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Buenas Noticias - January 1, 2006

Cabañuelas; la observación de los primeros días del año por los indígenas para vaticinar el tiempo

Los indígenas de antaño sabían leer el
 tiempo en la naturaleza
 Foto: Internet

    

Ciudad de México.- 1º de Enero del 2006.- El joven meteorologista señor Juan B. Cambiaso V. ha publicado sus apreciaciones personales acerca de las Cabañuelas de que se sirven nuestros campesinos para vaticinar el tiempo, a modo de como ahora lo hacen los técnicos que preparan el Almanaque Bristol, aunque por distintos procedimientos. Cierto, como afirma el estudioso técnico de nuestra Oficina Meteorologista, que "nada existe más complejo ni más distante de la capacidad del hombre que la ciencia meteorológica". Esta afirmación nos lleva a pensar que no existe entre las posibilidades de la capacidad humana la meteorología, entonces, para que los técnicos?

La cabañuelas si tienen algún valor y explicación para el mundo científico y particularmente para los campesinos de México, Centroamérica, Cuba, Venezuela y la República Dominicana, por ser la herencia común que les legaran los antiguos pobladores aborígenes. No hay, pues, por que extender estos pronósticos del tiempo a todos los pueblos de habla española. Para que se pueda apreciar el valor y la explicación que para el mundo científico tienen las cabañuelas, me limitaré a referir lo que fueron en la antiguedad, en acuerdo con sus prácticas de computar el tiempo y lo dificil que es acoplar aquel sistema al calendario cristiano. Si los resultados no corresponden no es culpa de los creadores que a fuerza de pacientísimas y largas observaciones lograron establecer un medio de pronosticar el tiempo.

Las cabañuelas la adoptaron los aztecas de los mayas y el método era muy distinto al practicado hoy, al pretenderse amoldar un admirable trabajo de nuestros indios al calendario de la civilización cristiana. El método primitivo no era tan complicado ni extenso, ya que el año maya, al igual que el azteca constaba de dieciocho meses de veinte días cada uno y cinco días vagos que no entraban en los meses, sino que un día completo mediaba entre la entrada y salida del año y los otros cuatro días eran para cada uno de los cuatro cambios de estaciones. Los 18 días primeros del mes de enero servian para cada uno de los meses y los dos días restantes o sea el 19 para predecir el tiempo del solsticio de estío y el 20 para el solsticio de invierno.

Estos pronósticos o cabañuelas se denominaban en maya "Chac-chac" y a la sucesión de los meses "xoc-kin". Los nombres e los meses eran: Pop, uo, zip, zots, tzec, xul, yakin, mol, chen, yax, zac, ceh, mac, kankin, muan, pax, kayab, cumhú, y uayeb. Los días del calendario maya, de cada mes, eran: ik, akbal, kan, chiechán, cimí, manik, lamat, muluc, oe, chuen, eb, bon, ix, men, cíb, cabán, eznab, cauac, ahua, imix. Del día cabán es que se origina la palabra castellanizada "Cabañuelas, porque a los pronósticos de este día (el 16) los llamaban cabanel y eran los de más importancia para el computo del tiempo. Los nombres de los meses, como los de los días, los he puesto en riguroso orden correlativo.

   El quinto día cimí era dedicado por los mayas a las ofrendas y sacrificios a los dioses, cimí es el nombre primitivo originario del vocablo taino "cemi", como la voz maya "xoc-kin", con que se designaba la sucesión de los meses, es la corruptela de la nahua "tzolkin" que en este idioma significa lo mismo.

   Respecto a estos augurios del tiempo, las Cabañuelas, dice Fr. Román Pané, lo siguiente, "Saben estos indios por su consultas a sus dioses y su observación de los primeros días del año cuáles serán buenos y cuáles serán malos, cuáles pluviosos y cuáles secos." Fray Román Pané fué uno de los cuatros franciscanos que acompañaron a Colón en su segundo viaje y a quién éste encomendara averiguar la regilión, creencias y costumbres de los aborígenes de la Hispaniola.

   Para la ciencia de Fr. Román Pané, al igual que para pensadores modernos de la talla del doctor John D. Teeple, notabilísimo arqueólogo norteamericano y otros más que no cito, sí tienen valor y explicación científica las Cabañuelas. (Vease la obra del doctor Teeple, "Astronomía maya, versión española de César Limardi.)

   Negar la correlación que pueda existir entre estos pronósticos del tiempo y los fenómenos meteorológicos en los primeros días del año y que abarcan a todo un ciclo climatérico anual, es negar la relación existente entre la influencia lunar con el sexo femenino y las mareas, y la que tiene la luna nueva con los desequilibrados del cerebro y con los cortes de madera.

