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Buenas Noticias - March 14, 2006

El ser y el eros presentes en la poesía de Manuel Ulacia

Legado poético
editado por el FCE
 Foto: Azteca21

Por Darío S. González M.
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 14 de marzo de 2006. Si bien la vida del poeta mexicano Manuel Ulacia fue breve, el legado poético que dejó compensa, sobradamente, los poco más de cuarenta años que vivió en este mundo. Afortunadamente, gran parte de su poesía podemos encontrarla en el libro que el Fondo de Cultura Económica (FCE) editó bajo el nombre de “Manuel Ulacia. Poesía (1977-2001)”, obra donde se reúnen por primera vez los cuatro libros iniciales que este poeta defeño escribió: “La materia como ofrenda” (1980), “El río y la piedra” (1989), “Origami para un día de lluvia” (1990 y 1991) y “El plato azul” (1999), así como su obra poética inédita que consta de un libro titulado “Arabian Knights and Scottish Mornings” y poemas sueltos.

Quedan en espera de otra edición sus poemas en prosa que se publicaron en revistas como “Revista Mexicana de Cultura”, “El Gallo Ilustrado”, “Diorama de la Cultura” y “Zaguán”. Esta última publicación de origen coyoacanense, dicho sea de paso, importante en la vida de Ulacia por ser con la que comenzara a darse a conocer allá por 1975 y 1977 y en cuyas páginas escribieron poetas tan representativos como Stephen Spender, Vicente Aleixandre, Ramón Xirau y Octavio Paz.

A la espera también de publicarse queda la extensa obra realizada por Ulacia como traductor de autores de la talla de James Merrill, Haroldo de Campos, Ezra Pound, Lawrence Ferlinghetti, Elizabeth Bishop, Carlos Drummond de Andrade, Federico Barbosa, Alfred Corn y Reginald Gibbons. Con todo, la cantidad de poemas acaudalados en este libro del FCE son suficiente muestra para conocer la temática y épocas por las que pasó la poesía de Ulacia.

De su estancia en Yale, lugar adonde fue con el propósito de estudiar un doctorado de literatura hispánica, surgió “La materia como ofrenda” (1977 y 1979), el primero de sus libros cuyos breves poemas tratan de la poesía y el amor como antídotos frente el aislamiento característico de todo hombre moderno, ante lo frágil de la existencia, de cara al transcurrir del tiempo y a la inminencia de la muerte.

Hay también, como constante en toda su obra poética, versos con una nota de erotismo cada vez más refinado, como se muestra en “Concierto matutino”: “[…] Los instrumentos crean acordes de sentidos./ Tu aliento toca mi piel/ tus ojos/ pronuncian el alfabeto de mi cuerpo/ tus manos me sostienen/ en el espacio donde me invento/ tu deseo penetra la página/ mi deseo penetra tus pupilas/ te habito/ me habitas/ me disipo en el blanco advenimiento/ soy el poema.”

El libro que sigue a “La materia como ofrenda” también anuncia otra etapa poética de Ulacia. “El río y la piedra” recopila versos en el transcurso de los ocho años posteriores al primer poemario, en los cuales se consolida la madurez literaria de nuestro poeta. De este periodo es representativo “La piedra en el fondo”, poema autobiográfico que, por su temática y extensión, hace recordar al célebre “Algo sobre la muerte del Mayor Sabines” (1973).

El poema meditativo de Ulacia se compone de un largo monólogo donde el hijo pretende la reconciliación con el padre, quien aparece postrado en el lecho de muerte: “[…] Mientras se le apaga la respiración a mi padre,/ parece que empezará a olvidar todo:/ las quimioterapias y los verdugos,/ las salas de espera y los quirófanos,/ el retrato de su abuela y las piernas jóvenes/ de las muchachas,/ la piedra de Oaxaca y el canto del canario,/ la sonaja roja y el primer llanto.// O tal vez, en su olvido/ —último sueño que el tiempo devora—,/ viaje por un camino/ a buscar a su padre./ Pero el camino ya es otro camino,/ y la casa, otra casa./ Su vida ahora cabe en un instante./ Conciliadas están todas las partes./ Un sol único arde en su conciencia,/ helado incendio que el mundo consume./ En el espejo de agua/ se dibuja la última onda./ La piedra, en su caída,/ llegó al fondo.”

Luego de “La piedra en el fondo”, Ulacia crea poemas más largos, como “Origami para un día de lluvia” (1990), con más de setecientos versos y, posteriormente, “El plato azul” (1999), inspirado en una anécdota que su madre le contara acerca del reencuentro de una pareja de alemanes cuyo amor sobrevivió al régimen nazi. Todos ellos, junto con los poemas breves y los inéditos, guardan gratas sorpresas para el lector, que ahora puede tener la fortuna de encontrarlos recopilados en este libro del FCE.

Vale la pena incluir al menos un fragmento de “Concierto de Cello”, uno de los poemas que comprende el libro “Arabian Knights and Scottish Mornings”, quizá el más erótico de la obra de Ulacia: “[…] Las notas que nos hacen/ fluir a la deriva/ de las horas, las tardes,/ en feliz compañía.// Y en seguida las risas,/ y las conversaciones,/ el festín de la cena,/ y después, el deleite/ de la carne en la cama./ Tus arterias azules, dilatadas, latentes,/ en dibujados muslos./ Tu boca con sabor/ a durazno maduro./ El sudor de los cuerpos/ y los suaves gemidos./ Los tránsitos del alma/ y los de los sentidos/ que por magia nos hacen/ dar el salto a otro tiempo,/ mientras florece el cielo,/ en millones de estrellas/ intensas, titilantes.”

Erotismo, amor a la naturaleza, gusto por el ritmo, por la introspección; desprecio por el tedio, el aislamiento; devoción hacia la poesía y al amor, así como sorpresa ante el tiempo y la muerte, son las constantes en toda la obra poética recopilada en este libro de la colección Letras Mexicanas del FCE. Queda en el lector el gusto de descubrir y deleitarse con las aristas y tonalidades que toda buena poesía siempre guarda para sus osados seguidores.

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