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Mujer Nueva - December 23, 2005

Lecciones de las fiestas decembrinas

Lecciones de las fiestas decembrinas
Por: Liliana Esmenjaud, Colaboradora de Mujer Nueva

No cabe duda que diciembre es uno de los meses más esperados del año. Las fiestas, los árboles de Navidad, las decoraciones, el aguinaldo, los belenes, las piñatas, las pastorelas, las posadas, los regalos, los pasteles, las galletas, el ponche, las vacaciones, la familia,… todo contribuye a un ambiente de alegría, de paz, y de entusiasmo que hace a uno sentirse más cercano a los demás.

Este tiempo de mayor convivencia familiar, te ofrece una oportunidad muy conveniente para fortalecer la formación de tus hijos en varios campos:

1. La generosidad

Llega diciembre y uno se siente con ganas de dar, tanto afecto como ayuda material. No hay que dejar pasar esta ocasión de oro para ayudar a los hijos a que crezcan en esa virtud que tanto bien hace a quienes la ejercitan. ¡Qué mejor oportunidad que esta para enseñarles que no sólo hay que dar de lo que nos sobra!

Esto es muy sencillo cuando por ejemplo se llevan o recolectan víveres y juguetes para gente pobre. Lo primero que hay que hacer es ayudar a los hijos a pensar y a ponerse en los zapatos del niño que los va a recibir. ¿Qué necesita? Muchas veces será conveniente platicarles y enseñarles un poco sobre las circunstancias en las que vive la gente pobre, pues muchos de nuestros niños y jóvenes no se lo llegan a imaginar.

Acto seguido, habría que preguntarse ¿cómo le gustaría recibir el regalo? No pocos niños entregan en las colectas sus juguetes viejos, rotos, sucios, o la ropa que ya nos les queda. Una actividad divertida y muy formativa puede ser la de pedir a los hijos que arreglen, laven, planchen, envuelvan, etc. todos sus regalos, para que luzcan como nuevos, y que se acostumbren a no dar nada que no esté en las condiciones en que a ellos mismos les gustaría recibirlo. Esto les abrirá los ojos y el corazón y será una lección que podrán aplicar en muchas otras circunstancias de la vida. Si además se tiene la oportunidad de repartir estos regalos personalmente, la alegría y el entusiasmo con el que son recibidos se convierten en un buen estímulo para seguir ayudando a los demás.

Por otra parte, se dice que en el dar está el recibir. En esta época en que se dan y se reciben tantos regalos, se puede caer en hacerlo por obligación, dando sólo lo material pero olvidando lo que hace del regalo algo especial: el cariño y dedicación que van detrás de él. El regalo ha de ser una manifestación de nuestro aprecio hacia la otra persona y hemos de procurar que esto sea bien expresado. Ayuda mucho acompañarlos en la elección de los regalos para los demás. Que piensen en los gustos del otro, y que se den el tiempo para envolverlo, por ejemplo. En muchas ocasiones, es muy conveniente enseñarles a dar algo hecho por ellos y no sólo algo comprado con el dinero de su papá. Una tarjeta de Navidad, unas galletas, un dibujo, una carta… o cualquier otra cosa que les implique haber pensado en el otro y haberle dedicado algo de su tiempo.

2. La gratitud

Además de preparar y dar regalos, la Navidad es un tiempo para recibir. Aunque parezca muy obvio, es necesario enseñar a nuestros hijos a recibir adecuadamente lo que se les da.

Por una parte, muy probablemente recibirán regalos de mucha gente. Algunos les gustarán más que otros. ¡Qué buena ocasión para ayudarles a valorar más el cariño y el que hayan pensado en ellos, que el regalo en sí! Hay que ayudarles a ser agradecidos ante todo lo que reciben, sea grande, sea chico, caro, barato, bonito, o feo. Un corazón agradecido sería el mejor regalo con el que se pudiera quedar tu hijo después de esta Navidad.

El fin de año, además, es un tiempo muy propicio para fomentar esa gratitud ante todo lo que se ha vivido durante el año que termina. Gratitud por el don de la vida, por el don de la salud, por el don de la familia, por el tiempo que nos han dedicado los demás, por la educación recibida, por el cariño que se nos ha brindado, por la casa que tenemos… Es una costumbre muy sana dedicar un tiempo el último día del año a recordar todo lo bueno que se ha vivido y agradecer a quien corresponda por todos los favores recibidos.

3. La convivencia

Uno de los encantos de este mes es el tiempo del que disponemos para estar con la gente que más queremos. Es el tiempo en que las familias se reúnen. Es importante que pienses y organices muy bien el mes para que este tiempo de convivencia familiar sea lo más agradable posible para todos los miembros de tu familia. Todos la necesitan y anhelan. Cada uno está pasando por una etapa distinta en su vida. Tendrás hijos adolescentes, otros quizá más grandes, tendrás niños, y probablemente bebés. La familia es el lugar adecuado donde cada uno, sin importar su edad, encuentra lo que más necesita. Se te presenta un momento como ninguno para que todos disfruten de un ambiente de respeto en el que se sientan aceptados, acogidos, escuchados y a gusto con los demás. Aprovecha las buenas disposiciones de todos. Evita a toda costa las discusiones y peleas. Fomenta el aprecio mutuo entre todos. Busca, por ejemplo, que haya un objetivo divertido en común en el que todos puedan ayudarse mutuamente dando cada uno lo mejor de sí mismo a los demás. La decoración de la casa, la puesta del pesebre, la preparación de la cena, la organización de una pastorela y posada, la visita a comunidades pobres,… hay tantas actividades como el simple escuchar música navideña frente al árbol, que unen a la familia que sólo es cuestión de echarle ganas y encontrar la que mejor se adapte a la tuya para que todos se sientan realmente en casa.

Y tantas lecciones más que podríamos sacar… las oportunidades formativas están ahí. Sólo falta que las detectes y las aproveches. Estoy segura que tus hijos algún día te lo agradecerán. ¡Muy feliz Navidad!

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