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Buenas Noticias - December 15, 2005

Se mantiene firme la costumbre ancestral de poner el nacimiento en los hogares mexicanos

Una tradición que perdura y
que sirve para unir a las familias
 Foto: Internet

Ciudad de México.- 15 de Diciembre del 2005.- Con personas reales y animales vivos, San Francisco de Asís (1182-1226) fue el primero en montar un nacimiento, belén o pesebre, en 1223, como una representación plástica del nacimiento de Jesucristo, el hijo de Dios.

De acuerdo con datos históricos, Giovanni Bernardone, nombre real del santo conocido entre otras razones por fundar la Orden Franciscana, luego de haber cumplido esta misión se dedicó a recorrer las poblaciones de su natal Italia para predicar la palabra sagrada.

Ayudado por otros clérigos, en Greccio, pequeña localidad entre Roma y Asís, dos semanas antes de Navidad construyó una casita de paja, un portal y un pesebre en medio del bosque, en una gruta, e invitó a todos los lugareños a integrarse a la escena viviente.

Como estaba previsto, el 24 de diciembre los greccianos se dirigieron junto con los frailes, cantando y con antorchas, a la representación, con José y María, el niño Dios y los pastores, así como un buey y un burro, para darle mayor veracidad.

Según escribió Tomás de Celano, la gente volvió contenta a sus casas, llevando como recuerdo la paja, que, se cuenta, resultó ser una buena medicina para curar a los animales.

Al respecto, Lucía Victoria Hernández, profesora de Estudios Bíblicos la Universidad de Antioquía, en Colombia, la intención de San Francisco de Asís fue que los campesinos participaran en el misterio que encierra Dios hecho hombre en esa nocha de natividad.

Pronto la escena se propagó por Europa y una vez arraigada por mucho tiempo se mantuvo con nacimientos vivientes, sobre todo en los recintos religiosos, y cuando dejó de ser necesaria como instrucción para los adultos, se mantuvo a manera de decoración para acercar a los niños al nacimiento.

Con el tiempo se fueron elaborando figuras e íconos y se llevó a los hogares de los fervientes cristianos. Se cree que el primer nacimiento hecho con figuras de barro se hizo en Nápoles, Italia, a finales del siglo XV.

Posteriormente, el rey Carlos III ordenó que la representación de la Navidad (abreviatura de la palabra Natividad, que proviene de la voz latina "nativitas", que significa nacimiento) se extendiera por todos sus dominios: Italia y España.

Con la llegada de los españoles a la Nueva España, hoy México, en 1519, la primera representacin Navidad que se celebró fue en 1528, gracias a fray Pedro de Gante, en el convento de San Francisco el Grande, según el Códice Franciscano.

De Gante mismo describe cómo se preparaban cantos y rezos para los mexicanos en dicho lugar: "Hizo venir a los indios de toda la comarca y en un patio que se llenó a reventar, se cantó el himno `Ha Nacido el Redentor’".

En la escuela que De Gante fundó en Texcoco, los indígenas eran adiestrados en la elaboración de las figuras y los detalles de los nacimientos, para las procesiones que llevó a cabo durante la celebración navideña.

Las órdenes religiosas que llegaron a la Nueva España a partir del siglo XVI utilizaron la tradición del nacimiento con fines evangelizadores en estas tierras.

Salvador Novo, cronista de la Ciudad de México, escribió: "El gusto indígena por el espectáculo, la riqueza política de su imaginación y su destreza manual para las artes suntuarias" fueron elementos que la Iglesia logró acrisolar en en labor catequizante.

El principal cambio que se dio en los nacimientos europeos al llegar a México fue la transformación de los pastores de Belén, convertidos en personajes populares, tales como chinas poblanas, carboneros, aguadores y muchos otros.

Los artesanos indígenas vestían con trajes típicos las figuras que hacían para el nacimiento; los paisajes, animales nativos, árboles frutales y oficios propios de México, entre muchas otras cosas, aparecen retratados en los nacimientos artesanales.

Las aportaciones más importantes a los artesanos mexicanos a la tradición de los nacimientos fueron las figuras del guajolote y el diablito, aunque es necesario señalar que con el paso del tiempo la segunda comienza a perder fuerza.

