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Mujer Nueva - December 15, 2005

No me mates, júrame que no me matarás

No me mates, júrame que no me matarás
Por: Yuri Otaolaurruchi, Colaboradora de Mujer Nueva

Tim O’Brien escribió en 1990 “Las cosas que llevaban los hombres que lucharon”, una increíble novela sobre la supervivencia de un soldado. En el capítulo “Amigos”, Dave Jensen y Lee Strunk se hacen amigos en el campo de batalla y se confían sus vidas. Hicieron el pacto de que si uno de los dos resultaba gravemente herido –como para tener que ir en silla de ruedas–, el otro, automáticamente, se encargaría de liquidarlo. Firmaron el pacto delante de dos compañeros testigos.

En octubre, Lee Strunk pisó una granada de mortero enterrada y le arrancó la pierna derecha hasta la rodilla… Dave Jensen se acercó y se arrodilló junto a Strunk… hubo dudas acerca de si Strunk seguía vivo, pero al fin abrió los ojos y los alzó hacia Dave Jensen.

¡Dios mío! –gimió, y trató de alejarse deslizándose
¡Por Dios, chico, no me mates!. Tranquilo –dijo Jensen.
Lee Strunk parecía mareado y confundido. Se quedó quieto un instante y después hizo un gesto hacia la pierna: En realidad, no es muy grave. No es el fin. ¡Eh, en serio… pueden volver a cosérmela… en serio!
Es cierto. Me juego algo a que pueden.
¿Lo crees?
¡Por supuesto que sí!
Strunk frunció el entrecejo hacia el cielo. Volvió a desmayarse, después despertó y dijo:
¡No me mates!
No lo haré –dijo Jensen.
Hablo en serio.
Por supuesto.
Pero tienes que prometerlo. Júramelo: jura que no me matarás.
Jensen asintió y dijo:
Lo juro.
Y un momento después llevamos a Strunk al helicóptero. Jensen tendió la mano y le tocó la pierna buena: Vete tranquilo

Un estudio del Instituto de Tumores de Milán (1), (Italia) refleja que de novecientos pacientes en estado terminale en este año, sólo uno pidió que se le ayudara a morir. Y este único enfermo, cuando tuvo tratamientos paliativos que mitigaron el dolor, cambió de idea.

Ron Heagy, a los 17 años haciendo surf en la costa californiana una ola le volteó y le tiró contra el suelo, rompiéndole la nuca. Las vértebras dos, tres y cuatro resultaron dañadas irremediablemente y quedó flotando en el mar, de donde le sacó su hermano de 13 años. 26 años más tarde, a sus 43 años, asegura :“ Por falta de fe… te venden la muerte como una salida”. “¡Pero no es la mejor opción! Puedes pintar, amar, escribir, casarte, viajar…”. Actualmente Ron organiza campamentos al aire libre para ayudar a niños discapacitados y ofrece charlas, además de pintar con la boca y escribir libros (2).

“Cuando me dijeron que jamás volvería a caminar ni a mover los brazos…, me hundí. ¡Entonces sí quise morir!” reconoce el ahora optimista parapléjico. Sin embargo, “una noche, en mi cama del hospital, a oscuras, rompí a llorar. Estaba solo, porque en la cama vecina yacía Jimmy, un chico en coma desde hacía seis semanas, por un accidente de moto… Yo lloraba diciendo: ‘Quiero morir, quiero morir…’. Entonces oí una voz.. ‘¡Ron!’, oí. ¿Una alucinación? Seguí llorando. Y entonces oí: ‘Ron, yo te quiero’… Jimmy había salido de su coma y me decía que me quería… ¡Yo no había conocido el amor hasta aquel momento!”, asegura emocionado.

A partir de entonces, Ron Heagy decidió dar un nuevo giro a su existencia y apostar por la vida: “Decidí pensar en lo que podía hacer y no, en lo que no podía”. Su madre le ayudó cuando le trajo libros de una persona que pintaba con la boca. “Pero yo no soy artista”, le dijo a su madre. “¿Cómo lo sabes?”, le respondió ella. Y concentró toda su atención en la pintura. “Hoy soy artista”, asegura.

Ron Heagy asegura que su héroe es Kevin, otro tetrapléjico ejemplo de amor por la vida. “Mi héroe está paralizado de nariz para abajo, de nacimiento. ¡No puede mover ni los labios! Lo único que puede mover son los ojos, y así comunica con su madre, y con sonidos guturales. Tenía 13 años cuando les conocí, hace cuatro años: vinieron a una de mis charlas… Y aprendí mucho de Kevin”.

“Soy feliz porque estoy vivo, porque puedo amar y ser amado, porque puedo gozar de la vida a través de mis ojos”, contestó Kevin cuando Ron le preguntó el porqué de su felicidad.

Las actitudes vitalistas de Ron y Kevin son un auténtico ejemplo de valentía, desde una experiencia de amor a la vida, a pesar de tener que afrontar sendas paraplejías graves. Una lección para todos aquellos que están afanados en la práctica de la eutanasia acelerando el proceso natural de la muerte.

La Knesset (el Parlamento en Israel) ha aprobado recientemente la Ley de la Eutanasia Pasiva. Desafortunadamente existen otras naciones que ya lo vienen practicando: Bélgica, Holanda, Suiza, Colombia y el Estado norteamericano de Oregón donde se admiten ciertas formas de eutanasia. «Desde un punto de vista humano, ha sido la ley más complicada aprobada nunca por la Knesset», puntualizó el ministro de Sanidad, Danny Naveh, quien agregó que «se trata de un gran logro moral para los enfermos terminales y sus familias».

La ayuda consiste en un temporizador, colocado en el respirador del paciente, el cual regula el tiempo de ayuda artificial que se le suministra al enfermo. A las 12 horas emite una alarma para avisar que se entra en la recta final. A las 24 horas deja de funcionar y el paciente morirá poco después. El profesor Steinberg, dijo que estaba satisfecho de lo conseguido en el Parlamento israelí pues se ha llegado a la solución definitiva por consenso.

Mientras los medios de comunicación se hacen eco de las campañas en favor de la eutanasia para los enfermos terminales, en los pasillos de los hospitales no suele ser un argumento frecuente. Más bien, en estos momentos de prueba y de dolor, se aprende a valorar la vida, se aprende a sacar de uno mismo y de los seres queridos lo mejor para aprender juntos a luchar por un ideal más grande: el amor a la vida. Se aprende a servir con amor y a recibir el afecto con sencillez. Así, cuando las cortes de justicia están buscando qué argumentos dar para poder “ayudar a morir a la gente”, los mismos enfermos desde sus habitaciones están aprendiendo la lección más grande que la vida les haya podido dar: pueden amar y ser amados.

Qué grande lección de vida nos dan estas personas que han sido probadas por el dolor, ojala que todos podamos como Ron o como Kevin a disfrutar del don más grande que hemos recibido: la vida; y todos aquellos que tenemos la dicha de poseerla sepamos invertirla en la empresa más bella –e inteligente- la de vivir para amar y ser amados.

Yuri Otaolaurruchi

(1) datos del 2001, publicados en el diario italiano AVVENIRE.

(2) www.ronheagy.com

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