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Buenas Noticias - December 11, 2005

La maravillosa historia del indio Juan Diego y la dulce señora de tez morena que escogió a su pueblo

Juan Diego perteneció a
la más numerosa y baja
clase del Imperio Azteca,
 sin llegar a ser esclavo
 Foto: Cortesía BuenaPrensa.org

Ciudad de México.- 12 de Diciembre del 2005.-  El indio insistía, y eso ya le molestaba al obispo de México, Juan de Zumárraga. Era el mismo que en los últimos días había ido infinidad de veces a la curia hablando de una aparición de la Virgen en la colina, que le había pedido que se levantara un templo en su honor. El indio, Juan Diego, hacía poco que se había convertido al cristianismo. Insistía "por orden de un muchacho" que se le reveló como "la siempre virgen santa María".

El prudente obispo Zumárraga, se manifestó escéptico al relato del visitante. Pero el 12 de diciembre de 1531 había que creer o reventar. El indio se apareció nuevamente en el despacho de su Excelencia con su poncho repleto de rosas. Ya ahí la cosa cambió. Rosas milagrosas en pleno invierno.

El indio piadoso

San Juan Diego nació en 1474 en Cuauhtitlán, México. Cuando nació recibió el nombre de Cuauhtlatoatzin, que quiere decir "el que habla como águila" o "águila que habla". Juan Diego perteneció a la más numerosa y baja clase del Imperio Azteca, sin llegar a ser esclavo. Se dedicó a trabajar la tierra y poseía un terreno en el que construyó una pequeña vivienda. Contrajo matrimonio con una nativa pero no tuvo hijos.
    

Entre 1524 y 1525 se convirtió al cristianismo y fue bautizado junto a su esposa; él recibió el nombre de Juan Diego y ella el de María Lucía. Antes de su conversión, Juan Diego ya era un hombre piadoso y religioso. Era muy reservado y de carácter místico, le gustaba el silencio y solía
caminar desde su poblado hasta Tenochtitlán, a veinte kilómetros de distancia, para recibir instrucción religiosa. Su esposa falleció en 1529 y Juan Diego se fue a vivir con su tío Juan Bernardino en Tolpetlac, a sólocatorce kilómetros de la iglesia de Tlatilolco, Tenochtitlán.

Durante una de sus caminatas rumbo a Tenochtitlán, que solían durar tres horas a través de
montañas y poblados, ocurre la primera aparición de Nuestra Señora, en el lugar ahora conocido como "Capilla del Cerrito", donde la Virgen María le habló en su idioma, el náhuatl.

Juan Diego existió

A partir el siglo XVIII algunos sectores dentro de la Iglesia comenzaron a poner en duda la real existencia de Juan Diego y el origen milagroso de la imagen mariana de su tilma. En el marco del proceso de canonización del beato indio, la Congregación vaticana para las Causas de los Santos, decidió crear en 1998 una Comisión histórica para analizar su fundamento. La Comisión solicitó la cooperación de unos treinta investigadores de diversas nacionalidades que ofrecieron una contribución decisiva no sólo para justificar la historicidad de Juan Diego, sino incluso para aportar nueva luz a la historia de México. El padre González expuso los resultados de este
trabajo en un Congreso extraordinario celebrado en la Congregación Vaticana para las Causas de los Santos el 28 de octubre de 1998, obteniendo un éxito positivo en la resolución de las dudas presentadas sobre la problemática histórica.
 
Las pruebas del milagro

Juan Diego tenía cincuenta y siete años en el momento de las apariciones, una edad avanzada en un lugar y época donde la expectativa de vida masculina apenas sobrepasaba los cuarenta años. Luego del milagro de Guadalupe Juan Diego fue a vivir a un pequeño cuarto pegado a la capilla que alojaba la santa imagen, tras dejar todas sus pertenencias a su tío Juan Bernardino.

Pasó el resto de su vida dedicado a la difusión del relato de las apariciones entre la gente de su pueblo. Monseñor le había pedido a Juan Diego una prueba contundente de que lo que decía era verdad. Él se lo contó a la Señora y ésta le dijo que subiera nuevamente el cerro, que allí encontraría lo que el religioso le exigía. Y así fue. Juan Diego se encontró con una mata de resplandecientes y perfumadas rosas, que envolvió en su tilma o poncho y se las llevó al
obispo. El visitante desenvolvió el manto y de él cayeron las rosas, una flor que en pleno invierno era imposible que creciera.