Asimismo, los materiales utilizados para hacer las figuras comienzan a diversificarse, desde el barro hasta la madera, del oro y la plata hasta el latón, de las hojas de tamal a las fibras naturales y semillas, lo que muestra que la capacidad creativa de los artesanos mexicanos parece no tener fin.

De esta forma, se pueden admirar las delicadas y elegantes líneas de los nacimientos hechos con paja, así como los elaborados con florecitas secas de siempreviva, formando con ellas una media luna sobre la cual se dibujan los personajes tradicionales.

Si bien las fiestas de la Navidad pudieran no ser las más importantes, sí son las más populares, y no había familia, por más humilde que fuera, que no gozara de "poner el nacimiento", esa representación centenaria del misterio del nacimiento de Jesucristo.

Especialistas en el tema han señalado que a partir de 1920 los nacimientos comienzan a perder fuerza e interés, debido sobre todo a la introducción de los árboles de Navidad, por lo que su producción se concentró en Guadalajara y Guanajuato.

Hacia 1930 y 1940, mediante una revaloración de las tradiciones mexicanas, los nacimientos empiezan a convivir con los arbolitos, así como con otras tradiciones y adornos extranjeros.

Cabe destacar los "misterios" que Alberto Jiménez, de Arrasola, Oaxaca, elaborados en madera, enmarcados por un nicho como escenario de una pastorela antigua, cuyas imágenes recuerdan por sus rostros severos a las primeras tallas en madera de vírgenes sentadas del medioevao europeo.

Frente a su sobriedad, el estallido del barroquismo indigena en el barro de Metepec, Estado de México, hizo una verdadera fiesta de formas y colores surgidos de los estratos más profundos de la mexicanidad.

Con sus rubicundos arcángeles, vírgenes de mantos bordados, reyes que cabalgan en elefantes, camellos y caballos de color magenta, y donde hasta los animales del tradicional pesebre están plagados de flores y estrellas multicolores.

Entre las figuras relacionadas con este tema sobresalen por su originalidad unos seres misteriosos creados por los artífices del barro en Ameyaltepec, San Agustín de las Flores Xalitla y Tolimán, Guerrero.

En tonos cremas y ocres se encuentran estilizadas a estas criaturas aladas, altísimas y delgadas con rostros orientales de rasgados ojos que se antojan semejantes a figurillas etruscas, con sus cabezas adornadas con tocados.

La discreción en el color, la elegancia de sus esbeltas figuras y los enigmáticos rasgos de sus rostros, les confieren un incomparable atractivo a estas creaciones tan especiales en la producción artesanal del país.

Pero quizá los nacimientos que cuentan con más popularidad sean los de miniatura, modelados a mano y policromados, que se elaboran en Tlaquepaque, Jalisco.

Además de los personajes tradicionales, diminutas figurillas adoptan las de tipos populares como el globero, la taquera, vendedores de escobas, aguadores, carteros, gente comiendo, asando carne, pastores alrededor del fuego y muchos otros cotidianos.

Además, una de las características más importantes de los nacimientos que se acostumbra poner en el país es que son heredados entre generaciones dentro de las familias, por ello es difícil encontrar ahora figuras que hagan juego con los belenes viejos.

En las iglesias, los nacimientos son, en muchos casos, obras extraordinarias por su tamaño, forma y representación iconográfica, en la cual se muestra el apego al costumbrismo y el interés de los sacerdotes por dignificar una tradición que se alimenta cada año en el hogar.

Salvo algunas familias que se apegan a la tradición, es en los templos donde se conserva la costumbre de "acostar" al niño el día de su "nacimiento". Jamás lo hacen antes, como ya se ha vuelto rutina en la mayoría de los casos.

Los nacimientos son una de las tradiciones que mejor reflejan el carácter del pueblo mexicano, y por lo mismo constituyen una tradición que no debe perderse, han señalado diversos expertos en la materia.

Apenas este 11 de diciembre, el Papa Benedicto XVI, durante la misa dominical del Angelus, denunció la comercialización de la Navidad y recomendó a los fieles construir el pesebre en casa como una manera "simple y eficaz de transmitir la fe a los propios hijos".

"El pesebre nos ayuda a contemplar el misterio del amor a Dios que reveló en la pobreza y en la simplicidad de la gruta de Belén", dijo. (Notimex)

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