   Débese tener presente que los indios mayas de los cuales descendian los nuestros estuvieron en la poseción de la civilización más deslumbrante del pasado, por la extensión de sus conocimientos y seguridad de sus cálculos, fruto de milenios de observación cuidadosa y analítica. Como astrónomos no solamente habían hecho un calendario perfecto, por lo menos dos mil años antes de la reforma gregoriana del calendario cristiano, sino que habían investigado la naturaleza cósmica de los cometas y computado las apariciones períodicas de estos dos grandes vagabundos celestes, los cometas Halley y Biela. Como matemáticos fueron los mayas quienes mil años antes que ninguna otra parte del mundo inventara el cero y su valor posicional, simbolo de que carecieron las grandes civilizaciones griega y romana. Precisa recordar al respecto que la numeración sumería intentó crear un simbolo y hacia el año 250 A. J. los numerales babilónicos poseían la idea del cero, pero el sistema nunca logró desarrollarse plenamente de modo que una cantidad pudiera leerse con certeza y exactitud. Con los numerales romanos ningún problema de multiplicación y división puede resolverse por carecer del cero. Los primeros del mundo antiguo en inventar el cero y darle posición exacta en los cálculos fueron los hindúes de quienes lo tomaron los arabes, que estos dieron conocer en España hacia el siglo XII.

   Si en nuestros colegios secundarios y en la Universidad hubiesen cursos de prehistoria americana, antillana y dominicana, sería menos evidente esa ignorancia que existe en nuestro presente de nuestro pasado.

   Esa misma penuria de libros de prehistoria es más resaltante aún en nuestras bibliotecas públicas y de instituciones culturales.

Este avance en los cálculos astronómicos de los Mayas se logró gracias a la utilización del cero, concepto matemático que descubrieron a principios del periodo clásico (del 292 al 906 d.C) de esta civilización.

Hoy día se sabe que gran parte de la precisión de los cálculos astronómicos logrados por los Mayas se deben también al sistema vigesimal, toda vez que era mucho más avanzado y práctico que el de sus contemporáneos, ya que ni los egipcios, griegos o romanos lograron desarrollar algo parecido.

Los mayas observaban tres distintas mediciones del año: el año sagrado de 260 días llamado tzolkin, el año de 360 días o tun y el haab o año incierto, que estaba compuesto por 365 días divididos en 18 meses de 20 días cada uno, con un mes extra de cinco días conocido como uayeb.

Por lo general, el año incierto (muchas veces denominado como el año civil) se usaba en los asuntos seculares, el tzolkin determinaba ciertos asuntos pertenecientes a las ceremonias y profecías, y el tun se empleaba para computar las fechas de la llamada "cuenta larga".

El logro más destacado del calendario maya, sin lugar a dudas, fue la "cuenta larga", también llamada la "serie inicial".

Considerado como el calendario más exacto creado en el mundo antiguo es sumamente complejo en su estructura, pues consiste en ciclos recurrentes de nueve periodos interrelacionados que permiten seguir el rastro de enormes espacios de tiempo en una forma bastante parecida a la que hoy día se emplea para computar décadas, siglos y milenios.

Al ir desenmarañando las complejidades del calendario maya los estudiosos han constatado las habilidades de los astrónomos mayas, quienes estaban conscientes de que las discrepancias aparentemente insignificantes en ciertos cómputos, podían llevar con el tiempo a fallas irreconciliables.

La medición del año tropical Maya fue de 365.2420, que comparado en el cálculo actual de 365.2422 días, se observa un error extremadamente bajo. Asimismo, calcularon la revolución sinódica promedio de Venus en 584 días, mientras que la actual es de 583.92 días.

Es muy probable que hicieran ajustes para compensar los aumentos fraccionarios en la duración del año solar (que hoy día se eliminan con la inclusión de los años bisiestos), y su error al sincronizar el ciclo de Venus con el tzolkin de 260 días y el año incierto de 365 días se eleva a un sólo día en aproximadamente seis mil años.

En otros momentos de la historia, como ya se ha mencionado, se hicieron mediciones del año que llevaron a otros resultados menos precisos, en el caso del "calendario gregoriano" -que hoy nos rige- el resultado es de 365.2425 mientras que en el "calendario juliano" fue de 365.2500 días.

Entre las correcciones de los calendarios "gregoriano" y "juliano" hay que resaltar que Nicolás Copérnico descubrió que el Sol no gira alrededor de la Tierra, lo cual influyó en la medición calendárica.

Lo sorprendente en los mayas es que aún cuando creían que la Tierra estaba en el centro del universo y que el Sol se desplazaba por la bóveda celeste, calcularon la duración del año en 365.2420, es decir, superaron la exactitud de la medida en relación con el año juliano y el gregoriano, sin telescopios ni aparatos semejantes. (Texto de Graciela Minaya tomado de La Nación, Lunes 29 de Enero de 1945)

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