula adecuada. Su esposo tiene un trabajo estable con horarios bien definidos, que aseguran los fines de semana en casa, mientras que ella desde hace muchos años tiene más inestabilidad en sus horarios por su activismo social y político. “Ésa ha sido la relación y así siempre fueron las reglas del juego: que nos íbamos a distribuir las responsabilidades familiares”, explica.

Ante la posibilidad de que por primera vez surja un acompañante presidencial parecido a la figura de primera dama, aclara de inmediato: “Él no va entrar a la campaña ni tiene nada que ver. Me dice que por primera vez se siente más involucrado, como que está más atento a lo que digo; si le parece bien, si no, me hace comentarios. Se angustia a veces, me dice: ‘nunca me había angustiado con tus actividades, es la primera vez’. Pero ahí está, muy con su vida también y yo con la mía.

Sobre las parejas presidenciales admite que siempre las ha habido, pero no será este su caso. “Anteriormente, las esposas de los presidentes influían mucho, pero no conocíamos hasta qué grado. Esta (Martha Sahagún) se salió un poco del guacal. Su influencia fue individual y a través de su fundación Vamos México, que generó acciones legítimas o ilegítimas algunas”. Incluso, no olvida la advertencia que le hizo a la Primera Dama cuando la conoció a finales del 2000. “Me cayó muy bien, pero le dijimos: ‘Oye, tu fundación no va ir por buen camino porque tú vas a tener derecho de picaporte para conseguir financiamiento privado, y las asociaciones civiles que venimos desde hace muchísimos años trabajando, no vamos a tener esa ventaja, ojalá lo reflexiones’”.

Lo que más conmueve a la candidata del PASC en los recorridos por el país son precisamente las muestras de solidaridad que recibe de las mujeres. Ricas o pobres, señoras de la ciudad y del campo, la animan a seguir adelante y no desfallecer. “Yo me siento por un lado responsable frente a las mujeres, pues aunque muchas no voten por mí, porque ya tienen candidato, me han hecho saber que se sienten contentas de que yo lo haga; y por otra parte, me hacen sentir segura de que estoy haciendo lo correcto”.

Su tozudez estriba en la idea de que las transformaciones de la sociedad mexicana acabarán por impulsar su movimiento. “Hay siete millones de hogares donde vive una persona sola. De esos siete millones, siete de cada diez –o sea, la mayoría– son hombres solos. Las cosas van cambiando, antes vivían con su mamá o su esposa. Como eso, hay muchos hogares con hijos y al frente un varón. Y muchos jóvenes a quienes la política no les gusta porque ya vieron que es de una corrupción terrible. Por desgracia, lo único que no ha cambiado en este país es la clase política de siempre, la del siglo pasado con partidos distintos pero que al final resultan lo mismo. Lo que yo represento y los que vienen conmigo representamos un cambio muy radical, una vuelta a la hoja de lo que ha sido la política tradicional.”

Política no asistencial

En un país de carencias, considera prioritarios en su presupuesto la familia, la educación y el municipio. “Significa reestructurar totalmente el DIF para hacerlo una institución de Estado que atienda a los nuevos modelos de familias mexicanas: éstas se han democratizado y la obediencia ya transita por otros espacios. Los jóvenes no saben cómo lidiar con las muchas libertades que ofrece este nuevo orden: necesitan información sobre las drogas, por ejemplo, para que puedan decidir bien. Si tenemos familias seguras, pasamos a hacer una revolución educativa, que enseñe a aprender y deje atrás a la educación enciclopédica, que ya no funciona. Necesitamos ampliar los horarios escolares. Y luego fortalecer el municipio para que pueda dar la infraestructura, el financiamiento y la tecnología a esas familias seguras, que con conocimientos escolares pueden entrar a la dinámica del mercado. Hay que apoyar la producción de este país con equidad y justicia.”

Tendrá que convencer a la derechosa Sociedad de Padres de Familia y al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación…

Exactamente. Uno de los principales retos sería convencer al SNTE de que tendría que cambiar radicalmente. El aumento salarial o los puestos de los maestros ya no pueden ser por amiguismos o porque yo apoyo al líder sindical o porque me voy al partido que me dicen o porque voy a la marcha, sino que tiene que ser una medición de la productividad del maestro en el aula. La revolución de los maestros incluye entender la cultura de la tolerancia, que sean capaces de no discriminar, que tengan respeto a la diferencia. Un gobierno que parta de los dolores de la vida cotidiana de la gente va ser uno con gran apoyo ciudadano.

