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Por la Espiral - December 15, 2005

La izquierda y la ortodoxia económica

En la columna del 4 de mayo de 2005 titulada: “Hilos económicos tejen panorama político”, advertimos de la posibilidad real de que América Latina se pinte de gobiernos de izquierda, aceptados por Estados Unidos, y que México no sea la excepción.
 El martes pasado,  Luis Alberto Moreno, presidente del BID, afirmó que podría continuar la oleada de gobiernos centro-izquierdistas en la región, lo que, desde su punto de vista, “no implicaría el abandono de la ortodoxia macroeconómica”.
 Las declaraciones de Moreno surgieron después de la contienda electoral del domingo pasado en Chile, para elegir presidente, y en la que los resultados arrojaron la victoria para  la candidata  socialista Michelle Bachelet, de la coalición de centro-izquierda, con una ventaja por más de un millón de votos contra Sebastián Piñera, representante de la derecha. El siguiente paso llevará a Bachelet  a enfrentar a Piñera en una segunda vuelta.
 A estas alturas del juego el pronunciamiento de Moreno es trascendental dado que la democracia en América Latina tendrá una enorme prueba de fuego en 2006, por el nutrido calendario electoral, para renovar la Presidencia de: Perú (el 9 de abril); Colombia (el 28 de mayo); México (el 2 de julio); Brasil (primero de octubre); Nicaragua (5 de noviembre); y Venezuela (entre noviembre y diciembre).
 La región experimentará un escenario influido  por el ambiente político-electoral. Algunos organismos condensan estudios acerca del panorama mundial y regional para 2006 en los que se pueden encontrar estimaciones de un menor ritmo de crecimiento para América Latina. El FMI prevé  que la región cerrará 2005 con un crecimiento  de 4.1%, no obstante,  en el año 2006 el ritmo reducirá a 3.8 por ciento.
En el caso del  BID, aunque el organismo no tiene un pronóstico oficial, a juicio de Moreno el ciclo electoral en varios países latinoamericanos “será la fuente más evidente de riesgo en el frente interno’”.
Desde mi punto de vista, no creo que una izquierda en el poder en diversos países de la región funja de fantasma atemorizante de los capitales máxime por el arraigo que el capital extranjero posee en muchas economías latinas; por el grado de avance de la globalización; sin quitar el dedo del renglón a la atenta y sigilosa mirada de la Casa Blanca y el FMI.
 ¿Asusta el ascenso de la izquierda? No. Más bien lo hacen los gobiernos con dictaduras y los  políticos mesiánicos.  La democracia puede pintarse de una amplia gama de colores, la alternancia es aceptable, y la madurez deberá conducirnos por el camino de legitimar la democracia mediante el poder de las mayorías en una segunda vuelta electoral.
A COLACIÓN
 Es de responsabilidad advertir que en 2006 América Latina podría resentir un costo económico derivado de la siguiente contaminación del ámbito de la política: 1)  Amenazas de desestabilización político partidista que provoquen desánimo electoral entre los votantes. El enrarecimiento del clima electoral desencadenaría efectos radicales,  sean mayores índices de abstencionismo o la actitud contraria.  2) Intentos de asesinato o su consumación de un candidato o varios para alterar el rumbo de los comicios. La forma en que maniobren las fuerzas internas y externas con elementos como la CIA son factores determinantes. Léase en el caso de Venezuela y el presidente Hugo Chávez, hay fuerzas externas interesadas en el fin del “chavismo” y en evitar que se altere la  corriente de la democracia en la región, ante indicios de una perpetuidad partidista o por la  exaltación de un hombre en el poder, por los años de los años. Habría que analizar con lupa, qué tanto podría desencadenarse una crisis de confianza en la región de suceder una desestabilización en Venezuela, Brasil, Colombia y México.  Destacamos a estos cuatro países por el rol  particular que desempeñan dentro de la geografía económica de América Latina: Venezuela con el petróleo; Colombia  y México lo hacen dentro de la esfera del poder de los carteles de la droga, en una compleja relación con Estados Unidos, que se maximiza en el caso de México por la ubicación territorial y el nexo supranacional del TLCAN. Y Brasil por el peso de liderazgo en América del Sur como dique principal contra el predominio estadounidense vía la integración.  3) Que durante los meses de campaña crezca la ingobernabilidad, surjan atentados contra el presidente en funciones, aparezca una desestabilización en los órganos de seguridad y un violento reacomodo de fuerzas. 4) Conflictos internos post electorales suscitados por controversias entre candidatos por la legitima apropiación del triunfo en las urnas. Diferencias minoritarias en el conteo podrían provocar severas disputas. 
GALIMATÍAS
En Iberoamérica, en 2002,  Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones presidenciales de Brasil con el Partido de los Trabajadores; en España, en julio de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero obtuvo la victoria con el PSOE; y en Uruguay,  triunfó la izquierda con Tabaré Ramón Vázquez Rosas, del Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría.
Las grandes lecciones derivadas del ascenso de la izquierda al poder son que más allá del debate ideológico, en la práctica no aplica ninguna transformación radical del monetarismo a favor del bienestar social. En México debemos asimilarlo para evitar el desencanto posterior, las fuerzas del mercado apuestan por el individualismo más que por la colectividad y eso implica que, ni hoy, ni mañana, habrá un Estado benevolente.
Miremos cuánto ha pasado en nuestro entorno. En Brasil, la llegada de Lula da Silva provocó una enorme expectación, los mercados hicieron una lambada previa a las elecciones para beneplácito de los especuladores.
En el ejercicio del poder, Lula no ha cambiado la connotación del Estado, que no es más social hoy que hace diez años.  El estrecho margen de acción de Lula descansa en su “Hambre Cero” y en el más reciente programa de intercambiar deuda externa por educación. No hay más.
Con Rodríguez Zapatero, el panorama tampoco mejora en España. Las decisiones del socialista están circunscritas a  un presupuesto limitadísimo en la Unión Europea en donde el objetivo primordial es el interés comunitario.
En Uruguay,  el presidente Vázquez Rosas enfrenta una constante caída en sus índices de popularidad porque no ha podido hacer nada a favor de los trabajadores ni de la masa social.
El corolario es que la ortodoxia macroeconómica es el eje por encima de cualquier concepción ideológica.
Agradezco sus comentarios a:claulunpalencia@yahoo.com

 

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