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Análisis Global - March 31, 2006

AMERICA LATINA: PERU es el campo de batalla

AMERICA LATINA: PERU es el campo de batalla

Por: Isaac Bigio

Las elecciones peruanas se han convertido en un campo de batalla entre las dos principales internacionales a nivel mundial (la socialista y la socialcristiana) y la nueva internacional panlatinoamericanista impulsada por Hugo Chávez.

La Internacional Socialista, si bien ha perdido el poder en Alemania y Francia y retrocede en Europa, ha logrado hacer que se elija presidentes suyos recientemente en Uruguay, Chile y Costa Rica. Además, tiene grandes posibilidades de lograr que este año Luiz Inacio “Lula” da Silva sea reelecto en Brasil, mientras que en Perú esperan que Alan García vuelva a la presidencia que antes ocupó de 1985 a 1990.

Los socialcristianos avanzan en el Viejo Mundo, pero retroceden en el Nuevo Mundo. El peronismo argentino y el Partido Acción Nacional (PAN) mexicano también son parte de la Unión Democristiana Americana aunque ellos tengan orígenes y trayectorias distintas al socialcristianismo, cuyos cinco pilares en la región fueron históricamente Chile, Ecuador, Venezuela, Costa Rica y El Salvador. Sólo en Chile se mantienen en el gobierno, aunque como socios minoritarios de la socialdemocracia (igual que en Uruguay). En Ecuador difícilmente lleguen a quedar entre los dos primeros puestos. En Venezuela, Costa Rica y El Salvador han quedado minimizados. La peruana Lourdes Flores se ha convertido hoy en su gran esperanza. Si ella no gana, 2007 sería el primer año desde 1978 en la cual no habría algún partido socialcristiano presidiendo una república latinoamericana.

Las corrientes

Los bolivarianos celebran el triunfo de Evo Morales en Bolivia, apoyan a René Préval quien acaba de ganar Haití (aunque él no pertenece a su corriente) y han ido influyendo en Ecuador, Argentina, Brasil y Uruguay. Recientemente, Chávez ha apadrinado en Perú y con todo a otro oficial nacionalista que hizo un golpe fallido: Ollanta Humala.

Estas tres internacionales aceptan en principio la democracia representativa, el mercado y la libre empresa. Sin embargo, tienen modelos distintos. Los socialcristianos tienden a ser más conservadores en temas sociales, a nivel económico promueven más facilidades a los inversionistas privados, postulan ir hacia el ALCA y tratados de libre comercio con Estados Unidos y a nivel diplomático son más cercanos a Washington.

Los socialdemócratas aceptan el TLC y muchas privatizaciones, pero plantean que el Estado tenga un mayor rol en la economía y con una agenda social y pro-derechos humanos, buscan potenciar la Comunidad Sudamericana de Naciones y al Mercosur, y se acercan a la Unión Europea.

Los nacionalistas son hostiles al TLC y a Bush. Quieren que el Estado mantenga el monopolio de empresas estratégicas, que haya un mayor proteccionismo económico y social, e ir con Cuba hacia un bloque económico regional (ALBA).

En Europa el socialcristianismo ha venido creciendo, pues empalma con la tendencia post-1989 de ruptura con el estatismo socialista de Europa Oriental y porque postula que Europa debe tornarse más competitiva en la globalización disminuyendo beneficios sociales e inmigrantes. En América Latina, en cambio, pierde peso, pues es vista como un pilar del viejo modelo monetarista que se fue impulsando en los 80, y que muchos ven como una causa del aumento de las desigualdades sociales.

En la medida que América Latina se mueve hacia cuestionar tanta anterior subordinación a Washington y a políticas que captaron inversiones, pero que no disminuyeron la pobreza, es que vienen creciendo las izquierdas.

Los socialdemócratas no quieren cambios radicales. Mientras los nacionalistas les acusan de embellecer al neoliberalismo, ellos son tipificados por los socialdemócratas por tener “tendencias autoritarias” o poner en riesgo la estabilidad o el flujo de capital privado.

Lourdes Flores

La democracia cristiana fue fundada por Luis Bedoya Reyes y Héctor Cornejo Chávez hace 60 años y nunca ninguna de sus ramas (PDC y PPC) ha llegado a integrar una plancha presidencial electa o llegar siquiera a una segunda ronda en las elecciones generales. En 2001, Lourdes Flores logró que su corriente por primera vez bordease un cuarto de los votos y por poco margen Alan García la eliminó del balotaje.

Hoy, ella se sentiría satisfecha si ocurre lo opuesto. Flores encabeza las encuestas y con ella la posibilidad de hacer elegir por primera vez a una mujer y una democristiana en la presidencia. Sin embargo, tiene poca llegada en provincias y en las zonas más pobres. Ella se presenta como alguien que puede mantener renovadamente el modelo monetarista creado por Fujimori en 1990.

Sin embargo, si se suman los votos de sus dos rivales centrozurdos (García y Humala) ambos bordean el 50%. Ella corre el riesgo de repetir la tragedia del Frente Democrático que en 1990 los socialcristianos co impulsaron tras Mario Vargas Llosa, quien ganó la primera ronda, pero en la vuelta final fue anulado por una alianza integrada por todos sus rivales.

El endose que le hace Marta Chávez, candidata del fujimorismo, en caso de un balotaje, es como un abrazo del oso. Si Flores es estigmatizada como la candidata de los ricos y la oligarquía blancoide, se podría repetir dicha experiencia.

