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Espectáculos - March 26, 2006

“Sólo Dios sabe”, de Carlos Bolado, una historia inverosímil

Diego Luna hace el papel de
un reportero llamado Damián
 Foto: Azteca21

Por Javier Pérez
Reportero Azteca 21

Guadalajara, Jalisco, 25 de marzo. El tan esperado largometraje número 3 de Carlos Bolado (Veracruz, 1964), “Sólo Dios sabe” (México-Brasil, 2005), exhibido durante la edición 21 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, puede presumir su condición de primera coproducción méxico-brasileña. Pero, más allá de eso, la cinta resulta una amalgama de clichés sin consistencia, carente de una estructura sólida que sólo deja ver que el tiempo que la producción estuvo en espera acabó por derrumbar cualquier esperanza de solidez narrativa que se tuviera de principio.

Aunque por instantes (muy breves, por cierto) se deja ver al prometedor cineasta que entregó “Bajo California: el límite del tiempo” (1998) y el documental a seis manos “Promesas” (2001), pronto las expectativas se convierten en decepción.

AliceBraga hace el papel de una
estudiante brasileña en EU
 Foto: Azteca21

Dolores (la guapa Alice Braga, sobrina de la famosa Sonia) es una estudiante brasileña en Estados Unidos que va a una disco en Tijuana. Ahí pierde su pasaporte, el cual es recuperado por Damián (Diego Luna, quien también es productor ejecutivo de la cinta), reportero mexicano que alcanza a darle su tarjeta. Cuando Dolores tiene que viajar a la ciudad de México para conseguir un nuevo pasaporte, Damián aprovecha la oportunidad para pasar más tiempo con ella, llevarla en su carro hasta la ciudad y ocultar el preciado documento.

Luego del viaje (que se pasa por alto la lógica geográfica) y de la infaltable química que surge entre los protagonistas, “Sólo Dios sabe” empieza a flaquear. Un nuevo viaje (ahora a Brasil) marcará el rompimiento de la pareja con el fin de construir una especie de historia de descubrimiento (de los orígenes) y maduración que a nadie convence.

Y es que el aspecto místico-religioso de la historia carece de la consistencia dramática que necesitaba la película, la cual involucraba un sacrificio relacionado con una herencia ancestral, un bebé y una enfermedad mortal. Aunque, hay que decirlo, a ratos los conflictos internos de los personajes dejan traslucir su humanidad y la fotografía, a cargo de Federico Barbabosa, aprovecha los momentos que tiene para lucirse.

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