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Espectáculos - January 23, 2006

“La ausencia del mar”, nuevo disco del compositor mexicano Darío Parga

El joven compositor potosino Darío Parga
 Foto: Azteca21

Por Darío S. González M.
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 22 de enero de 2005. Después de escuchar la decena de canciones que Darío Parga nos comparte en su álbum, uno se queda con la sensación de haber navegado por un mar de aguas serenas y coloridas donde se desplazan las metáforas como peces: atractivas, abundantes y difíciles de atrapar.

La comparación con el océano aplica no obstante el álbum lleve por título “La ausencia del mar”, sin embargo, la aparente contradicción se aclara al final tras oír la pieza con el mismo título. Así, la ausencia es generadora de la presencia, es decir, la privación hace las veces de contención, de modo que, cuando se fisura, se desborda todo lo contenido: “[…] cuando mi pecho abrió/ toda el agua que corrió, fue de la ausencia del mar”.

Para Darío Parga esta agua que fluyó no es sino este disco cuya manufactura total (canciones, concepción de ideas, diseño gráfico, producción y dirección general) corrió por su cuenta, y es resultado de un proyecto de beca del Fonca, otorgada en el año 2000, en conjunto con Ediciones Pentagrama y Piedra de río, sello discográfico del propio autor, cuya expectativa es promover la música y las canciones independientes en nuestro país.

En general, el tono en las obras del álbum transcurre apacible, como suave brisa marina, en armonía con la voz del cantautor. De este modo, no debemos esperar estridencias, exaltaciones o intervenciones abruptas ni en la temática ni en los arreglos musicales. En cambio, sí gran variedad de ritmos que van desde fusiones de jazz, blues, bossa nova y  trova, a la par de incluir instrumentos variados como guitarra, bajo, loops, baterías, trompeta, coros y exóticos o poco comunes en composiciones similares como flugelhorn, cuica, cítara (en “Como única coartada”) y hasta arpa jarocha con todo y zapateado (en “La ausencia del  mar”).

Al igual que el mar, el estilo de Parga no es meloso ni trivial, todo lo contrario, sus letras tienden hacia lo profundo, lo trascendental, lo poco común y hasta un poco de crítica social, de tal suerte que podrá tachársele de lo que sea, menos de ser un autor predecible. En la canción con que inicia el álbum (“Cometas”), por ejemplo, se puede apreciar una ingeniosa imagen resultado de la analogía entre el desplazamiento de un cohete hacia el espacio, semejante a un cometa que se traslada y entre el sentimiento de soledad, angustia y misterio de la existencia acompañado por el recuerdo de la amada: “[…] y el espacio en que te habito/ parece tener final/ es el principio de cometas/ que en mi pecho caen!”.

Más adelante, en “Invisible”, la indiferencia manifiesta entre una pareja trasciende el plano de lo cotidiano y se eleva (“como el polvo”, diría Parga) al grado de sublevarse junto con la humanidad (con Adán y Eva encabezando la fila), al igual que un país que pretende independizarse pasando del mito al rito: “estábamos sin hambre,/ sin pre ni juicio,/ indigestados de olvido./ Estábamos tentados,/ luego expulsados,/ comiendo del fruto extinguido./ La era se subleva:/ indignación: país ciego/ que reclama a muecas.”

Y en la última de las canciones presentadas, “Por nada”, este cantautor potosino, fundador del grupo Cal y Canto, termina haciendo una crítica hacia la falta de memoria, la inmediatez en que nos movemos a causa de no revisar nuestro pasado (“y recuerdo que el recuerdo/ es un recurso que pasó de moda”) y al mundo artístico con las ironías y paradojas que, ya a estas alturas del disco, nos parecen comunes del estilo de Parga, mas no por ello desatinadas, fuera de lugar o panfletarias: “el viento trae consigo vanos fríos/ fríos sonidos en la radio,/ radio ‘desmemorizado’/ dado a ser tiempo perdido”.

Al final, tanto la última estrofa de la última canción termina expresando la postura de un cantautor independiente, es decir, que no se ha dejado someter por los medios masivos de comunicación, la cultura de masas, la canción chatarra y que no rinde pleitesía al becerro de oro en detrimento de las manifestaciones originales, en nuestro idioma, sin menospreciar nuestras tradiciones y, por ende, a nuestro país: “yo no sé por qué no arde la sangre./ Yo no sé por qué crece el cobarde./ Si esto se trata de no creer en nada,/ yo no cambio que no estés aquí por nada./ Si esto se trata de que no se diga nada,/ yo no doy mi silencio por nadie./ Si esto se trata de que estés aquí por nada,/ yo no cambio tu ausencia por nada,/ por nada, por nada.”

Un artista convencido de que el arte es vital, necesario, como el aire mismo, para comprender mejor la vida: gozarla y padecerla sin más; transformarla, en el mejor de los casos. El disco ya se encuentra a la venta en librerías y tiendas de discos de las principales ciudades del país.

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