Ollanta Humala era, hasta hace pocos meses, un candidato marginal. Las encuestas mostraban que los principales contendientes eran líderes pro-TLC y pro-libre mercado. Sin embargo, quien comandó el cuartelazo de Tacna de 2000 empezó a trepar en un electorado deseoso de encontrar alguien similar a Evo Morales o Hugo Chávez.

Ollanta Humala

No obstante, Humala ha tenido reparos en declararse izquierdista o socialista como estos dos. Él se ha librado de sus dos principales núcleos militantes originarios: los etnocaceristas liderados por sus hermanos Antauro y Ulises y los partidos comunistas.

Si bien la victoria de Evo Morales es un gran aliciente para el crecimiento de los Humala, particularmente en el sur andino, Ollanta tiene una estrategia distinta a la de Morales. Sus movimientos son muy distintos.

Morales es un sindicalista campesino que se ha hecho popular organizando o participando en marchas, bloqueos y huelgas masivas contra la erradicación de la coca o la privatización del agua, y luego tumbándose a dos presidentes (2003 y 2005).

Humala, en cambio, es un militar que recién entra a la política hace menos de un año. Él nunca ha participado en ninguna huelga y tampoco promueve protestas callejeras. Él se libra de radicales y se enorgullece de abrir su lista a “empresarios derechistas”. Mientras Morales puso como su compañero de plancha a Álvaro García, ex jefe del Ejército Guerrillero Katarista, Humala se muestra muy duro con el “terrorismo” y se jacta de haber sido el “comandante Carlos” a cargo de una base antisubversiva, en la cual sus oponentes le acusan de haber cometido abusos contra los derechos humanos.

Mientras Morales, al igual que el Hamás palestino, ganó con más del 50% tratando de movilizar a electores tradicionalmente apáticos tras una imagen de radicalismo y protestas callejeras, Humala busca moverse hacia el centro para buscar alianzas. Su cálculo es que así lograría el apoyo del APRA y de otros sectores medios en un balotaje contra la “derecha”. El talón de Aquiles de dicha estrategia es que la fuerza de Humala es que representa al antisistema y al “desafilarse” tanto puede perder su inicial atractivo.

Alan García

En medio de esta pugna entre supuestos extremismos (liberal vs. nacionalista) Alan García está queriendo aparecer como un moderador y por ello viene avanzando en las encuestas.
 
Su estrategia es difícil. Mientras en Brasil, Uruguay y Chile sus compañeros socialdemócratas que ganaron no tuvieron fuertes adversarios a su izquierda y lograron aliarse con centristas para concentrarse en pelear contra el campo centro-derechista, y en Costa Rica Arias no tuvo muchos rivales a su diestra y se pudo centrar en contener a su rival de siniestra (Ottón Ortiz), García se enfrenta a dos rivales de peso a sus dos costados. Él puede quedar atenazado entre ambos, pero su táctica pasa por hacer que Humala y Flores se desgasten mutuamente.
 
Él aparece como pro-tratado de libre comercio y pro-libre empresa como Flores, pero nacionalista y pro-200 millas marinas como Humala, pero también opuesto a querer revisar tratados limítrofes con vecinos y a ser chapista (como Humala) o ser tan liberal (como los socialcristianos). Difícilmente Humala y Flores podrían apoyarse mutuamente.
 
Si García saca a Humala del segundo turno él buscará sus votos para “derrotar a la derecha” y si él vuelve a eliminar a Flores del balotaje querrá sus votos contra una amenaza “extremista”. Por el momento el APRA sigue tercera, pero su rol puede ser decisivo. En caso de ir a un balotaje entre Humala y Flores, la socialdemocracia podría inclinar la balanza en una u otra dirección. Flores quisiera tentar al APRA a seguir el camino chileno donde desde hace 16 años co-gobiernan los “sociales” (cristianos y demócratas). Mas, para ello tiene dos dificultades: nunca el APRA y el Partido Popular Cristiano han hecho alguna vez alguna alianza electoral y que el enemigo común no es un dictador (tipo Augusto Pinochet), sino un nacionalista tipo Hugo Chávez.
 
Humala si tuviese que definir con Flores también quisiera el apoyo aprista. Por eso, él y Hugo Chávez hablan buenas cosas de Haya de la Torre. Sin embargo, el APRA no suele hacer alianzas con otros nacionalistas que le puedan competir: no apoyó a Acción Popular, cuando era medio izquierdizante en 1956 y 1962-68, y tampoco al gobierno militar ‘socialista’ de Velazco (1968-75), en el cual se inspira Humala.
 
Sea cual sea el vencedor hay cinco cosas seguras. La primera es que el nuevo gobierno va a tener que mirar al flanco social (aunque sea Flores la presidenta). La segunda es que la bancada aprista y nacionalista va a ser muy grande. La tercera es que la socialdemocracia va a tener un rol decisivo: el APRA va a tener una buena representación parlamentaria y va a usar su peso para presionar al ejecutivo, si es que no gana éste. La cuarta es que no van a quedar bien parados los partidos que gobernaron con los presidentes Fujimori, Paniagua y Toledo en 1990-2006 y que han ido construyendo el actual modelo económico. La quinta es que el nuevo gobierno deba tener que descansar en una alianza abierta o encubierta entre dos de las tres internacionales descritas: socialdemócrata, socialcristiana o nacionalista.

Isaac Bigio es un analista internacional. www.bigio.com

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