En cuestión de seguridad, ¿sacaría el Ejército Mexicano a las calles?

En situaciones de emergencia…

¿Cómo en Acapulco?
-Sí, como en Acapulco o en Nuevo Laredo. En situaciones de emergencia y por un tiempo determinado, sí. El Ejército es una institución respetada por la sociedad, pero no puede encargarse de eso, corremos el riesgo de que se corrompa, tenemos que dejarlo guardado para ciertas situaciones. Los elementos de seguridad pública deben encargarse de este asunto.

¿Continuarías el programa federal Oportunidades y ampliarías la ayuda a las personas de la tercera edad que otorga el GDF?

-Este tipo de programas que atienden la emergencia en la pobreza extrema, hay que tenerlos, esto es parte de la política social. Sin embargo, la política social y la política económica tienen que tener una misma visión para implementar programas que realmente empoderen a la gente en términos productivos, en vez de tener siempre una generación y otra viviendo de los programas de asistencia social. En la pensión a los adultos mayores tenemos que instruir un sistema de seguridad social universal, para que el Estado tenga los suficientes recursos para pensionar a todos en el país, si no puede convertirse en una cosa impagable. Nosotros tenemos la propuesta de que los jóvenes hagan una economía tan fuerte que alcance para la pensión, con el ingreso mínimo ciudadano. Más desde esta perspectiva porque la otra empodera poco a la gente y te hace que no sea un derecho ganado, sino una dádiva de un buen gobernante.

No hay contradicción en que hayas estudiado en un colegio de monjas y defiendas la educación laica…

No. A mí las monjas me formaron en el compromiso social, no fueron fundamentalistas que me hayan llevado por el camino de la única verdad; al contrario, me enseñaron a respetar a los demás y trabajar por México. Fueron muy revolucionarios en su tiempo, que venían de la teología de la liberación. Desde mi punto de vista, el Estado laico es el medio por el que un gobierno puede hacer política de Estado, independientemente de las convicciones religiosas y morales de los gobernantes. Las religiones transitan por otro lado. A la Iglesia Católica le puede parecer que si hay un conflicto entre seguir con un embarazo o interrumpirlo porque si sigue la gestación la mujer morirá, apele a lo que Dios diga, pero yo como Estado tengo que dar servicio para salvar su vida.

Si ganas la Presidencia ¿integrarías un gabinete de personas con distintas ideologías?

Yo sí propondría un gobierno de coalición, que implicaría nombrar una terna para cada secretaría de Estado y que sea el Congreso, mediante un buen acuerdo, el que me dé el aval para elegir a los secretarios.

¿Tienes algún nombre?

Pues efectivamente está Juan Ramón de la Fuente para la política interna del país, y David Ibarra, quien es un economista con sólida formación, que ha ocupado ya el cargo de secretario de Hacienda y cuenta con un prestigio y reconocimiento a su capacidad.

¿No le gustaría tener desde ahora como asesor a Cuauhtémoc Cárdenas?

Por supuesto que me gustaría. Es alguien a quien admiro desde que creó junto con Porfirio Muñoz Ledo el Frente Democrático Nacional. Yo recuerdo cuando encabezaba esas primeras marchas de protesta en el zócalo capitalino, apenas si llegaban a ochenta personas, y todas ellas daban vueltas y vueltas a la plaza tomados de las manos. Nadie imaginó que tres años después sería un movimiento importante en la historia democrática mexicana. Es lo mismo que estamos haciendo nosotros ahora. Yo respeto y quiero mucho al ingeniero, y aunque por ahora sé que él ha dicho que es perredista y apoyará a su partido, si cambia de parecer, por supuesto que será bienvenido, es un gran activo.

Cuando ganó Fox en 2000, tú criticaste algunos liderazgos que se negaban a construir con el nuevo gobierno. Si tú no ganas, ¿estarías dispuesta a colaborar con López Obrador, Calderón Hinojosa o Madrazo Pintado?

Sí, con dos condiciones: siempre y cuando implique no una fidelidad ciega con el ganador, sino con lealtad a México, a los intereses de la nación; y con un acuerdo colegiado expresamente con mi partido. Si no, no.

Y si así fuera, ¿dónde te gustaría estar?

Tengo experiencia en el área laboral, podría ser en la Secretaría del Trabajo. Y mi formación es económica, entonces podría desempeñarme bien en la Secretaría de Desarrollo Social o Economía.

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