Pero tras la sorpresa de las flores sobrevino la más maravillosa: en el ayate en que Juan Diego
las llevaba se veía grabada la imagen de la Virgen. El obispo se arrodilló anonadado por semejante prodigio. Colgó la capa del indio en la capilla e invitó a Juan Diego a quedarse en su casa. Juan Diego permaneció hasta su muerte como sacristán de la Virgen.

Las palabras de la Virgen
 
En la madrugada del 9 de diciembre de 1531, la Virgen se aparece por primera vez a Juan Diego. Parte de sus palabras fueron estas:
 – "Juanito, Juan Dieguito. Oye, hijo mío, Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas? Sabe y ten por seguro, mi hijo mío el más pequeño, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios, Aquel por Quien vivimos, de El Creador de personas, de El Dueño de lo que está Cerca y Junto, del Cielo y de la Tierra. Quiero mucho y deseo vivamente que en este lugar me levanten mi templo. En donde Lo mostraré, Lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto: Lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en la salvación.

"Ten por seguro que lo agradeceré mucho y lo pagaré, que por ello te he de hacer dichoso, te glorificaré y mucho merecerás que yo recompense tu fatiga y tu trabajo, con que vas a poner por obra lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño; anda, haz lo que esté de tu parte".
 
Devoción popular

La imagen se hizo sumamente popular. Para los indios, representaba la síntesis de su cultura: los colores, el rostro, las manos, la túnica, el manto, el ángel, la luna, las estrellas, todo indicaba a los indígenas que el cristianismo representaba la posibilidad concreta de llevar a cumplimiento definitivo su antigua cultura. Al mismo tiempo, la imagen tranquilizaba a los españoles, cuya preocupación mayor era la de combatir la persistencia de la idolatría: la aparición mexicana reclamaba el culto a nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura, la patria del conquistador
Hernán Cortés donde la Virgen, según la tradición, se había aparecido milagrosamente en 1330, dejando una imagen del rostro muy semejante a la Virgen del Tepeyac.
    
En 1929 el fotógrafo Alfonso Marcue González, examinando algunos negativos de fotos tomadas al ayate, descubrió una figura humana reflejada en el ojo derecho de la imagen. En 1936 el alemán Richard Kuhn (que sería Premio Nobel de Química en 1938) examina dos fibras de la tilma del indio, una roja y otra amarilla, pero no llega a descubrir ningún tipo de colorante vegetal, animal ni mineral.
    
El 12 de octubre de 1945, en ocasión del cincuentenario de la coronación, Pío XII transmite por radio a los mexicanos el mensaje "Floreció el milagro", afirmando que "en la tilma de Juan Diego, pinceles que no pertenecen a este mundo pintaron una imagen dulcísima".
    
Mario Rojas, sacerdote de la diócesis de Huejutla, estudioso de la cultura y de la lengua de los aztecas, descubrió una correlación entre las estrellas del manto de la Virgen y las del cielo en el solsticio del invierno del año 1531.
    
Juan Diego muere el 30 de mayo de 1548, a la edad de setenta y cuatro años. Amaba la Sagrada Eucaristía y, por permiso especial del obispo, recibía la Comunión tres veces por semana, algo completamente inusual en aquellos tiempos. Su Santidad Juan Pablo II alabó en Juan Diego su simple fe enriquecida por la catequesis y lo definió (a aquél que le dijo a la Santísima Virgen: "soy sólo un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda..") como un modelo de humildad para todos nosotros.

Si bien desde tiempo muy antiguo los mexicanos lo consideran santo, Juan Diego fue beatificado por Juan Pablo II en 1990. El estudio y la comprensión del acontecimiento guadalupano, sucedido ya hace cuatrocientos setenta y cuatro años, es y será siempre una gran noticia; mientras más se le analiza y examina, más se maravilla el investigador ante los aspectos sobrenaturales del mismo. (Fuente: BuenaPrensa.org)

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