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Por la Espiral - February 1, 2006

Inflación: jitomates vs. la luz

Por la espiral
Claudia Luna Palencia

-Inflación: jitomates vs. la luz
-La medición de los precios, ¿real?
-Las malas empresas, según Pro Natura

El Banco de México estima que, para 2006, el crecimiento de la economía será, de entre 3.2% y 3.7%, impulsado por el consumo y la demanda externa; por una  ligera recuperación de la industria manufacturera; por cuentas externas que continuarán apoyadas por el flujo de ingresos, originados principalmente en las exportaciones petroleras, en las maquilas y en las remesas de los trabajadores.
Por el lado del control de la inflación, la prioridad  del Banco de México es vigilar el desempeño del  Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), un indicador económico cuya finalidad  es la de medir a través del tiempo la variación de los precios de una canasta de bienes y servicios representativa del consumo de los hogares.
El INPC es el instrumento estadístico por medio del cual se mide el fenómeno económico que se conoce como inflación.
¿Cuáles son los principales componentes del INPC? Los principales componentes se agrupan en ocho categorías, de acuerdo con la forma en que los consumidores distribuyen su gasto: 1) Alimentos, bebidas y tabaco. 2)  Ropa, calzado y accesorios. 3) Vivienda. 4) Muebles, aparatos y accesorios domésticos. 5) Salud y cuidado personal. 6) Transporte. 7) Educación y esparcimiento. 8) Otros servicios.
Además de medir estadísticamente hablando la inflación de estos componentes, el Banco de México atiende otro indicador: la inflación subyacente formada por los precios de un subconjunto del INPC que contiene a los genéricos con cotizaciones menos volátiles. La inflación subyacente mide la tendencia inflacionaria de mediano plazo y su comportamiento se ve influido, principalmente, por variables macroeconómicas como el tipo de cambio y los salarios.
En 2004, la inflación general  y la subyacente, se ubicaron en 5.4% y 3.8%, respectivamente. En 2005, la inflación cerró en  3.3% y la subyacente en 3.1 por ciento.
Para 2006, la meta es de una inflación de 3%, aunque las previsiones de los analistas privados apuntan a un dato que podría oscilar entre el 3.3% y 3.6 por ciento.
Indudablemente es mucho mejor  tener una economía con inflaciones bajas sobre todo porque la inflación revela el costo de la vida para los ciudadanos de un país. Las inflaciones altas dañan el poder adquisitivo y merman la confianza de todos los participantes de una economía.
La inflación de 2005 -de 3.3%-, la más baja en México desde 1969, más allá de los  bombos y platillos debe sumergirnos en la reflexión primera de que es cierto que dejamos atrás los episodios más dramáticos de la inflación, donde las personas no teníamos la certeza acerca del costo de los bienes, esencialmente porque un bien podía costar más caro, un día tras otro, sin lógica alguna más que por una presión especulativa.
Los peores años, los de la inflación del 159.2% de 1987 y del 51.6% en 1988, parecen  lejanos y muchos deseamos que el fantasma de los dos dígitos no retorne jamás a la economía mexicana. En el país hemos pagado una cuota social adicional por bajar la inflación, lo probamos de todo, desde los programas heterodoxos con el presidente Carlos Salinas de Gortari, hasta los matices ortodoxos en los sexenios posteriores.
Finalmente controlamos a la “bestia” de la inflación, la domamos. Sin  embargo, desde mi percepción, seguimos teniendo una inflación que no refleja del todo, y en gran parte la realidad, diaria de nuestro bolsillo. El propio Banco de México reconoce las dificultades para la medición de los precios, para su conceptualización estadística.
Entonces, ¿qué tan confiable es el dato de inflación en México? Resulta que en los últimos años, particularmente en la medición del INPC de 2005,  Banco de México destaca a los jitomates y los productos agropecuarios como  los de mayor incidencia en el INPC por encima incluso del pago de los servicios domésticos: luz, gas, agua, teléfono y transporte.
¿Es creíble que presione más a la inflación el costo por kilogramo del jitomate que el recibo por el consumo de la luz en el hogar? Me parece que no. Ninguna ama de casa aceptará que gasta más al bimestre por comprar varios kilogramos de jitomate en comparación con el desembolso por  el recibo bimestral de la luz. Año, con año, el costo de la electricidad doméstica sufre un alza que oscila entre un 30% a un 33 por ciento. Por lógica, ningún kilogramo del jitomate cuesta tanto como lo que, bimestre con bimestre, pagamos por el recibo de la luz.
A COLACIÓN
 Banco de México justifica que en los últimos meses ha sido el precio de algunos productos agropecuarios los que mayor incidencia han tenido en la inflación por encima de los servicios. En la economía, el ente económico sabe que cuando el precio de un insumo sufre un incremento, por instinto, tenderá a sustituir el bien que aumenta de precio, buscando otro similar, sustituto o complementario.
 Por ende, si el kilogramo del jitomate bola, saladett o cherry se va por las nubes, las amas de casas encontrarán sustitutos similares. En este caso, el puré de tomate, en presentación tetra pack, enlatado o incluso deshidratado. Esto significa que para los insumos agropecuarios existen mecanismos de compensación, lo que permite reducir el impacto de los precios dentro de la economía familiar.
 En cambio,  los servicios no hay forma de compensarlos o sustituirlos. Por tanto, la economía familiar resiente en su bolsillo de manera directa el precio de la luz, el gas, el agua: etc. Así es que esto es inflación  real, no subjetiva, ni disfrazada, ni subyacente, ni rebautizada. No puede ser que Banco de México considere que los jitomates provocan más inflación que el costo de los servicios.   ¿Cómo sustituimos la luz? ¿El gas? ¿El agua? Si estos servicios suben de precio,  como sucede año, con año, no nos queda de otra más que pagarlos.
SERPIENTES Y ESCALERAS
 Cambiando de tema, el lunes pasado comentamos en esta columna acerca del estudio de consenso dedicado a las 100 compañías más sostenibles del mundo, según el índice “Global 100 Most Sustainable Corporations in the World”.
 El Global 100 tiene su antítesis, se llama “The Public Eye on Davos” elaborado por Pro Natura y la ONG Declaración de Berna.
 The Public Eye on Davos distingue a las peores empresas, a las más irresponsables en materia medioambiental y social. Es una forma de crear escarnio con la finalidad de que los empresarios se avergüencen y ejerzan acciones positivas en pro del desarrollo sostenible.
 Este año Chevron, Walt Disney y Citigroup han sido señaladas como las empresas más irresponsables ante el medio ambiente.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

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