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Por la Espiral - February 3, 2006

EUA adicción petrolera

Por la espiral
Claudia Luna Palencia

-EUA adicción petrolera
-México aliado energético
-Exploración de alternativas

El discurso del Estado de la Nación, que George W. Bush, presidente de Estados Unidos, emitió el martes pasado, es desalentador por el mensaje reiterativo de velar por la seguridad, ante lo que cual son: terrorismo e inmigración ilegal dos focos de combate prioritario.
 De los desafíos económicos,  la retórica también fue repetitiva en otra de las prioridades de la administración del presidente Bush: el petróleo. Estados Unidos es un “adicto al petróleo”, una aseveración que no sorprende a ningún analista porque las mismas cifras revelan el grado de dependencia hacia las importaciones del hidrocarburo.
 Al respecto, el presidente Bush señala que: "La mejor forma de romper esta adicción es por medio de la tecnología". Pero omite decir que desde la Casa Blanca promueve la guerra por el petróleo invadiendo a otros países. Lo hizo con Irak en marzo de 2003, el segundo país con las mayores reservas de petróleo en el mundo; y ahora insiste en voltear hacia Irán, el quinto país poseedor de reservas probadas.
 En la carrera por el petróleo, además de Estados Unidos, encontramos a otros competidores globales: China, India, Japón, Gran Bretaña, Francia, España, Rusia, Canadá, y el resto de los países que enfrentarán problemas demográficos con una tensión derivada por una demanda por productos, mercancías y servicios. Esto implicará, energía para la industria, para las empresas, y desde luego, para los hogares.
 Se imagina, amigo lector, un mundo todavía más inestable de lo que ya es por cuestiones de poblaciones sin agua, sin luz, sin gas, aspectos que seguramente motivarían el desplazamiento de los asentamientos rurales y muchos otros urbanos, en busca de estos satisfactores.
 Suena catastrófico. Los datos de que disponen los organismos internacionales revelan que por el contexto demográfico, en los próximos trece años,  la generación de energía deberá crecer al  menos un 50 por ciento.
 La demanda por petróleo pasará de 75 millones de barriles de petróleo diarios en 2000 a más de 100 millones de barriles para el año 2015.
 En la perspectiva actual, Estados Unidos produce el 12% del total mundial, 9 millones de barriles diarios, pero consume el 25% del crudo, unos 20 millones de los 75 millones de barriles diarios que se producen en el globo terráqueo.
 Por ello, para satisfacer las necesidades de su economía, debe recurrir a la importación de más de  once millones de barriles diarios.  En América Latina, México y Venezuela, con todo y lo incómodos que le resultan a la política de Washington, son dos aliados energéticos imprescindibles. ¿Qué haría Estados Unidos si dejara de obtener tres millones y medio de barriles de petróleo diarios provenientes, en conjunto, de ambos países?.
A COLACIÓN
 De acuerdo con las estadísticas de Pemex, el volumen de las exportaciones de petróleo crudo mexicano, en 2000, se ubicaron en un millón 604 mil barriles diarios; de los que el 86% fueron exportados a América, un millón 300 mil barriles diarios, sólo para Estados Unidos; el resto para otros países de la región.
 Para 2005, el volumen de las exportaciones de petróleo crudo mexicano subieron 13.27% al pasar a un millón 817 mil barriles de petróleo diarios; de los que el 87% fueron exportados a América; un millón 500 mil barriles diarios para Estados Unidos, el resto para otros países de la región.
 El año pasado, en cuestión monetaria, Pemex recibió 28 mil 286 millones de dólares por concepto del valor de las exportaciones totales de petróleo crudo, se trata de una cantidad 94.36% superior al valor obtenido en 2000. De las  exportaciones a América, Pemex recibió 24 mil 856 millones de dólares.
 El World Resource Institute añade que el petróleo proporciona a Estados Unidos el 40% de la energía que consume y el gas natural aporta un 25 por ciento.
 El petróleo y los demás combustibles fósiles generan, para colmo, severos contratiempos ecológicos y políticos. Por una parte, liberan dióxido de carbono a la atmósfera, lo que puede ser causa del recalentamiento del planeta; por la otra, son fuente de preocupación en la perspectiva geopolítica y geoeconómica.
 El presidente Bush propone incrementar la investigación federal en combustibles alternos, como el etanol obtenido a partir de malas hierbas o virutas de madera, en lugar de maíz.
 Me parece que es una excelente idea, que tiene en contra, el muro de un enorme déficit presupuestal en el que la reasignación de los recursos sucede a partir de las prioridades de la Casa Blanca: Irak; programas de combate al terrorismo; líneas de acción de contraespionaje; reforzamiento de la seguridad fronteriza; adquisición de equipo de alta tecnología para la Patrulla Fronteriza. ¿De dónde sacará Bush el dinero para destinar millones de dólares para el fomento de la investigación de las energías limpias?.
SERPIENTES Y ESCALERAS
 El reto de Estados Unidos, como el de México y de  todos los países del orbe, es el de aprovechar los suministros de energía menos contaminantes.
 A partir de 2015, el uso del gas natural se incrementará de manera más rápida que cualquier otra fuente de energía. Para ese año Global Trends indica que sólo una décima parte de la producción del Golfo Pérsico estará dirigida a los mercados de occidente y tres cuartas partes serán para Asia.
 El uso de celdas solares será cada vez más prioritaria. La ingeniería genética aumentará la capacidad del etanol y las presas de agua serán otro combustible.
 La energía nuclear será muy socorrida. Sin embargo, el gas natural es un combustible menos perjudicial que el carbón para el medio ambiente y mucho más barato de producir.
 Los científicos argumentan que el futuro más viable está en el aprovechamiento de la energía solar, la eólica y la contenida en la biomasa.
 La cantidad de energía solar y eólica utilizada en el mundo ha venido aumentando a razón del 20% al 30% cada año. La energía nuclear ha tenido una tasa de crecimiento de menos del 1% y la derivada del carbón tuvo un crecimiento negativo.
 La construcción de una central nuclear demora alrededor de 10 años, mientras que levantar una planta de gas natural significa un proceso muy rápido en el que sólo hay que resolver la manera de transportarlo efectivamente.
 Y si bien el futuro inmediato radica en el gas natural, ante lo que algunas economías están desarrollando estrategias de exploración, conexión y distribución, la noticia para México cae “como un balde de agua fría” porque somos  importadores crecientes de gas natural. Para nada nos conviene una dependencia gasífera hacia nuestro vecino incómodo.
Agradezco sus comentarios a: claulunpalencia@yahoo.com

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