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Espectáculos - March 31, 2006

Una marcha hacia la vida: “La marcha del emperador”

Una tierna escena del documental
Foto: Sitio Oficial

Por Carlos Coronel
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 31 de marzo de 2006. No se trata de una película de ficción, ni existe una sola escena donde aparezca el hombre. No obstante, todos los conceptos que éste ha formulado –la lucha por sobrevivir, el desafío de encontrar una pareja y hasta las responsabilidades de criar– están presentes en “La marcha del emperador” (Francia, 2005), de Luc Jacquet, un ágil documental sobre esa especie de pingüino que cada invierno austral arriba a la Antártida.

En su primer largometraje, el realizador congela imágenes extraordinarias de una tierra inhóspita, donde las temperaturas alcanzan los 40 grados bajo cero. Aunada a la belleza alba del paisaje, la historia es un canto lleno de lirismo, una lección de conservación que no debería ignorar nadie.

Luc Jaquet encierra su cinta en un solo momento en la vida de estas aves: cuando abandonan los mares para irse a aparear y cuidar a sus polluelos hasta que puedan sobrevivir solos, sin más protección que las paredes de granito helado en lo más central de la Antártida.

No hay voz humana y, por consiguiente, moralejas obvias y gastadas. Son precisamente dos pingüinos –que acabarán inevitablemente en esos meses siendo “papá pingüino” y “mamá pingüino”– quienes cuentan su aventura: un “ritual” programado en sus cromosomas. A esas voces, se añadirá también la del pingüinito-bebé, dando no sólo un toque humorístico a la cinta, sino auténtico.

Los desafíos que enfrentan estas aves son infinitos –se pasan muchos meses sin comer– y “se necesita mucha vida para hacer vida” en ese frío mortal. El título de la película alude a las varias “marchas” o caminatas que tiene que hacer el pingüino emperador para no morir de hambre o frío y lograr con éxito su reproducción.

Vida y muerte rondan con una naturalidad pasmosa en cada viaje. La música contribuye al lirismo de esta palpitante historia que, al compás de estos pequeños grandes caminantes, recuerda a la especie humana en estribillo aterrador y normal a la vez: “Vida o muerte, calor o invierno”.

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